Visita pastoral de Mons. Minde

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15 de julio, Ushetu, Tanzania.

Será que por los años uno se olvida, o uno se cansa más, pero puedo decir que la semana de la visita pastoral del obispo ha sido la semana que más me he cansando en toda mi vida… y creo no exagerar. La primer semana de julio tuvimos la vista pastoral del obispo de nuestra diócesis, Mons. Ludovick Joseph Minde. No ha dejado de ser una bendición, o mejor dicho, por haber sido una semana de mucho trabajo, y cansancio, es que ha sido una semana de bendiciones divinas.

Nuestro obispo ha podido hacer la visita pastoral a diez de las veintitrés parroquias de su diócesis, y es por eso que nos sentimos agraciados. El obispo quería recorrer toda la parroquia, y podemos decir que ha sido como una misión en la parroquia entera. Esta parroquia está en los confines de la diócesis, y nos hemos dado el gusto de llegar a los extremos de la parroquia, a las últimas aldeas, y el obispo se sentía muy contento por eso.

Comenzamos con una misa en el centro parroquial el domingo 2 de julio, y se concluyó con otra el domingo siguiente, 9 de julio. Entre la semana visitamos cada día un centro diferente, y alguna aldea más de cada centro. En principio Monseñor quería que tuviéramos tres Misas diarias, pero le aconsejé que no, sobre todo por las distancias. Creo que estuvimos acertados, y el obispo agradeció por ello.

No voy a contar de cada visita porque sería muy largo, sino que quiero destacar algunas cosas en particular de esta gran semana. Una de las cosas que quiero contarles es el horario que tuvimos, que fue muy intenso. Nos levantábamos a las 5:30 am, a las 6:00 am adoración en silencio media hora, y luego rosario de la Misericordia, rosario de la Virgen María, y bendición. Uno de los sacerdotes celebraba la misa para gente de aquí. Después de tomar el desayuno se salía a la visita pastoral. Generalmente yo me adelantaba para poder ver los preparativos en las aldeas y llevando las cosas de sacristía y audio. Un rato después salía el auto del obispo y el de las hermanas, llevando a los padres, hermanas, postulantes y monaguillos.

Al llegar a la aldea, la gente estaba esperando, había mucha alegría de recibir por primera vez al obispo. Luego de breves saludos se entraba cantando en la capilla, y allí Mons. se arrodillaba e invitaba a rezar en silencio.

Acto seguido, confesiones. El obispo se ponía a confesar, y dos sacerdotes. Mientras otro ayudaba a los preparativos de la liturgia. Generalmente se confesaban todos… se confesaba hasta que se acabara la fila. Entonces se comenzaba la Misa inmediatamente.

Las Misas duraban tres horas por lo general, por varios motivos. Entre ellos, es que se cantaba mucho, que el obispo predicaba bien largo, como en una misión popular, y finalmente toda la gente pasaba, uno por uno, a darle la mano al obispo. ¡En una aldea contamos 500 niños que pasaron a saludarlo! Finalmente, como es costumbre, se dicen unas palabras, y luego la bendición final. Entonces pasábamos a la comida.

Inmediatamente, y algunas veces comiendo bastante rápido, en quince minutos, partíamos para la segunda aldea del día. Muchas veces el obispo pensaba que nos esperarían algunas poquitas personas, y en todas partes encontramos verdaderas multitudes. Se mostró admirado por esto. En las aldeas más lejanas se notaba la sencillez y la pobreza, pero todo muy preparado, y mucha alegría y generosidad por parte de todos. Nuevamente nos poníamos a confesar, luego la misa, sermón largo, muchos cantos, darle la mano al obispo, las palabras finales, y otra vez a comer… Cuando queríamos ver, estábamos regresando de noche. Todos los días llegamos de noche a nuestra casa. Me hizo pensar tantas veces en el trabajo apostólico de Nuestro señor y sus apóstoles, que sería tan intenso, que “no tenían ni tiempo para comer”, y se trataba de grandes multitudes, de muchos enfermos que curar, de viajes a pié…

En nuestro caso, llegar a la parroquia, luego de una ducha, Mons. Minde entraba en la capilla y rezaba con el seminarista por espacio de una hora… cantaban los salmos, cantos a la Virgen. Admirable realmente. Después de todo esto nos encontrábamos para la cena todos los padres, el obispo y el seminarista Daniel. Compartíamos la cena en un ambiente muy distendido y amigable. Se conversaba en serio, y también se bromeaba. Esta fue una de las cosas que le agradecimos el último día, esa caridad fraterna de la que pudimos gozar.

Hubieron misas en aldeas pequeñas, les decía. Una de ellas, me pareció que tocó especialmente al obispo, por varios comentarios que hizo, y por el sermón. Estábamos muy cansados, pero mostró su alegría al estar rezando con esta gente, debajo de un gran árbol de mangos, y cerca de sus casas… en medio de sus hogares, en un verdadero clima de familia. Comenzó citando el salmo 133: “¡Mira que es bueno y da gusto que los hermanos convivan juntos! Como ungüento fino en la cabeza, que va bajando por la barba, que baja por la barba de Aarón, hasta la orla de sus vestidos.”

En otra Misa en un extremo de la parroquia, en una aldea muy pequeña, había una multitud de personas. Habían venido hasta los paganos, protestantes y musulmanes. Habían venido los líderes de otras religiones también. Y allí monseñor decía en el sermón que estaba contento de que allí los padres hemos comenzado a construir una casita para los sacerdotes, para mejorar la atención en esa zona. Porque si no hacemos así, esos lugares quedarán totalmente abandonados… y esa gente volvería al paganismo. Sería una gran desgracia para ellos, quedar abandonados a las tinieblas de las supersticiones, brujos y curanderos.

Una de las noches, cuando nos sentamos en los sillones antes de cenar, nos decía: “esta parroquia es como una diócesis, es muy grande y hay mucha gente”. En todo momento se refirió a que deberían ser tres parroquias, pero como no tenemos sacerdotes, no se pueden dividir todavía. Él quiere que sean atendidas por nuestro instituto, porque afirmaba que siempre una congregación religiosa trasmite su espíritu a una parroquia. Que sería bueno que las parroquias vecinas tuvieran el mismo carisma, y que de esa manera se podrían ayudar entre los misioneros. Ponemos en las oraciones el que Dios nos envíe más sacerdotes, y así poder mejorar la atención a este gran territorio, tan sediento de la predicación.

Fue muy satisfactorio escucharle decir varias veces en público, que estaba contento de ver que era una parroquia en la que se reza, que se tiene devoción a la Eucaristía, donde hay devoción a la Virgen, y donde la gente le gusta confesarse, y se confiesa muy seguido. En la reunión final con los sacerdotes, antes de la Misa de clausura, nos felicitó por el Sentire cum Ecclesia, y Sentire cum Diócesis (no sé si se escribirá así)… pero que estaba muy contento de encontrar misioneros que participan en todo con la diócesis y la iglesia.

Entre otros números de esta semana podemos destacar estos dos: primero, que el obispo recorrió dentro de nuestra parroquia nada menos que 391 km; y en esta semana se repartieron más de 2.200 comuniones. Tal vez si uno hace comparaciones, puede tomar la dimensión de esto… ¿hasta dónde llegamos si hacemos 391 km? Y todo eso lo recorrimos en una semana dentro de los límites de nuestro territorio de misión. Y 2.200 comuniones, ¿en cuánto tiempo se dan en una parroquia? Pensemos además en la cantidad de gente, ya que nunca llega a un tercio los que pueden comulgar. Realmente fue una gran semana.

Fue una semana de grandísimas bendiciones en toda nuestra diócesis de Ushetu… perdón, parroquia de Ushetu… o parroquión. Todo fue grande esta semana que pasó. Seguimos recuperándonos, y preparándonos a la misión Popular en Kangeme, la primer misión popular que haremos en tierras tanzanas.

Dios los bendiga.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.