Un sueño del que no quiero despertar

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Ushetu, Tanzania, 3 de abril de 2017.

Dedicado a los 76 de quien

me ha enseñado a “soñar despierto”

 

El mes pasado hemos tenido visitas y fiestas muy importantes, que les dije que les quería contar. Pero lo dejaré para la próxima, porque es mucho… y porque no quiero dejar pasar algunas reflexiones que me han venido a raíz de este mes tan lleno de actividades.

El sábado estuvimos en Ilomelo, con un equipo apostólico… los dos padres, una hermana y una postulante, y dos postulantes nuestros (Anatoli y Onésimo). Como estamos en cuaresma, hemos tratado de ir a las aldeas más grandes, llamadas “centros”, para confesar a la mayor cantidad de gente posible, como preparación a la Semana Santa. Invitamos a las personas de las demás aldeas que corresponden al centro, aunque esta vez vinieron pocas de las otras aldeas. De todos modos hubo mucha gente grande, y muchísimos niños. El que mas ha visitado las capillas para esta actividad ha sido el P. Víctor, recorriendo mucha distancia, y varias aldeas en un solo día.

Vamos con toda la logística para este día: especialmente los misioneros, elemento esencial, pero también llevamos el generador de electricidad, el equipo de audio, proyector y computadora para proyectar la película “La Pasión de Cristo”. También llevamos juegos para los chicos, y premios. Los elementos para la celebración de la Misa, y algunas albas para los monaguillos del lugar.

Las actividades se distribuyeron así: la hermana Protectrice y Agnesi, fueron a jugar con las niñas a la cancha de la escuela primaria; Onésimo llevó a los varones a jugar al fútbol; Anatoli comenzó una charla para los adultos dentro de la iglesia, mientras los dos sacerdotes confesábamos afuera. La charla versaba especialmente sobre la confesión y el pecado. Allí estuvimos más de una hora ambos padres confesando. Al terminar con los adultos, llegaron los niños… y también para ellos una charlita dentro del templo, mientras los grandes tomaban un poco de aire fresco. Y comenzamos la confesión de los niños… muchísimas confesiones. Algo hermoso. Muchos chicos habían hecho la primera comunión el año pasado (más de noventa) y la confirmación (más de treinta). Estuvimos casi dos horas más sin descanso. A eso de la una de la tarde comenzamos la proyección de la película, y aunque no se veía muy bien a causa de que había mucho resplandor, todo el mundo estaba muy atento. Hacía un calor impresionante a las dos de la tarde en la capilla con techo de chapa y todas las ventanas tapadas para dar un poco de oscuridad. Durante la película uno de los postulantes iba traduciendo y explicando para mayor provecho.

A los misioneros nos invitaron a descansar un poco y comer algo. Pero el resto de la gente seguía sin haber comido. A las cuatro de la tarde comenzamos la santa Misa, con participación del coro, y mucha gente. Yo estaba sorprendido del aguante que ellos tienen, y la capacidad para estar desde la mañana hasta la tarde sin comer nada. Sobre todo que la mayoría eran niños, y nadie se quejaba… ¡y nadie se iba! Todos se quedaron hasta que terminó la Misa, junto con los saludos y palabras finales de costumbre, que a mí se me hacían más largos que nunca, y a pesar de que había almorzado. Todo terminó a las cinco y media de la tarde, los chicos recibieron un caramelo (¡un caramelo!) y regresaron a sus casas. Muy lindo ver pasar a los chicos a comulgar, algunas caras que se me hacían familiares por las primeras comuniones de fin de año, y por los campamentos. Les hemos enseñado a comulgar, y lo hacen con mucha devoción… lo bueno es que la gente grande también ha aprendido, por la enseñanza que hemos dado antes de las primeras comuniones, y por el buen ejemplo de estos chicos. Este año el catequista Stanislaws tiene más de doscientos alumnos de catecismo, además de que atiende dos aldeas, San Bernardo de Ilomelo y Cura Brochero de Bughela.

Nos pidieron que pasemos a ver un enfermo de gravedad. La casa estaba en el camino de regreso, en Namba Sita. Se trataba de Michaeli, joven de veintiocho años, y que está en la última etapa de su enfermedad. Allí afuera estaba sentado en el colchón puesto en el piso y recostado sobre una de las columnas del alero de la casa.

Recibió todos los sacramentos y la indulgencia plenaria con mucha devoción. Toda la familia rezó junto a nosotros, y fue un muy lindo testimonio. Reciben las cosas de la fe con mucha sencillez, comprenden sin tener que dar rodeos que lo mejor es estar preparados para morir bien, y que eso es lo más importante. Nadie se asusta, todo lo contrario. Siempre nos pasa que luego de visitar a un enfermo así, el mismo enfermo agradece y hasta sonríe, los familiares agradecen, y todos quedan con mucha paz, a pesar del dolor.

Ayer domingo, celebré la Misa en San Esteban de Mbika, luego de haber celebrado la Misa en el centro parroquial. Hacía varios meses que no iba allí, aunque el P. Víctor ha ido seguido. Cuando entré en la iglesia quedé sorprendido, porque han pintado de nuevo toda la parte del presbiterio, el piso también, la iglesia estaba llena de gente hasta el fondo (y es una iglesia bien grande), y con bancos nuevos ya que últimamente no alcanzaban los asientos. La liturgia estaba muy bien preparada, el coro cantando muy bien y con mucho respeto, los niños todos sentados y con mucho orden… Me pareció estar soñando despierto…

Y recordando lo del día anterior, y lo vivido en este mes luego de regresar de Egipto… estaba soñando con los ojos abiertos. Muchas veces me parece un sueño muy real… donde se ven iglesias llenas de gente, niños rezando, confesándose y comulgando con devoción… Multitudes participando de la Misa con alegría, familias fecundas en hijos… en esos sueños se ven ojos atentos a cada rito litúrgico, silencios de atención a la más mínima enseñanza… alegría se ser cristianos y católicos con todas las letras. Gente que regresa a la vida sencilla y pobre con una sonrisa en sus rostros… Y siempre de fondo en este ensueño están los niños que saludan a derecha e izquierda del camino, agitan sus manos, y contagian alegría. Es un sueño del que no quiero despertar jamás. Le pido a Dios que no me despierte, pero que haga su Voluntad… Mientras tanto, es algo fantástico soñar despierto.

¡Viva la misión! ¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.