Retiros de Cuaresma

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Ushetu, Tanzania, 3 de abril de 2018

Antes que nada, les deseo unas ¡Felices Pascuas! a todos. Estamos terminando el lunes de la octava, y podemos decir que terminamos una maratón de actividades de Semana Santa y Pascua. En verdad que han sido días de mucho trabajo y muy fructuosos al mismo tiempo. Por primera vez en la historia de esta parroquia somos cuatro sacerdotes para la Semana Santa. Se han podido multiplicar las ceremonias en muchos lugares de la parroquia, en varios extremos, con una alegría y agradecimiento muy notorio en la gente, sobre todo en aquellos que no solían tener esta oportunidad en años anteriores.

Pero antes de entrar en lo acontecido en estos días, debo remontarme un poco más lejos para contarles de la cuaresma. Estoy muy atrasado en las crónicas, los trabajos apostólicos me impiden dedicar mucho tiempo a escribirles. Sin embargo no quiero pasar por alto esto, porque las crónicas también nos sirven a nosotros los misioneros, para ir dejando una pequeña historia de la misión, que queden registrados los hechos más importante para los misioneros que vendrán después de nosotros. Entre las cosas dignas de quedar asentadas están los “Retiros de Cuaresma” que introducimos por vez primera en nuestra misión.

Reconozco que no es una idea original, pues me imagino que muchos ya los harían en sus parroquias o misiones. Pero además porque hace dos años en una reunión de padres de la decanía, charlando sobre las actividades realizadas en las distintas parroquias, algunos párrocos contaron que hacían estos retiros de cuaresma por centros, y que les daban muy buenos resultados. Nosotros pensamos que a la primera ocasión lo implementaríamos, y así es que comenzamos este año.

Organizamos un día de retiro en cada centro que tenemos. Tenemos siete en total, donde se congregan varias aldeas. Dejando el centro parroquial, donde siempre estamos presentes, hicimos un retiro por cada sábado de cuaresma, seis en total. Lo hacíamos el día sábado así los que eran alumnos de escuela primaria, secundaria, y maestros, podrían participar.

Principalmente consistían en actividades para los niños, los jóvenes y los adultos, cada grupo por separado. Para los niños se hacían pequeñas charlas, confesiones, y juegos. Era admirable verlos confesarse mientras el resto de los chicos seguían en sus diversiones. Era una verdadera estampa del oratorio de Don Bosco.

Los jóvenes tenían sus charlas un poco más largas por separado, lo mismo que los adultos. Mientras tanto, los sacerdotes confesábamos durante todo el día, hasta que ya no hubiera nadie para confesarse. Generalmente se comenzaba con dos charlas, luego el rosario al mediodía, seguido de la Santa Misa. Después un descanso y almuerzo sencillo, porque mucha gente venía caminando de otras aldeas y debían comer algo para tomar fuerzas. Después de otra pequeña charla se rezaba el Vía Crucis por las calles del pueblo, dando un gran testimonio penitencial, con cantos muy apropiados, y generalmente con mucho calor, bajo un sol radiante.

Fue realmente magnífico. Hemos visto muchos frutos, sobre todo la gran gracia de las confesiones. Es imposible para nosotros poder confesar a la gente cuando vamos a las ceremonias de Semana Santa en las aldeas. Mucha gente no tiene Misa y ceremonias en sus aldeas para esa semana. Así que juntarlos en un lugar y poder ir dos o tres sacerdotes a escuchar confesiones ha sido realmente una bendición de Dios. Para la Semana Santa podemos decir que todos habían tenido oportunidad de confesarse… al menos los que pusieron los medios para ello.

En un retiro estuve confesando cerca de cuatro horas. En los demás siempre fuimos dos sacerdotes por tres horas o más. Y en uno estuvimos tres sacerdotes, sumando un total de seis horas de confesiones entre los tres.

Una gran ayuda han sido las hermanas y los postulantes del IVE y las SSVM. Nos dividíamos en equipos, para las charlas, los niños los jóvenes… y salíamos con todo el equipo misionero. Juegos para los niños, las cosas de liturgia, libros para las charlas, rosarios y devocionarios para vender, y los elementos de audio para la misa y Vía Crucis por las calles.

Hemos vuelto muy cansados de cada retiro, sobre todo un fin de semana que se nos juntaron dos, porque debimos suspender uno a causa del fallecimiento de una religiosa de otra parroquia, y se nos juntaron para la semana siguiente. Terminamos agotados. Pero como siempre digo, con una gran alegría interior. Lo veíamos como una verdadera acción misionera. Era como hacer misión popular intensiva. Me llamaba mucho la atención sobre todo el Vía Crucis por las calles. En algunos lugares los borrachos venían a molestar, y la gente seguía sin inmutarse rezando arrodillada en medio de la calle. En alguna aldea llegamos a ser cerca de 300 personas rezando el vía crucis por la calle. En otras aldeas más pequeñas no se llegaba a ése número, pero ciertamente que llamaba mucho la atención en un lugar tan lleno de paganos. Parecían esas verdaderas jornadas penitenciales y de purificación, con sacrificio de la gente que llegaba desde lejos caminando, como una verdadera peregrinación, estar todo el día en charlas, confesarse, rezar el rosario y participar de la Misa, finalmente terminar con el Vía Crucis, y comenzar la caminata hacia sus casas para llegar de noche. Admirable por todos los lados que se lo mire. Pensaba en las misiones populares que hacían algunos santos, de quienes hemos aprendido estos ejercicios misioneros, y me imaginaba que en mucho se parecerían a los que hacían ellos.

Los frutos de estos retiros están a la vista, y el año próximo no cabe duda que haremos todo el esfuerzo para seguir con esta actividad, aunque sabemos que también debemos mejorar muchas cosas. Pero con la experiencia se logra un mejor resultado.

Que Dios los bendiga.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE