Revivió para recibir los sacramentos

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Ushetu, Tanzania, 11 de febrero de 2019

Como les contaba la semana pasada, la verdad que la oficina parroquial por estos lados nos depara cosas impensadas. Nuevamente tuve la oportunidad de ir a la nueva parroquia para que tengan la misa, y luego atender a la gente que necesite algo. Vino el catequista de la aldea de Bukomela con un hombre mayor, de unos sesenta o setenta años. Es difícil calculares las edades a esta gente. En esa aldea la comunidad de católicos va creciendo día a día, pero no por eso deja de haber una mayoría de paganos, y un ambiente en general muy pagano. Por gracia de Dios el evangelio sigue entrando en ese lugar, y el caso que les voy a contar es una clara ilustración.

El catequista me presentó a un anciano que quiere casarse. No pudo venir su esposa porque estaba mal de una pie y no podía caminar. Pregunto si alguno de ellos está bautizado, y me dice que no, ninguno. Bien entonces deberán tener un poco más de formación y preparación, pero no lo vamos a demorar mucho, porque no se trata de jóvenes. Cuando le pregunto por sus hijos, cuántos tiene, me responde que ¡veinticinco! Claro, mi sorpresa era como la de ustedes ahora, pero inmediatamente recordé que era un pagano que pedía el bautismo. El catequista me aclara que Masele, que así se lama el hombre, tenía tres esposas. Ahora ya ha dejado a dos de ellas, y les ha dado a sus hijos, todos mayores, su respectiva parte. Así que está listo para ingresar al catecumenado, y recibir todos los sacramentos. Por supuesto, no quise dejar de averiguar, por pura curiosidad, cuántos nietos tenía. Me respondió que “como cien”, y pienso que tal vez son más.

El resto de la mañana no sería tan llena de trabajo, ya que sólo iríamos a completar el bautismo de tres abuelos que fueron bautizados en peligro de muerte en la aldea de Mapamba. Pero aquí me esperaba otra sorpresa, ya que luego de ir a ver a Regina, una abuela con hemiplejia, y de completar el bautismo, dar la confirmación y la unción de los enfermos, nos dirigimos a la segunda casa. Resulta que ambos enfermos se encontraban allí, dos abuelos, esposos ambos, de unos noventa años o por ahí. Yo pensaba poder dar los sacramentos, y luego regresar a la casa en Ushetu incluso antes del almuerzo. Es más, mejor que ambos enfermos están en el mismo lugar. Pero los planes de Dios eran otros.

El caso es que ambos abuelos eran paganos. La abuela se enfermó gravemente, y pidió el bautismo. El catequista vino y le dio el bautismo antes de que se la llevaran a un dispensario que queda como a unos veinte kilómetros. El abuelo, que no se sentía nada bien, también pidió el bautismo. Ambos se bautizaron el mismo día. Llega la enferma al dispensario de Iboja, y allí no le dan esperanzas de vida. No sé a ciencia cierta si les dan certificado de defunción, pero la traen de regreso a la casa, donde es recibida con gran luto y gene que lloraba. Creo que hasta aquí no hay nada especial, pero el suceso es que la abuela “se despertó”, y se mejoró un poco. Aquí entonces llego yo para continuar la historia.

Juan y María, que así se llamaban desde su bautismo un mes antes, me esperaban en su casa. Cuando llego, veo bastante gente, unos toldos preparados, una mesa con mantel y una cruz, y el órgano eléctrico conectado a un batería. Bien, por lo que veo, está todo preparado para la misa. Le pregunto al catequista, y me dijo que sí, que se habían reunido todos los del jumuiya para la misa, y luego comer todos juntos. Me causó gracia que el catequista nada me hubiera dicho de esto, y que simplemente hayamos salido para la atención de algunos enfermos. Menos mal que se me había ocurrido poner en el auto la valija con las cosas de misa, por las dudas.

Allí mismo entonces preparamos todo para celebrar la misa. Hacía mucho calor y ya era casi el mediodía. Estábamos debajo de unos toldos que habían colocado bastante bajo, tanto que todo el tiempo los tocaba con mi cabeza. Y estaban muy calientes. A pesar de eso, fue un gran gozo poder celebrar en ése lugar. Mucha pobreza, y muchísimos paganos, pero todos muy agradecidos de que estuviera allí. Trajeron un sillón para que se sienten los abuelos, y la abuela se recostó junto a su esposo. La mayoría de sus hijos son paganos, pero estaban allí, y ojalá que sea una semilla para que también ellos quieran ser cristianos.

En la misa les completé el bautismo, luego la confirmación, luego renovaron el consentimiento matrimonial, les di la unción de los enfermos, y recibieron la primera comunión. Completito el asunto.

Luego de la misa, allí mismo, compartimos una comida todos juntos. Algo muy sencillo, pero muy alegre. Todos pasaron a saludar a los abuelos y darles las felicitaciones. Hay que ver la sonrisa de ambos, incluso María, estaba recostada, saluda y sonreía. Pude ver durante la misa que ella seguía todas las oraciones con un leve movimiento de sus labios. Luego de repartir los caramelos que me quedaban entre los niños presentes, nos despedimos. Era el momento más caluroso del día.

Durante el viaje de regreso otra vez he reflexionado, como tantas otras veces, cómo Dios los ha esperado, y cuánta misericordia a usado con esta gente. Fueron paganos toda la vida. Sin embargo al final de sus días pidieron el bautismo. Pero aún más, Dios tuvo la delicadeza de darle fuerzas a una mujer ya desahuciada por los médicos, y así llegar a recibir con plena conciencia todos los sacramentos. ¡Cuántas personas habrán rezado por ellos, sin saberlo!

Dejo para la próxima el contarles de un grato pensamiento y recuerdo a la vez, que se me vino en el momento que nos dirigíamos a Mapamba por la mañana. Pero como no quiero que esto se haga más largo, aquí los dejo y me despido, no sin desearles que nos mantengamos ¡firmes en la brecha!, con la gracia de Dios.

Feliz día de la Virgen de Lourdes, patrona de nuestra parroquia de Ushetu. Hoy tuvimos una hermosa fiesta patronal… ¡cuánto para contarles!

P. Diego Cano, IVE