Regresando a Tanzania (1/2)

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Dar es Salaam, sábado 11 de noviembre de 2017.

Estoy recién llegado a Tanzania, hace unas cinco horas. Escribo desde la capital, Dar es Salaam. El viaje es muy largo, hay muchas combinaciones de vuelos… varios aeropuertos, y siempre paso nervios en los controles de pasaportes, papeles de vacunas y permiso de residencia. Otra cosa son las valijas, que vuelven cargadas, y cargadas de todo… equipaje “valioso”, como yerba mate y material de apostolado, y deben pasar por tantos aviones y aeropuertos. Es increíble todo lo que traemos cuando regresamos… las cosas más simples, pero que aquí no se encuentran. Gracias a Dios todo estuvo muy bien en el viaje, y pienso que no podía ser de otro modo porque me había encomendado a las oraciones de todos los que vi en estos últimos días antes de partir.

El día previo al vuelo para Tanzania tuve la gracia de visitar a la Virgen de Luján. Ya son varias las oportunidades de ir a su santuario antes de partir para la misión. La primera vez que fui para Ecuador, la primera vez que salí para Tanzania, y ahora de nuevo he tenido esta gracia. Es un regalo muy grande, porque uno antes de marchar para la misión tiene tanto que pedir.

Esta vez fue un regalo de la Providencia, porque no tenía pensado hacerlo, en mi primer proyecto de viaje… pero como debí quedarme más tiempo por causa de la operación, los planes se cambiaron, y el jueves pude estar rezando unos minutos a los pies de nuestra patrona. Le pedí por mi familia de sangre, por la Congregación (mi familia espiritual), por la misión, por los padres y las hermanas, por las vocaciones, y por nuestras casas de formación.

No teníamos tiempo de celebrar Misa, pero lo considero un don inmenso el poder estar allí para suplicarle por la misión. ¡Pensar que en Tanzania tiene tantos devotos! Entre los misioneros, los postulantes, y nuestros fieles. Allí le llevé las oraciones e intenciones de todos ellos.

Y se terminó mi estadía en Argentina. Agradezco a Dios haber tenido todo este tiempo en mi patria, haber podido estar con mi madre más tiempo, haber visto a tanta gente amiga. La recuperación de mi salud no está completa, pero hay que tener paciencia y deberé seguir en la misión… ya que tengo que hacer ejercicios para recuperar el movimiento, esperar a que se desinflame del todo, y tardará unos ocho meses, me dijo el médico, para volver a tener sensibilidad en esa parte de la cara. Lo que no impedía que viajara, y sobre todo que pueda estar en la misión, y hacer lo que pueda… aunque más no sea “estar”.

Pero realmente que tenía ganas de regresar a Tanzania, por el tiempo fuera de la misión, y porque me han ayudado tanto durante los días de vacaciones, para poder hacer muchos trabajos… entre ellos, edificar capillas, techar otras, seguir los trabajos en el postulantado, etc. Ver también todo el trabajo de fin de año en la parroquia, que siempre es mucho, y si bien es trabajo fuerte, es muy hermoso… y dan ganas de poder darles una mano a los sacerdotes que están aquí. Ver nuevamente a la gente conocida, a los chicos, a los jóvenes, a todos.

Pero el deseo de volver a la misión no anula nunca el amor a la familia, a los conocidos, los amigos, la patria. Siempre se da ese sabor agridulce de la despedida… dulce porque se va a la misión, y con algunas lágrimas de despedir a la mamá, los hermanos, y la familia. Pero creo que todos sabemos lo que debemos hacer. Es decir, sabemos lo que cuesta, pero cada uno sabe dónde es que Dios le pide que esté.

Y ese sacrificio hace que la obra sea buena y santa… y que dé muchos frutos. Lo que cuesta tiene mucho valor, y hay que saber sacrificar cosas, para obtener otras más grandes. Dios paga abundantemente nuestros pequeños sacrificios, ya en esta vida, con la alegría de servirlo… pero llenándonos de esperanza, como dice San Pablo: Porque la leve tribulación de un instante se convierte para nosotros, incomparablemente, en una gloria eterna y consistente, ya que nosotros no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son pasajeras, y en cambio las invisibles, eternas. (2Co 4,17-18)

Pero ya una vez que se traspasa el límite en el aeropuerto, donde uno deja a los últimos conocidos, se entra en el viaje a la misión, se pone la cabeza en eso, y vas cayendo de nuevo en tu realidad. Al bajarme del avión en Sudáfrica, había un grupo controlando los pasaportes y certificados de vacunas. Espero que me toque en turno cualquiera de ellos. Cuando se desocupa uno, me dirijo hacia él y sonríe (cosa que me dejó totalmente tranquilo). Me pregunta si soy sacerdote católico, mientras recibía mis papeles. Le dije que sí, y me responde: Yo también soy Católico Apostólico Romano. Me devuelve los papeles y le digo que me dirijo de regreso a mi misión en Tanzania. Se lo vio contento de encontrar un sacerdote allí. Esa fue mi bienvenida al continente africano… la mejor forma de llegar, viendo cómo vive esta gente su fe.

Luego de muchas horas de viaje y vuelos, llego a Dar es Salaam… y apenas se llega, se reconoce estar “en casa”. En la manga que sale del avión lo “golpea” a uno un calor húmedo, como en que no había sentido en estos dos meses y medio en Argentina. Al bajar las escaleras para el control de pasaportes, me encuentro con una multitud en una sala abarrotada, muy calurosa y ruidosa, llena de bullicio… con algunos policías de migraciones tratando de poner orden… ¡Bienvenido a Tanzania! Todas las casillas de control tenían una gran fila de gente. Cuando me toca el turno, le explico a la persona de migraciones que se me había vencido el permiso en los días de vacaciones, porque debí quedarme a causa de la operación, y que tenía los trámites hechos de la renovación… etc, etc. Y me sorprendió que me escuchó, y al instante puso el sello. En fin, estamos en Tanzania, y eso es lo bueno, que la gente aquí toma las cosas de otra manera… creo que es más personal y humano. Y siempre noté mucho respeto…En medio de ese caos, algunos que me veían de sacerdote me sonreían, otros que se chocan con las valijas, piden disculpas… Qué bueno es esto, es como estar en un pueblo, y espero no exagerar, pero fue mi impresión. Hasta en un momento, en que puse con dificultad todas las valijas en un carrito, porque eran tres y bien pesadas, resulta que el carrito tenía las ruedas frenadas… debía correr, tomar otro, y traspasar el equipaje. Cuando lo terminé de hacer, viene alguien que me dice muy simpático… “Es para probar su paciencia, padre”. Me hizo reír… y ver cómo se toman las cosas aquí.

Y qué más decir que cuando llegué al alojamiento, que es una casa de huéspedes que tienen varias diócesis de Tanzania, te reciben con sonrisas y el tan amable “Karibu, karibu sana!” (Bienvenido, muy bienvenido). Esta gente sí te hace sentir a gusto… y que te den ganas de regresar. Antes de ir a descansar un rato pregunté a qué hora podía celebrar la Misa en la capilla. Cuando llegué a la sacristía, dos horas después, ya estaba todo preparado. Al entrar revestido en la iglesia, veo a una hermana que estaba haciendo su oración, sola y en silencio. Le dije que tenía que celebrar la Misa, y que la interrumpía… pero ella me dijo que con gusto se quedaba a participar. Allí entonces celebré mi primera Misa de regreso en Tanzania. Me alegró la caridad paciente de esta hermana… quien participó, leyó las lecturas, respondió a todas las oraciones… Me sorprendí nuevamente rezando en swahili… algunas palabras me costaban pronunciarlas, y otras las había olvidado. Pero agradecía a Dios de todo corazón en el momento de la consagración, al elevar la hostia y el cáliz. Estar de nuevo en la Misión, estar de nuevo en Tanzania, ofreciendo el Santo Sacrificio… ¡Gracias Señor! Puesto que es lo más grande que puedo hacer aquí, más allá de mi swahili, y más allá de las obras misioneras, de edificar y hacer, lo más importante, ofrecer la Misa. Y de allí descenderán las bendiciones sobre toda nuestra misión, sobre todas las demás obras. Las palabras de la oración final de la Misa, en el día de San Martín de Tours, fueron un buen recibimiento: “Procuremos ser totalmente de Dios como lo fue San Martín quien se ofreció sin reservas a su servicio”.

(Continúa…)

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