“Que a todos quieran ayudar”

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Ushetu, Tanzania, lunes 18 de diciembre de 2017.

A medida que han ido pasando los años, las actividades parroquiales se han incrementado, y en general todas las actividades en la misión, sumando la casa de formación. Lo notamos los misioneros muy claramente. A veces me sorprende que ya no puedo escribir crónicas como antes, sino con mucho esfuerzo, y de a ratos, mientras atiendo otras cosas, o al terminar todas las actividades, por la noche. Por otro lado, basta que se me pase una semana sin escribir, para que se junten muchas cosas para contarles, como en este caso.

 

Hay cosas que son muy cotidianas, pero pienso que vale la pena contarlas, por varios motivos. Primero, porque pueden ver claramente como es la vida de la misión; y en segundo lugar, porque el día de mañana, tal vez sirvan estas cónicas para recordar cómo fueron los inicios… cosa que siempre hace bien, por la experiencia, para aprender del pasado.

 

La semana pasada, al terminar un día de trabajo, me dispuse a salir a caminar un poco, para tomar aire, despejarme y hacer un poco de ejercicio. Esto no tiene nada de extraño. Pero sí me llamó muchísimo la atención el paisaje al caer la tarde… un muy lindo atardecer, con el aire fresco, ya que estamos en tiempo de lluvias, el color verde dominando todo… Se veían las colinas que se sucedían hacia el poniente, con su vegetación abundante. Los campos cultivados con su belleza propia, el de la naturaleza, pero perfeccionada con el trabajo del hombre… Al tiempo que caminaba, saludaban desde las casas con el tradicional “¡Karibu, padre, nyumbani!”, “¡Bienvenido a la casa, padre!”. Un niño de unos seis años, muy pequeño, sentado mirando pastar su rebaño de chivos y vacas, saluda tímidamente, pero sabiendo quien soy.

Y así fue casi todo el recorrido… en un momento me encuentro en uno de esos senderos entre la foresta con el líder de la aldea, Teodori, quien venia del trabajo del campo, machete en mano y ropa de fajina. Intercambiamos unas palabras y seguimos cada uno su camino. Mas adelante venían algunos niños llevando sus rebaños de regreso a la casa, para llegar antes de la noche, me encontré con dos o tres grupos de ellos. Otros niños que venían con sus padres regresando desde la “shamba” (chacra o campo cultivado). Todos saludando con el “Tumsifu Yesu Kristo!” “Alabado sea Jesucristo!”… Como les decía, es algo tan simple y cotidiano, pero que nos pinta realmente el lugar donde se encuentra nuestra misión, con gente de campo y vida tan sencilla, apartados de la ciudad, y con gente que se conoce y nos conoce… nuestros vecinos. Aquí el sacerdote misionero es conocido, y puede hacer mucho bien tan solo con el saludo, con estar y vivir aquí.

Este paseo me trajo mucha alegría, al ver los paisajes, disfrutar el aire fresco, y saludar a tantos feligreses que se alegraban de ver al padre caminando por sus campos. Y me hizo pensar en lo sencillo de lo que nos rodea, y que tantas veces no apreciamos. Esto lo tengo al alcance de la mano, no me cuesta nada… saber disfrutar lo que Dios nos concede. Cuantas veces estamos rodeados de estas cosas, y no las percibimos, estamos tan distraídos. Bastaría un mínimo de silencio y reflexión para verlo. Lo que pasa es que siempre tenemos tanto trabajo, estamos corriendo, y terminamos tan cansados… Y no vemos lo que nos regala Dios a diario.

Al día siguiente me tocó estar en la oficina parroquial. Los feligreses comienzan a llegar desde temprano, a veces durante la Santa Misa, así que al terminar el desayuno ya hay una buena fila esperando. En este tiempo en que ya hemos llegado al fin de año, mucha gente no tiene lo suficiente para sus necesidades, ya que el año que pasó fue muy duro, de una sequía muy fuerte. Todos los años para esta época vienen a pedir ayuda, porque si bien ya está lloviendo y mucho (gracias a Dios), sin embargo todavía no está la nueva cosecha, hay que esperar, y la comida “se ha acabado hace rato”, o “no hay dinero para el fertilizante para tener una buena cosecha este año”, etc., etc. Así pues que gran parte de las conversaciones se trata de pedidos de ayuda. La gente de aquí es muy respetuosa, y te dice que va a devolver, que es por un tiempo, y otros etcéteras más. En fin que hay que ayudar, y tratamos de ayudar a todos, especialmente a quienes tenemos más cerca, como los catequistas, los empleados, la señora que nos hace los “chapati” para el desayuno… y hasta a algunos desconocidos. Hubieron otros que venían por algunas consultas de pastoral o espirituales.

Y finalmente me pidieron que si podíamos llevar en el auto de la parroquia a una señora al hospital de Mbika, porque seguía muy mal. Una viejita a la cual le había dado el día anterior la unción de los enfermos y la comunión. La llevamos cerca del mediodía. Al llegar al hospital, pude ver que en la sala de internación había mucha gente. Un catequista había traído a un sobrinito suyo, y me decía que en algunas camas dormían dos enfermos. Allí los dejé y me agradecieron mucho. Cerca de las tres de la tarde me llaman para avisarme que la abuela, Modesta, había fallecido. El funeral sería al día siguiente, y pedían Misa, ya que son católicos practicantes, y además la abuela era miembro del grupo del Sagrado Corazón de Jesús.

Al ver lo variado del día y de los tipos de ayuda que nos piden, pensaba en lo que es la vida de los sacerdotes y misioneros en general. Creo que a todos les debe pasar. Todos los sacerdotes, especialmente los párrocos, son constantemente buscados, para pedirles ayuda, ayuda material o espiritual… el sacerdote dispuesto a dar su tiempo, a dar un consejo, visitar un enfermo, llevar los sacramentos a quien lo necesite, dar charlas y sermones, dirección espiritual, juegos con los niños, visitar a una familia, y dar consuelo a quien ha perdido un ser querido…

Se me vienen a la mente las palabras que San Ignacio pone en boca del Sumo y Eterno Capitán de los buenos: “Que a todos quieran ayudar”, les manda. Es el plan para los que quieren militar bajo su bandera, gente de toda condición. Bellísimas palabras, todo un programa de vida sacerdotal y misionera… un buen resumen de lo que debe ser la vida cristiana.

Creo que por ahora es demasiado lo que he escrito… y todavía tengo mucho para contarles. Por ahora les mando esto, y en pocos días tendrán más noticias de Ushetu.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.