Regresando a la misión (2/2)

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(Continuación)
Hoy domingo, por la tarde, cuando ya no se hace sentir el sol, salí a caminar por Dar es Salaam. Todo es muy tranquilo, con la mayoría de los comercios cerrados. Y les cuento esto porque si bien es un detalle, es algo que muestra cuán diversa es la cultura que nos toca misionar… y es un episodio que nunca soñaríamos que nos pasara estando en nuestra patria. Probé de ir a cortarme el pelo en lo de un indio (de la India), que son los que suelen saber cortarnos el pelo, ya que los Tanzaneses sólo se pasan la maquinita y listo. Cuando entro no había nadie, y el peluquero estaba hablando por teléfono. Me hace señas de que tome asiento en el sillón de peluquería, y él sigue hablando animadamente cerca de diez minutos más… hablaba en “hindú o indio”… no sé, la cosa es que no se entendía ni jota. Mientras tanto comienzo a mirar todo lo que adorna la peluquería, y entre las propagandas de champú y acondicionadores con fotos viejas, veo en una esquina las fotos de algunas divinidades hindúes. Siempre esas figuras horribles, con muchos brazos, piernas, y cabezas… delante había un plato con algún instrumento como para poner sahumerios. Comienza a cortarme el pelo, y a hacerme preguntas en inglés. Para los indios, descendientes de indios que ya han nacido en Tanzania, les sigue siendo más familiar el inglés que el swahili. La anécdota fue que me pregunta de dónde soy, y ante mi respuesta de que soy de Argentina, se trasluce un signo de interrogación en su rostro… y le digo: América del Sur. Ah, claro, me dice, Donald Trump. No, -le corrijo- América del Sur, estamos muy lejos de Estados Unidos. ¿Ha oído hablar de Messi? (esta referencia siempre me saca de apuros) Pero esta vez, también hubo otro signo de pregunta… Lo cual en parte me alegró, porque me muestra lo distante que estamos y lo distintos que somos. Me he sorprendido en los días de vacaciones cuán pocas noticias internacionales escuchamos… y qué poco conocimiento tenemos de lo que pasa “fuera de nuestro mundo”. Y qué difícil que es para alguien de estos lados imaginarse cómo es nuestra vida… así como para muchos imaginarse cómo es la vida en África. Simplemente traté de ubicarlo geográficamente… al sur.


Pero esta “ignorancia suya” sobre mi origen, me dio a entender más lo que puede “ignorar” sobre lo que hago por estos lados, quién soy. Me preguntó porqué estaba aquí en Tanzania, si por trabajo o negocios. Le dije que soy sacerdote católico, soy misionero. Evidentemente, como se imaginan, tuve que hacer más aclaraciones… ¿Qué es eso?, me preguntó con toda inocencia. Soy sacerdote católico, soy cristiano -para más acercarme a lo que él pudiera conocer por el trato con la gente de aquí-. “¡Ah, sí, eres cristiano! – me dijo- ¿Y qué hace el sacerdote?” Se imaginan que debía tratar de explicar algo en mi pobre inglés… y ayudarme en algunos momentos de algunas frases en swahili para salir del paso. Pero en resumen le dije esto: Soy sacerdote, dirijo una parroquia, es decir, una comunidad de cristianos. ¿Tu diriges las oraciones? Me preguntó con cierta admiración. Claro -y me alegré de que este fuera el punto donde pudiera entender algo de lo que es un sacerdote-, dirijo las oraciones, visito las aldeas para dirigir las oraciones, visitar enfermos y llevarles una palabra de aliento, rezar con ellos… (sabía que si nombraba la palabra Misa o Sacramentos, lo dejaría totalmente en ascuas). Ya estábamos parándonos, y sacudiendo el mantel que me había quitado. Había gente esperando y no podía extenderme más… saqué el dinero para pagarle, y me dice: “No, sólo la mitad, le cobro la mitad… usted es sacerdote, es un hombre de Dios.” Y me lo decía con verdadera alegría. Le agradecí, pregunté su nombre, y le dije que rezaría por él. Me agradeció de nuevo, y me dijo otra vez que estaba contento de poder ayudar a un sacerdote.


Me fui de allí, camine un buen rato pensando en esto… estoy recién llegado a Tanzania, de regreso en mi tierra de misión… y aquí ante mis ojos tuve a alguien que no conoce nada de dónde vengo, ni qué es el cristianismo… sólo ha escuchado algo, sin saber de qué se trata. Pero pude ver un buen corazón, alguna luz que ilumina esa alma. Rezaré por él, por cierto. Y ustedes también… no me pregunten el nombre, era rarísimo… algo así como Requesh, y eso que se lo pregunté dos veces. Algo tan raro y extraño, como a él le parece mi cultura. Recemos por él, y por todos los hombres de buena voluntad, que puedan llegar a la verdad plena.


Estoy recién llegado, y puedo ver mi tierra de misión. Estamos en tierra de misión. Estamos en misión Ad Gentes… hay tantos que no conocen a Cristo, y muchos de ellos en su corazón deben ser llamados de maneras tan admirables. Dios nos conceda ser fieles a nuestra misión, y que podamos hacer conocer el nombre de Cristo en los confines de la tierra. Como predicaron Pablo Y Bernabé en Antioquía de Pisidia: Pues así nos lo mandó el Señor: “Te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta los confines de la tierra”. Al oír esto los gentiles se alegraban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna. (Hech 13,47-48)
¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.
PD: las fotos son de mi llegada a la misión de Ushetu… de lo que ya les contaré.