Un merecido premio

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Mwanza, Tanzania, 15 de enero de 2018

Espero que todos estén muy bien. Les escribo desde Mwanza porque hemos venido junto con los padres Jaime y Víctor a esperar al P. Carlos Ferrero, IVE, que nos predicará Ejercicios Espirituales esta semana a los sacerdotes. El P. Carlos es misionero en Chipre, pero también tiene una gran experiencia misionera en Perú, Sudán, y Kenia, entre otros lugares.

Mi intención es contarles ahora un poco de un hermoso viaje que pudimos hacer con los monaguillos de la parroquia. Ellos son muchos, y no podemos darles este premio a todos, así que estos seis chicos fueron los que hicieron más méritos durante todo el año 2017. Nosotros tenemos en el centro parroquial una lista de unos treinta acólitos, pero no todos asisten tan regularmente a las Misas y las reuniones, pero un buen número sí lo hacen. Además debemos sumar a los que son de otras aldeas. En el campamento de monaguillos de la parroquia tuvimos ciento ocho, como les conté hace pocos días.

Estos chicos que pudieron ir, más otros que hicieron otro viaje de cinco días a la ciudad de Kagongwa, para un encuentro diocesano de niños, son los más fieles en asistir a Misa, incluso entre semana. Es decir, vienen casi todos los días, aún en vacaciones, a ayudar en Misa. Los días sábados llegan a las 5:30 am, para hacer adoración, y para poder lavar sus albas luego de la Misa, y de esa manera tener un lugar para acolitar el domingo o poder acompañar a los padres a las aldeas. Vienen muy temprano, hacen adoración y rezan el rosario, ayudan en Misa. La gran mayoría ha recibido la comunión y comulgan casi a diario. Han estado en los trabajos más duros del año que pasó, en las fiestas, y sobre todo en los arduos días de la visita pastoral del obispo, participando de dos Misas diarias, cada una de ellas de más de tres horas de duración.

En resumidas palabras, un merecido premio. Este viaje lo hemos podido hacer gracias a la ayuda de amigos de España, sino sería imposible. A ellos van nuestros agradecimientos, y por ellos las oraciones de estos chicos.

La idea era poder pasar por la ciudad de Mwanza, y que puedan conocer un poco allí. Y terminar el viaje con la visita al Parque Nacional Serengeti. Todo esto tratamos de ir haciéndolo de modo “gasolero”, llevando comida, comiendo frutas, cocinando nosotros mismos, pidiendo alojamiento en algunas parroquias, etc. Fueron días muy alegres, y donde vemos que los chicos han aprendido el modo de viajar, rotándose en los lugares, sin pelear, ayudando en el servicio y cocina, y ordenando y limpiando todo… Sin excluir los momentos de oración, durante el viaje, con cantos, la Santa Misa, las oraciones de la mañana y de la noche, bendición de la comida, acción de gracias. Es algo muy bueno, realmente “una escuela de vida”. Por muchos momentos me acordaba de los alegres viajes con los Seminaristas Menores de San Rafael… ¡gloriosos tiempos!

En la vista en Mwanza se destacó el paso por el “shoping” o “mall”. Es un edificio nuevo, y realmente despertaba la admiración de nuestros muchachos, que nunca habían visto una escalera mecánica (ahora no funcionaban) ni un ascensor. Esquivando un poco los controles y retos de los guardias, pudimos entrar en grupos de a tres en el ascensor con paredes de vidrio. ¡Realmente parecía como si se subieran a una montaña rusa! Fueron muy divertidas las fotos y anécdotas en este lugar.

Por la tarde, ¡a disfrutar del Lago Victoria! Otra oportunidad única… muchos de ellos era la primera vez que veían tanta agua, y mucho más la posibilidad de bañarse y jugar. Uno de los chicos, Gerard, el más pequeño del grupo, entró al agua cuando llegamos, le costó tomar confianza, pero luego no salió por las tres horas que estuvimos allí.

Al otro día llegamos a la parroquia de Mwanangi, donde nos alojó el padre diocesano. Fue muy generoso con nosotros. Nos dio un muy lindo lugar para los chicos, y tuvimos toda la libertad para cocinar nosotros mismos. La primer actividad que hicimos fue salir a buscar donde vendían pescado fresco. Otra gran cosa que esperan los chicos. Comer pescado fresco es casi imposible en Ushetu, o mejor dicho, es imposible. El P. Victor cocinó con ellos, y se vieron realmente felices. Por la tarde el día terminaba con la ida a la playa en un pueblito cercano. Nos acompañaba uno de los postulantes, Mikael, para ayudarnos en la asistencia de los chicos.

Al llegar a la playa, nos pasó como en el viaje anterior, se juntó una multitud de curiosos que venían a ver qué hacíamos. Sobre todo fue una multitud de niños. Nuestros muchachos se dirigieron sin la menor pérdida de tiempo hacia el agua. Y los otros niños los miraban, y nos miraban a nosotros los sacerdotes… “Wazungu”.

Nos pusimos a tomar unos mates dentro del auto con el P. Víctor, mientras Mikael jugaba a la pelota con los chicos del lugar en la playa. Vinieron unas niñas a quejarse que a ellas no las dejaban jugar al fútbol. Así que por suerte teníamos otra pelota en el auto y se la dimos, ¡hubieran visto la felicidad con la que salieron corriendo! Comenzaron a jugar un juego y otro, y terminaron… jugando al fútbol. Era gracioso como muchas niñas muy despiertas respondían a las preguntas que les hacíamos. Algunas eran católicas, otras no, y la mayoría ignorante de las cosas de la religión. Se hizo una pequeña catequesis, y pensábamos en lo bueno que sería poder brindarles algunas catequesis, entre juegos. Nos despedimos de todos ellos, con la promesa de volver alguna otra vez.

Finalmente llegó el día esperado, la visita al parque Serengeti. Es un lugar maravilloso, donde se aprecia la grandeza de la Creación, el orden, y la perfección… la generosidad de Dios y su poder. Nosotros vamos todos amontonados en la camioneta, acompañados de un guía. Por gracia de Dios este año no nos quedamos empantanados, algunos recordarán aquella crónica de hace algunos años.

Pudimos ver gran cantidad de animales, y sobre todo los “difíciles”, como los leones, leopardos, cocodrilos, etc. Es un gozo poder llevarlos, porque realmente se trata de una maravilla de la tierra de ellos, y que los mismos tanzaneses no pueden gozar. Es casi exclusivo para el turismo extranjero, porque generalmente es caro. Vimos muy poca gente local.

En el momento del almuerzo destacábamos en medio de una gran cantidad de mesas sólo con turistas europeos. Me dio alegría que se les pueda dar esta oportunidad a los chicos… y hacerlo sencillamente, tanto que el almuerzo sólo consistió en algunas galletas, mangos y bananas.

Ya nos estábamos yendo y habíamos podido ver casi todos los animales más admirables, incluso vimos más de treinta jirafas, más de diez leones, pero los elefantes no los habíamos podido ver de cerca… Ya íbamos manejando para salir del parque, y le hicimos una oración a la Virgen, un “Acordáos…”, para que tenga este detalle con sus hijos, y no pudo fallar. Faltando quince kilómetros para salir del parque, nos encontramos con una manada inmensa, y junto al camino. Eran tantos que no los podíamos contar. Pensamos que habían más de cuarenta o cincuenta. Fueron los últimos animales que vimos.

Al día siguiente emprendimos el regreso de más de diez horas de viaje hasta Ushetu. No hace falta que les cuente de la felicidad, y del agradecimiento que tienen los chicos. Damos gracias a Dios por este merecido premio, gracias a los que por su generosidad son instrumentos de esa bondad divina para con estos chicos. Muchos de ellos son monaguillos desde hace más de cuatro años, y en gran número quieren ser sacerdotes y misioneros. Les encomiendo oraciones por ellos.

Dios los bendiga.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE