Una gota más en el mar

En Uncategorized

Ushetu, Tanzania, 3 de febrero de 2018.

Al comenzar un nuevo año, ya casi el primer mes se nos va de las manos, tengo mucho que agradecer a Dios del año que pasó. Pensaba en esto al recordar que no les había contado de la clausura del año lectivo de la escuelita de las hermanas: “María Stella Matutina”, es decir, María Estrella (o lucero) de la mañana. Esta escuelita comenzó el 21 de enero de 2013, y está cumpliendo cinco años. Ya cuenta con jardín de infantes, y primaria hasta cuarto grado, en este ciclo 2018. Es muy grande el esfuerzo que han realizado todas las hermanas, comenzando con la construcción de todos los edificios, y luego establecer una escuela, con un cuerpo de profesores y trabajadores, y un ideal de educación cristiana, que es lo más importante.

El año pasado, en diciembre, tuvimos la clausura del año, con Misa, y luego el acto en una de las aulas de la escuela. Allí los niños y los profesores pudieron enorgullecerse de los avances de los alumnos. Se hicieron bailes, recitados, representaciones en ingles, y finalmente se entregaron las notas, se hicieron los discursos, y entrega de premios.

Destaco como una nota alegre el hecho de que como no hay propiamente egresados, ya que los más grandes pasaban a cuarto grado, los “egresados” eran los que terminaban el jardín para pasar a la primaria… ¡todo un acontecimiento! Así que pasaron para recibir el sombrero de egresado… que fue realmente divertido para mí entregarlo con toda solemnidad.

Pero como les escribo esto a fines de enero, tengo que contarles que ya han comenzado el nuevo año lectivo 2018. Durante las vacaciones las hermanas siguieron construyendo aulas, y todavía siguen en eso. Es un gran trabajo. Gracias a Dios este año ya hay más de ochenta niños inscriptos. Es una gracia muy grande. También se han sumado nuevos maestros y todo va tomando dimensiones más grandes. Es verdad que si se compara a la gran cantidad de niños que viven en la parroquia, es un número pequeño, pero para nosotros y sobre todo para las hermanas, no es poca cosa. Sobre todo porque el trabajo que se está haciendo es muy bueno, y los chicos y las familias que reciben esta educación, están muy contentos y se notan los progresos. Pero sobre todo la alegría es porque cada alma tiene un valor infinito, y por cada uno murió Dios en la cruz. Hay que hacer todo esto tanto por miles como por decenas, o unidades.


Se está haciendo un gran esfuerzo para hacer que la escuela cada día les cueste menos a los papás, es decir que puedan colaborar con la escuela, pero en la medida de lo que pueden, porque estamos en una de las parroquias más pobres de la diócesis. La gente muchas veces deja de enviar a sus niños sólo por el costo, o porque se imaginan que cuesta mucho. Sin embargo desde hace un tiempo las hermanas bajaron mucho el aporte, tanto que ya el segundo hermano sólo paga la mitad, y del tercero en adelante es gratis. Esto sin contar que muchos pagan con trabajo, haciendo viajes de piedras o arena con sus carretas de bueyes, para la construcción, o bien aportando maíz y cosas por el estilo. Como verán, todo se hace con mucho esfuerzo, y poder pagar a los maestros cada mes, es todo un desafío. Y si el número aumenta, cada año más aulas, más maestros, y más alumnos… Se mira el futuro con gran confianza en la Providencia.
Pero esto es así, y así debe ser. Debemos pensar en que esta gente es pobre, pero también generosa, porque no le niegan a Dios en tener familias grandes y numerosas, a pesar de que la mayoría son pequeños agricultores. Pero ellos confían en que nunca les faltará lo necesario. Nosotros debemos ayudarles a que sigan siendo generosos, y que puedan darles una educación cristiana a sus hijos.


A esto se dedican mucho las hermanas, con mucho esfuerzo, y con preocupaciones, y dolores de cabeza. Pero no deja de premiar Dios, interiormente por supuesto, que es lo que más vale.
Nosotros sabemos que es casi imposible llegar a todos los niños de nuestra parroquia, que es tan grande. Tenemos más de 80.000 habitantes, de los cuales la mayoría son niños. Tenemos 53 aldeas, algunas de ellas a cuarenta kilómetros de distancia. Es imposible que vengan a nuestra escuelita. Dios quiera que en un futuro se pudiera ofrecer un albergue para los chicos de más lejos, y que se puedan multiplicar escuelas en los puntos extremos de la parroquia, en los lugares más pobres. Dios dirá si será posible, Él dirá si lo llegaremos a ver… de nuestra parte, el deber de hacer lo mejor que podemos, y darlo todo.


Somos una gota de agua en el mar de Ushetu, pero sin esta gota, “el mar tendría una gota menos”, como decía la Madre Teresa de Calcuta.
¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE