Se hace mucho, y queda mucho por hacer

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Ushetu, Tazania, 01 de diciembre de 2017.

Reina un silencio majestuoso. Es una de las cosas que más me han llamado la atención desde que he regresado. Sin embargo, les cuento que son las primeras horas del día, las cinco de la mañana. Para poder escribir algo de lo que va pasando en la misión hay que buscar estos momentos de tranquilidad, porque la actividad no para en la misión. Una vez que amanece el flujo de gente es casi continuo, salvo a la siesta, y sobre todo en el día que la gente sabe que descansamos… pero no todos saben cuál es ese día, mucha gente que viene de aldeas lejanas, y por más que sea nuestro día de descanso, hay que atenderlas.

El silencio es absoluto. He tenido que caminar muy despacio para no despertar al otro padre con mis pasos, aunque él duerme en una de las habitaciones del otro extremo de la casa. Al despertarnos, los primero que hacemos, como todo cristiano es dar gracias a Dios, poner en sus manos el día que comenzamos, el primer acto del día. Pero acto seguido, prender alguna luz y comenzar a ver que no haya ninguna sorpresa a la vista… antes de poner los pies en el suelo, que no haya ningún escorpión. Ya hemos matado dos en la iglesia esta semana, y las hermanas mataron otro muy grande en la casa de ellas, del tamaño de una mano extendida. Es el tiempo de lluvias, y es común que aparezcan. Es muy lindo el tiempo de lluvias, pero como todas las cosas en esta vida, tiene sus pro y sus contras. Sin embargo les cuento, que prefiero mil veces este tiempo en que todo se renueva, se pone verde, se cultiva, refresca… la vista descansa, y el alma también.

Visita sorpresa

Ahora les cuento que ayer nos pegamos un “susto”, por decirlo de alguna manera, aunque fue entre sorpresa y susto. Porque estábamos descansando un poco a la hora de la siesta, ocupados en actividades poco importantes, cuando veo por la ventana de casa que venía llegando el auto del obispo. Sabía por las hermanas que había dicho que quería venir a visitarme, después de que fui operado y regresé. Comenzamos a correr con el P. Orazio para poder poner un mínimo orden en la casa, o mejor dicho en el living o lugar donde lo recibiríamos. Es una tradición de Tanzania, y creo que en general de toda África, el que se saluda a quien ha tenido algún problema grave de salud. Le llevan regalos y le dan el “pole”, que es como una condolencia. Es un gesto muy humano y caritativo, y muestra muy bien el espíritu solidario de esta gente. Pero la verdad que nunca me esperaba una “visita sorpresa” del obispo. De todos modos fue una visita muy cordial, y se quedó muy poco tiempo, apenas media hora, como para sentarse, preguntarme cómo estaba, cómo me fue en las vacaciones, y volverse a Kahama. La verdad que me admiró, siendo que tiene tantos compromisos, que haga un viaje de hora y media para venir a saludarme, y otra hora y media para regresar a su casa. Y que sea el obispo quien nos visite… me sorprende cada día más este espíritu tanzano.

 

Comuniones en Ilomelo

En la crónica anterior les conté que fuimos a confesar a los chicos de Ilomelo, a aldea de donde era Stanislawsi, el catequista que falleció en agosto. Fue una fiesta hermosa, donde comulgaron por primera vez sesenta y ocho niños. La Misa la celebró el P. Jaime, y lo acompañaron unas hermanas.

Lo que pasó fue que llovió a cántaros al momento de comenzar la Misa. Durante los ritos iniciales llegaron dos niñas empapadas, pero con la ropa para cambiarse en una bolsa. Las hermanas las ayudaron a secarse un poco con sus camperas, y luego vestirse en una pequeña habitación, para llegar “impecables” a la iglesia. Es hermoso ver la devoción con la que comulgan, desean con gran ansias hacer la primera comunión.

Pudimos comprar unos libritos con la vida de Jesús en dibujos. Años anteriores pudimos darles la biblia de los niños en swahili, pero ya se había agotado cuando quisimos comprar para este año. De todos modos el libro es bien católico, y fue la admiración de los chicos… y no tan chicos.

 

Bautismos en Nyamilangano

Junto con el P. Orazio, la Madre Belén (superiora provincial de las hermanas para África) que estaba de vivista esos días, y la hermana Protectrice, fuimos a los bautismos en Nyamilangano. En un principio iban a ser 38 niños y jóvenes catecúmenos, pero finalmente fueron 28. Lo que sucedió fue que el colegio secundario cerró la semana anterior y muchos jóvenes volvieron a sus aldeas.

Tendremos que hacer una misa en el colegio secundario cuando vuelvan a comenzar las clases. Fue muy linda la ceremonia, y a mí en particular me emocionó mucho, porque habían muchos jóvenes del colegio secundario. No estamos acostumbrados a ver tantos jóvenes bautizándose en nuestras tierras… algunos de ellos eran bien grandes, y unos varones nos pasaban en altura.

Luego de la misa alcanzamos a sacarnos una foto afuera de la iglesia y tuvimos que refugiarnos dentro porque se largó un aguacero tremendo.

Tuvimos que comer dentro del templo, pero hay que saber que no está el sagrario, así que en estos casos se justifica, ya que no hay dónde poner a reparo tanta gente. El P. Orazio hizo los bautismos, y fueron sus primeros hijos espirituales en África. Estaba muy contento, y me decía que en sus cinco años de sacerdote había hecho cuatro o cinco bautismos… así que en un día sextuplicó su promedio. 

 

Construcción del comedor

Esta semana que estamos dejando también implicó un gran esfuerzo ya que se comenzó a levantar el comedor y la cocina del noviciado. Y digo “levantar” porque los cimientos los habían hecho el mes pasado, pero de verdad que es la parte que menos entusiasma, todo está abajo y no se ve.

Ahora se comenzaron a edificar las paredes. Trabajan tres albañiles contratados, y ayudan todos los días tres postulantes, que se turnan, y les toca a todos. Los bloques de cemento los hicieron los mismos novicios, durante estos dos meses pasados.

Cada día había un equipo que fabricaba bloques, y hacían competencia de quién hacía más por día. Como siempre, este comedor es un voto de esperanza, porque no tenemos el dinero para hacerlo, sino que esperamos que vaya llegando la ayuda. Por ahora, al menos, van las paredes hacia arriba, hasta donde lleguemos.

 

Primer viernes de mes

Ayer fue el primer viernes de mes, y vienen los miembros del grupo del Sagrado Corazón para hacer retiro. Los que son de las aldeas más lejanas, se vienen el jueves, y se quedan a dormir. Vinieron algunos de la aldea de Nonwe, a 40 km de aquí. Otros van llegando muy temprano, ya aprovechan que exponemos el santísimo y rezamos el rosario para confesarse, para cumplir con los nueve primeros viernes. También van llegando temprano de otras aldeas, como de Ilomelo (a 35 km), de Kangeme (20 km), Senai (7 km), etc. Rezan mucho durante el día y casi que no comen nada, sino que lo necesario para tomar fuerzas, pero la idea es hacer ayuno.

Me sorprendió mucho a la tarde cuando vino una señora acompañada de siete chicos a saludar a la puerta de nuestra casa. Venía de la aldea de Mjimwema, que queda como a nueve kilómetros. Habían venido a participar del retiro del Sagrado Corazón. Salieron caminando a la mañana y ahora se regresaban también caminando. Les di dos caramelos a cada uno antes de que comiencen el viaje, y estaban felices. Había que ver la cara de felicidad con la que regresaban a su aldea luego de un día de retiro. Salí corriendo a buscar la cámara de fotos y a lo lejos les pedí que saludaran… pueden ver con detenimiento estos rostros de auténtica alegría. 

 

La foto de Teresía

Tal vez algunos recuerden la historia de Teresía, esa niña que estuvo tan grave de salud, con una especie de meningitis, y que gracias a Dios se recuperó. Ella se había bautizado y estando de gravedad le administré el sacramento de la Unción. Cuando se recuperó me la encontré casualmente en nuestro terreno, porque la moto en la que la llevaban se quedó sin combustible y vinieron a pedir ayuda. Allí me preguntó por “sus fotos”, las que se había sacado el día de su bautismo. Le dije que se las imprimiría y que se las daría. Pero a Teresía se la llevaron a Mwanza, donde vive parte de su familia. No sabía si la volvería a ver. Algunos de ustedes, cuando estuve de vacaciones en Argentina, me preguntaron por ella, y les dije que rezaran, porque sabía que algunos familiares eran protestantes, y habían llamado a un pastor para que la “curara”, así que no sabía si la dejarían seguir viniendo a la iglesia, y si la veríamos nuevamente.

Pero vean el milagro de las oraciones, porque me acordé entonces en Argentina de imprimir las fotos, aunque no sabía si nos encontraríamos de nuevo. Sin embargo, el primer día de mi llegada, el domingo pasado, me fui al oratorio, y me senté junto a la cancha de fútbol donde juegan los monaguillos. Desde allí hay una buena vista de todo el oratorio, de los jóvenes en el vóley, de las niñas que juegan detrás de uno de los arcos de fútbol, y de las más pequeñitas que están debajo del árbol de mangos. Entonces veo venir a dos niñas hacia mí, y cuando están cerca identifico a Teresía… que venía con su prima que también se llama Teresía. Me dio gran alegría verlas, y lo primero que me preguntó fue por sus fotos… y le dije que se las había traído. Se puso feliz. Sin embargo ambas Teresas se pusieron serias y me dijeron que la abuela no la deja venir a rezar porque es Evangelista, y dice que el pastor la curó. Le dije que no se desanime, y venga en cuanto pueda… y que recuerde que yo le di la unción, y hubo mucha gente rezando por ella… así que nadie se puede “apropiar” su curación, y con mucha razón podríamos atribuirla a la Unción de los Enfermos. Se rio y me dijo que harán lo posible por venir. Yo aprovecho a seguir pidiéndoles oraciones por ella… o bien por ambas “Teresas”, que parece que se ayudan mutuamente para seguir viniendo a la iglesia.

Como verán, en tan poco tiempo pasan tantas cosas. Les he contado un poco de todo. Estas pocas líneas las he escrito de a ratos en medio de los trabajos de la misión, entre reuniones de la comisión de laicos, reuniones con los líderes, atención de la gente que viene de las aldeas, las confesiones de los chicos de comunión de este centro, los niños que vienen a jugar, y resulta que ya es de noche… y mañana me esperan en Kangeme para la primera comunión de unos setenta niños. Está lloviendo mucho, espero que mañana puedan llegar todos los niños a la iglesia.

Dios los bendiga. ¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.

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