Seminaristas del PNAC con nosotros

En Uncategorized

18 de septiembre de 2018

En la crónica precedente, les conté sobre la misión que realizamos en Ilomelo, y en esa ocasión hablé un poco sobre la visita que tuvimos de voluntarios de Estados Unidos. Ellos son seminaristas que estudian en Roma, en el Pontifical North American College (PNAC), y pertenecen a diversas diócesis. Ya hemos recibido seminaristas del Colegio Norteamericano en Roma en otras ocasiones, este es el cuarto grupo que viene. Los seminaristas en las vacaciones de verano de su primer año, pueden realizar viajes pero sobre todo buscando tener también alguna experiencia pastoral en algunas misiones, o parroquias. Estuvieron con nosotros Dustin, de Oregon; Samuel y Yakob, ambos de Texas.

Brevemente les cuento que fue un voluntariado muy bueno, ya que al ser seminaristas, procuramos compartir con ellos todas nuestras actividades y horarios, para que experimenten la vida misionera, y para cumplir con las expectativas de sus formadores, que puedan tener una fuerte experiencia pastoral y comunitaria, como parte de su formación sacerdotal. Es por eso que compartimos muchos momentos de oración, sobre todo a la mañana, muy temprano, cuando nos levantamos para comenzar la adoración a las 5:30 am. También compartimos todos los momentos comunitarios de la comida, con largas conversaciones y sobremesas. Y por supuesto, hemos compartido mucho trabajo pastoral.

Ellos participaron de la misión en Ilomelo, haciendo un poco de todo. Trabajos manuales, manejar el vehículo para todo el traslado de la logística, visita de casas, visita a algunas aldeas, juegos con los niños, ayudar a organizar las procesiones, etc. Es decir, todo lo que significa una misión popular.

Fuera de aquellos días, los seminaristas realizaron visitas a algunas aldeas, junto con nosotros, con el fin de conocer mejor la realidad de la misión y de la gente. Participaron de la celebración de matrimonios, y de las actividades en el Oratorio Festivo dominical, por nombrar otras.

Pero una actividad muy importante, y a la vez muy sacrificada, fue la ayuda en la construcción de la capilla de la aldea de Mji Mwema. De esta aldea les he contado varias veces en crónicas de otros años. Este lugar está muy lleno de paganos, y la comunidad cristiana es muy pequeña. Sin embargo, son muy constantes y firmes.

La primer capilla que yo conocí hace cinco años, que era de paredes de barro y techo de paja, se cayó hace mucho tiempo. La segunda la hicieron en otro terreno, prestado, y también se derrumbó durante una fuerte época de lluvias. Finalmente, con la ayuda del P. Romanelli compramos un terreno en un lugar muy hermoso, y allí se ha comenzado a construir una iglesia pequeña, pero con materiales durables. Estamos recibiendo donaciones para esto de un grupo de amigos del P. Johntin, de Italia. Pero también los seminaristas habían conseguido ayuda, de sus familias y de sus parroquias. Así fue que durante una semana fueron todos los días a trabajar allí con la gente, haciendo bloques de cemento, y compartiendo con ellos todo el día. Salían a la mañana, luego de la Misa en la parroquia, junto con el catequista Filipo, en sendas motos; y volvían por la tarde, muy cansados, pero siempre felices.

Ha sido un muy buen ejemplo para la gente, el verlos trabajar con ellos. Y sobre todo el traer una ayuda totalmente desinteresada, porque estos jóvenes probablemente nunca puedan regresar a nuestra misión, pero el trabajo que han hecho, y el dinero que han donado, servirá para construir una capilla, en uno de los lugares más apartados, más pobres, y con más necesidad de ayuda.

En un lugar donde ahora podrán tener un lugar para rezar, esos cristianos que en su mayoría son niños y jóvenes. Y desde allí continuará esta obra de evangelización. En muchas aldeas estamos construyendo pequeñas capillas (y en otros no tan pequeñas), y me gusta pensar, que así llenaremos de capillas, estos lugares… donde se rezará la Santa Misa, el Santo Rosario, el Vía Crucis, y se impartirá catecismo, etc. Serán signos visibles de la presencia de Dios en medio de ellos.

Pero siempre me agrada pensar que esta gente rezará siempre por su benefactores, aún sin conocerlos, y Dios bendecirá abundantemente esas personas y sus familias. Pienso en particular en las oraciones de estas humildes personas y de estos niños, que rezarán siempre por estos seminaristas, para que sean sacerdotes, y santos sacerdotes.

Dios no se deja ganar en generosidad, como lo hemos aprendido, y como lo experimentamos a diario.

¡Muchas gracias Dustin, Samuel y Jakob! ¡Muchas gracias amigos del P. Johntin! La gente de Mji Mwema (Aldea Buena), siempre rezará por ustedes.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.