Un día fantástico en Lughela

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La Finca de Ushetu, Tanzania, 10 de junio de 2019

La verdad que pusimos a prueba de resistencia física al provincial en los días que estuvo con nosotros. Luego de la subida a Irondo, la caminata a Mjimwema, la visita a Namba Moja, nos quedaba la última “prueba”: la visita a la aldea de Lughela, ida y vuelta caminando. No es tan lejos, pero tampoco es a la vuelta de la esquina. Digamos más exactamente, cuatro kilómetros… un total de ocho entre ida y vuelta. Además del calor del día, el camino con sus irregularidades, y toda la actividad que nos esperaba en el lugar.

La aldea de Lughela es relativamente nueva. Antes era un jumuiya (grupo de familias) de nuestra aldea, pero como quedaba un poco lejos, no venía casi nadie hasta nuestra iglesia parroquial. Cada vez que pasábamos por allí en moto con el catequista Filipo, camino hacia Kanyenye, me decía que “en esta aldea la mayoría son paganos”. Cosa que se podía comprobar al pasar nomás, porque los niños se espantaban, y si se los saludaba con el tradicional “¡Alabado sea Jesucristo!”, no sabían responder. La gente grande tampoco respondía, y miraba con desconfianza. Allí nos dijimos con Filipo que debíamos comenzar una aldea.

Quien se ofreció fue el mismo Filipo, y allí partía cada domingo, de apostolado. Las hermanas comenzaron a ayudar, yendo a rezar con la gente los días miércoles, que es otro de los días en que se congregan en las casas de los feligreses, cambiando de casa por turnos. Después de un tiempo de rezar los domingos debajo de un árbol, estuvieron listos como para comenzar una comunidad, pues ya se trataba de un grupo considerable.

Se transformó en una capilla, pero sin edificio. Es decir, estaban los fieles que se juntaban a rezar y se les dio status de capilla (aldea). Gracias a unos donantes, pudimos ayudarles a comprar un poco de terreno. El año pasado, para el 26 de mayo, día de San Felipe Neri, pude celebrar mi primera misa allí, y en esa ocasión debajo de unos toldos, se congregó mucha gente. Después de la misa bendijimos el terreno.

La Providencia trajo hasta nosotros quienes con mucha generosidad nos ayudan ahora a edificar una iglesia. Y por eso, luego de un año en que sólo contábamos con un terreno sin nada, ahora regresábamos, para celebrar la misa del patrono, San Felipe Neri, en una iglesia techada. Los trabajos siguen y la iglesia va a quedar completa y muy hermosa. Pero ya esta fiesta fue un regocijo al ver tantos frutos, tanta gente, en un lugar donde hace un par de años, casi que no contábamos con cristianos. La gente está muy agradecida por todo lo que se hace por ellos.

En esta ocasión, nuestro plan era llevar una imagen de la Virgen María que habíamos traído de Egipto. Salimos desde la parroquia, portando la imagen en un anda, con un puñadito de personas: cinco monaguillos, dos novicios, una hermana y dos postulantes, Filipo y alguno más…. Y el P. Gabriel Romanelli, nuestro provincial. Entre cantos y misterios del rosario nos fuimos turnando para llevar la imagen. En la montaña que está en la entrada del pueblo nos esperaban todos los fieles. Fue una alegría impresionante encontrarse con esta cantidad de gente. Los niños salieron al encuentro de la imagen de la Virgen, cantando y saltando. Tendrían que ver los videos para darse una idea de lo exultantes que estaban todos.

Entramos en el pueblo en una larga procesión, muy festiva y devota a la vez. La gente miraba el paso de esta multitud, jamás vista por estos lados, cantando y rezando. También habían venido para acompañar los feligreses de la aldea vecina de Kanyenye. Nos dirigimos a la iglesia, que aunque no está terminada aún, ya resalta como una de las más grandes construcciones del pueblo… es verdad que entre gente tan humilde, no hace falta mucho para lograr esto. Pero esto hace que ellos mismos se sientan muy orgullosos de “su” capilla. En la construcción de esta iglesia, tal vez recordarán ustedes, estuvieron trabajando los voluntarios chinos, haciendo bloques de cemento durante dos semanas, y luego en la construcción. La gente está muy edificada también por el buen ejemplo de otros cristianos de lugares tan lejanos que desean ayudar desinteresadamente.

Como ya se había hecho tarde, debido a la caminata, luego de un rato de confesiones, comenzamos la Santa Misa. Había gente hasta afuera de la iglesia, que es bastante grande. Calculamos que han participado más de 250 personas. Después de la misa le hicieron regalos al P. Gabriel, agradeciendo por la visita y por la imagen de la Virgen. Había un gran ambiente de familia, y realmente fue muy divertido el fogón, los cantos y los regalos. Hubo comida para todos, como es tradición en África.

En cuanto pudimos, comenzamos a caminar, sabiendo que nos faltaban los cuatro kilómetros de regreso a casa. Fue muy bueno poder volver caminando, ya que podemos comprobar el sacrificio que ellos hacen tantas veces, cuando deben ir a la parroquia. Lo mismo que las hermanas, cada semana, cuando van hasta Lughela para rezar con ellos. Gracias a esas visitas, ahora todos los niños del camino nos saludan, responden… ¡Por siempre sea alabado!, y nos acompañan en la caminata con gusto.

Fue un día fantástico. Gracias padre Gabriel por su visita… y por la paciencia que ha tenido para ir de acá para allá, para ver y gustar un poco más de la vida en nuestra misión. Dejaré para más adelante, cuando acabemos la construcción y podamos hacer la bendición de la iglesia, el contarles un poco más sobre quiénes nos ayudaron para que este sueño sea realidad.

Dios los bendiga.

¡Sigan rezando por nuestra misión Ad gentes!

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.