“Sherehe”

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Ushetu, Tanzania, 28 de febrero de 2018

“Sherehe” es casi una palabra mágica. Es capaz de mover a mucha gente, los alegra, congrega… y hasta el obispo destacaba eso cuando nos visitó el año pasado, diciendo que a la gente de aquí le encanta esta palabra. “Sherehe” quiere decir “fiesta”, en swahili.


Cuando uno quiere juntar gente en la parroquia aquí en Tanzania, lo que debe organizar es “sherehe”… como en otros lugares para juntar fondos para obras parroquiales, o para apostolados, se realizan loterías, kermeses, bingos, y ventas de comidas. Aquí se cuentan por decenas las fiestas durante el año: fiesta de los catequistas, de los hombres, de las señoras, de los jóvenes, de los niños, de la parroquia, de la diócesis, de casamientos, de primeras comuniones, de confirmaciones de bautismos, etc.


Y por eso es que vamos de “fiesta en fiesta”, o “sherehe kwa sherehe”, hacia la gran Fiesta del Cielo. Las fiestas de estos lugares son siempre muy sencillas en cuanto a lo externo, pero siempre encierran una gran alegría interior, por el contenido religioso. La gente disfruta mucho de la fiesta, y sobre todo la Misa debe ser larga, con muchos cantos, y con muchos discursos al final. Pero sobre todo disfrutan de la celebración litúrgica… y eso, la liturgia bien celebrada y participada, hace que la alegría sea muy sincera.


Hace un par de semanas tuvimos la fiesta patronal de la Virgen de Lourdes. Yo el año pasado no había podido vivirlo como este año, porque estuve en Egipto por problemas de salud. Me sorprendió la gran cantidad de gente que participó. Vinieron representantes de casi todas las aldeas de la parroquia. Muchos de ellos viajaron más de 35 kilómetros para llegar.


Hubo un gran clima de solemnidad, alegría y oración en la Santa Misa. Éramos tantos que los niños debieron sentarse afuera de la iglesia, cerca de las puertas laterales. Había mucha gente afuera del templo. El año próximo deberemos preparar todo para celebrar afuera.


Luego de la Misa se realizó la procesión, no muy larga porque como seguían muchas actividades, no queríamos que la gente de más lejos llegue de noche a sus aldeas. Alguien contó más de 1.100 personas en la procesión. Tampoco quise que fuera más larga por la hora, casi las doce del mediodía, y el sol estaba muy fuerte. La gente feliz al ver una procesión tan larga. La imagen de la Virgen la llevaron en andas todo el tiempo los miembros de la Legión de María, y cada año se torna una tradición más fuerte. Lo consideran un gran honor poder cargar la imagen en sus hombros.


Para el almuerzo se quedaron más de 550 personas. Una verdadera “sherehe”. Y para el fogón se fueron presentando diversos grupos que cantaron o hicieron recitados. Se destacaron las niñas de la aldea de Lughela, que eran muchas, y sin embargo en esa aldea ni siquiera tienen capilla, sino que rezan debajo de un árbol. En el canto preparado para la ocasión animaban a los fieles a trabajar sin desanimarse para levantar su propia iglesia. Al ver esas niñas con ése espíritu… realmente que dan ganas de ponerse manos a la obra.


Al terminar el programa, las hermanas regalaron telas para las niñas “Watoto wa Yesu” (infancia misionera), para que se hagan sus vestidos amarillos y blancos para participar de la liturgia y bailar delante del altar. Todas niñas de las aldeas que recibieron este regalo daban las gracias con grandes sonrisas y apretones de manos. Se imaginan la “fiesta” que hicieron las niñas de Lughela. Se les dio especialmente el regalo a las aldeas desde donde vinieron más chicas para el campamento, muchas de ellas caminando más de 20 kilómetros.


Y por la tarde, los que se podían quedar, participaron de un día de oratorio muy animado. Sobre todo es de admirar el grupo de señoras que se quedó a jugar a la “pelota al cesto”. Juegan como si fueran niñas, y podemos decir que “se matan” por ganar. Es señal de muy buen espíritu y alegría. Cada grupo de niños y niñas tuvo sus juegos y competencias. Al terminar la tarde se realizó un sorteo de regalos, y entrega de premios de los ganadores.


Recuerdo ahora que hace algunos años ni siquiera se celebraba esta fiesta patronal… y ahora veo el gran espíritu de familia y de alegría, el espíritu de amor a la Virgen y la devoción, y surgen sólo palabras de acción de gracias a Dios y nuestra Madre del Cielo. Y brotan las fuerzas para seguir adelante, trabajando en la misión, porque los frutos son notorios… y la fe crece y se arraiga.
Dios los bendiga.
¡Firmes en la brecha!
P. Diego.