Retiro de sacerdotes en nuestra misión

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Ushetu, Tanzania, 20 de mayo de 2018

Ya ha pasado casi un mes del retiro de sacerdotes que se realizó en nuestra parroquia. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Pensaba contarles en algunos de esos días, y así se nos fue yendo el tiempo. No tengo muchas fotos del evento porque en verdad que todos estuvimos muy preocupados por la organización, y sobre todo por la liturgia, por lo tanto nadie estuvo con la cabeza puesta en sacar fotos.

Cuando a uno le dicen un retiro de sacerdotes, en verdad que no se imagina tanto trabajo, hasta que llega a nuestra diócesis. La costumbre de un día de oración para los padres conlleva toda una organización. En primer lugar, que participan todos los sacerdotes, diocesanos y religiosos, que en total son unos treinta y algo más. También participa el obispo, y se invita a todos los fieles de la parroquia para que acompañen en la oración.

Según el orden del día, se prepara un desayuno para los sacerdotes que van llegando temprano. Cuando llega el obispo se entra en la iglesia y comenzamos la adoración, junto con todos los fieles. Esta vez comenzamos cerca de las 10:00 am. Se reza el rosario, se canta, se leen textos de la Biblia, un padre da unos puntos de meditación, se sigue rezando el rosario de la Divina Misericordia, letanías de San José… etc. Luego de la bendición pasamos a una reunión de los sacerdotes solos. Se comienza con una meditación que debe dar el párroco del lugar. Así que esta vez me tocó a mí, y esto me llevó muchas horas de preparación, y muchos nervios. La primera vez que me toca dar algo así en swahili y delante de todos los sacerdote y el obispo. Creo que se entendió y que no hice tan mal papel…. Y doy gracias a Dios, ya que recuerdo tanto lo que me costó estudiar este idioma, y sobre todo “largarme” a hablar. Después se conversaron temas generales, y todo esto llevó un buen tiempo.

De allí pasamos a la liturgia penitencial de nuevo en la iglesia, y todos los sacerdotes se ponen a confesar. Es una gracia muy grande para los feligreses que participan, tener la posibilidad de confesarse absolutamente todos. La liturgia penitencial la dirigió el P. Víctor Guamán, IVE, dando también un punto de meditación sobre la confesión frecuente, y la confesión de los pecados veniales.

Al terminar la liturgia penitencial se celebra la Misa. Fue algo muy bueno ver nuestra iglesia con más de treinta sacerdotes concelebrando. Monseñor fue acelerando lo que se podía acelerar, ya que el tiempo iba pasando, y el camino de regreso a la ciudad estaba muy malo y lleno de agua. De hecho algunos sacerdotes cuando llegaban se sorprendían, y caían en la cuenta de lo que significa para nosotros asistir a cada actividad de la diócesis. No querían que se les haga de noche en el camino.

Al final de la Misa, junto con las hermanas, le hicimos un regalo al obispo. Como para esos días estuvo la Madre Provincial de las hermanas, Madre Belén, que vino desde Egipto, le pedimos que traiga una imagen que ya teníamos comprada con este fin. Así que la imagen llegó justo para esos días. Monseñor es muy devoto del Buen Pastor, y cuando vio la imagen manifestó mucha alegría. Dijo que la va a colocar en la Iglesia Catedral, mostrando con esto que en verdad le agradó.

Después de la Misa, fuimos a comer, almorzar a las 17:30 hs., cosa frecuente por estos lados. Algunos sacerdotes ya estaban por salir sin comer, por miedo al mal estado del camino. Monseñor casi que los “obligó” a quedarse, animándolos con que viajarían casi todos juntos.

Además de la comida de los sacerdotes, se prepara comida para toda la gente que participa, en este caso comieron aquí unas 250 personas. Siempre se debe hacer de esta manera, porque las actividades son largas, y muchos de nuestros fieles vienen desde aldeas lejanas, varios kilómetros caminando o en bicicleta, desde la mañana temprano, y deben comer algo y tomar fuerzas antes de regresar a sus hogares y llegar de noche. Las hermanas se ocuparon del no pequeño trabajo de la comida, tanto del obispo y sacerdotes, como de todos los fieles.

Damos gracias a Dios por esta jornada de oración, por la bendición de recibir a todos los sacerdotes en nuestra misión, y sobre todo el gran acto de la Santa Misa, presidida por el obispo y concelebrada por todos los padres presentes. Finalmente la lluvia de gracias de las confesiones para todos los fieles.

Fue un día muy intenso, se imaginan, y sobre todo en mi caso… pero como siempre, cuando los trabajos se terminan, queda el buen gusto de haber hecho lo mejor posible; siempre con miles de defectos, pero con la voluntad de dar lo mejor.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE