Testimonio eucarístico

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Ushetu, Tanzania, 27 de junio de 2017

El mes de Junio nos regocija con grandes fiestas, a todos los cristianos. Pero puedo decirles que en mi caso particular he aprendido a vivir de otra manera estas solemnidades de junio en la misión, tal vez por ser una misión tan especial, en gran parte de primera evangelización, y por otro de un gran fervor floreciente.

Puedo agregar, como recordábamos con los otros misioneros, que este año “no pasó nada raro”. Los años anteriores estas fiestas estuvieron marcadas por algún accidente, alguna dificultad, alguna víbora por aquí y otra por allá… este año, damos gracias especialmente por las gracias recibidas, y por vuestras oraciones, que todo estuvo muy calmo.

Cada año es mejor la celebración del Corpus Christi. Este año pudimos hacer dos procesiones en la parroquia, una en Nyamilangano, como el año pasado, y otra en la aldea de Mbika. Fue una nueva experiencia, ya que trasladamos la fiesta a la aldea vecina, que nunca había tenido esta celebración allí. Y nos alegramos del éxito de esta decisión. Le hizo mucho bien a la gente de esa aldea, ya que se prepararon y trabajaron mucho, con muchas reuniones de líderes, ensayos del coro, etc. Y le hizo mucho bien a la gente de nuestra iglesia mayor ir a otro lugar, conocer otra capilla, y ver el esfuerzo que hacen otros para venir cada dos por tres a participar de las ceremonias aquí en la iglesia parroquial. En la aldea de Nyamilangano estuvo el P. Víctor Guamán, y también nos decía que fue impresionante la celebración y participación… en todos los aspectos, en la cantidad de gente, en la calidad de la ceremonia, en los festejos.

La aldea de Mbika, como ya les he contado otras veces, está muy cerca, a unos cuatro kilómetros. Es una aldea que tiene mucha vida, ha mejorado mucho gracias al catequista Emily y a los líderes. Ellos han trabajado para mejorar el templo, pintarlo, hacer un altar de piedras, ambón, presbiterio, poner cemento en el piso, y hacer bancos nuevos… Todo con colaboración de los mismos fieles, y alguna ayuda de la parroquia. La iglesia está muy linda realmente. Para esta aldea trajimos una imagen de la Virgen desde Egipto, y en una crónica les conté a ustedes la “pequeña historia” de la procesión para recibirla. También les pinté a ellos un ícono del patrono de la capilla, san Esteban… y ya el conjunto del presbiterio está completo, con la cruz al medio, la Virgen, y San Esteban.

Como la capilla está a más de un kilómetro del centro de la aldea, decidimos comenzar con el primer altar y bendición en la entrada del pueblo, y de allí dirigirnos a la iglesia. Se congregó mucha gente, y comenzamos con gran solemnidad. Decimos que cada año es mejor, porque van aprendiendo también a participar con más devoción. Se entiende más la dignidad de esta procesión. Van rezando con mucha devoción. Todos los grupos se destacaban muy bien. Los niños, muchísimos. Las niñas que bailan (watoto wa Yesu) con sus vestidos con los colores papales, llevando pétalos de flores para ir tirando a la Eucaristía. Los monaguillos y catequistas flanqueando el palio. Atrás el coro, con cerca de cuarenta miembros. Luego los grupos del Sagrado Corazón de Jesús, y de la Legión de María, con sus respectivos estandartes. Y detrás el pueblo fiel en dos larguísimas y ordenadas filas.

El recorrido lo pensamos a propósito para pasar por el medio del centro de esa aldea, que generalmente no suele tener un muy buen ambiente, por la música, los bares, etc. pero allí había pasado el catequista pidiéndoles que cuando pasara la procesión bajaran la música, y lo hicieron. La verdad que la gran cantidad de fieles, y la solemnidad del paso del Sacramento, causaban admiración y respeto en todos los que miraban. Fue muy lindo pasar por allí, y que se viviera ese clima, y que Cristo Eucaristía así los bendijera.

La procesión con sus bendiciones duró dos horas. ¡Apenas dos horas! Al llegar a la capilla se recibió el Santísimo con gran algarabía, cantos, aplausos, vigelegeles… Comenzamos la Santa Misa inmediatamente. Gran parte de la gente participaba desde afuera de la iglesia, porque adentro ya no entraba ni un alfiler. La Misa, con las palabras finales, y algunos cantos de las niñas de las distintas aldeas, duró otras tres horas. Así que en la suma son cinco horas, y la gente se pone feliz cuando las ceremonias son largas y vividas.

Después de la Misa, comida para todo el mundo. Esto es impresionante, porque no se puede hacer una fiesta sin darles de comer a todos. Sobre todo porque vienen de lejos, vienen de otras aldeas, han estado cinco horas, han salido temprano, han caminado varios kilómetros, y regresarán a sus casas al terminar el día. Todo un día consagrado a Dios. Es el Día del Señor. Le pregunté al líder cuánta gente calculaban para la comida, ¡y me dijo que ochocientos! Todos comieron, también muy ordenadamente, y después cada uno a su casa.

Durante el camino de regreso, mientras volvíamos en la camioneta, veíamos a toda la gente que volvía caminando o en bicicleta… desandando varios kilómetros para llegar a su casa. Algunos tenían más de diez kilómetros de camino, que habían hecho esa mañana, antes de la procesión. Muchos de ellos, niños y niñas pequeños, que lo hacen sin chistar… y no sólo sin chistar, sino con una inmensa alegría en sus rostros, y unas sonrisas que contagian.

Me despido contando una anécdota muy particular. En el sermón hablé de que debíamos hacer todo el esfuerzo por poder recibir la Eucaristía. Que cuando vamos a una fiesta, y hemos pagado, si no nos dan de comer o de beber, nos quejamos. Pero en este banquete celestial son muchos los que no reciben la Eucaristía, ¡y no se lamentan! Es porque falta la fe, y no saben lo que está contenido en este sacramento. Muchos no lo reciben porque no pueden, pero muchos es por pereza simplemente, por no querer ir a la confesión, o los que no están bautizados, por no terminar el catecumenado, el catecismo. Antes de subirnos a la camioneta, vino un hombre para hacerme una consulta.  Me explicó que él antes era pagano, que llegó a tener dos mujeres, y que una de ellas ya se había ido, y los hijos eran todos mayores de edad… “¿Puedo bautizarme, casarme, y así recibir la Comunión?” ¡Claro!, le dije, pero hay que hacer el catecumenado. Me dijo que ya estaba en el segundo año… con mucha alegría. Se lo notaba realmente feliz de saber que pronto podrá recibir a Cristo Eucaristía. Las ceremonias de este día le habían despertado nuevamente el deseo de poder llegar a la Comunión Eucarística.

¡Dios sea bendito!

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.

P.D: ¡Uy! ¡Sólo les conté del Corpus Christi! La verdad que me olvidé… queda contarles del Sagrado Corazón! ¡Es el mes de junio! Espero hacerlo en la próxima.

P.D.2: Van fotos de la procesión que presidió el P. Victor Guamán, IVE, en la aldea de Nyamilangano