Recien me entero que comí carne de jirafa

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Ushetu, Tanzania, 4 de febrero de 2017.

En el viaje uno de los monaguillos me preguntó si a ese lugar hacía dos años que no íbamos a celebrar la Misa. Le dije que no, que hemos ido varias veces el año pasado, no tantas, pero hemos tenido varias ocasiones de ir. Me dijo que se acordaba una aldea a la que él me acompañó, y que no hemos regresado. Hice memoria y recordé una de las de esa zona que hace mucho no vamos… se llama “Kona nne” (cuatro esquinas). “En esa aldea comimos carne de jirafa, ¿no se acuerda padre?” la verdad que me tendría que acordar de una cosa así… le dije que recordaba todo exactamente, que comimos en la casa del catequista y que fuimos con el P. Damiano que estaba de visita. Escribí una crónica de aquél día. Pero claro, yo estaba en los inicios de mi swahili, y seguro que me dijeron que era carne de jirafa, y no debo haber entendido ni jota. La debo haber comido como si comiera cualquier otra cosa. Me causa gracia enterarme de eso dos años después… Ahora puedo decir que comí carne de jirafa, pero si me preguntan cómo era, no me acuerdo.


Ya me han escuchado hablar varias veces sobre esta aldea a la que nos dirigíamos ahora, donde estuvimos con el P. Gustavo Nieto, el superior general en el mes de noviembre. Esta vez era para celebrar la Misa y hacer los bautismos de los catecúmenos que se prepararon durante el año pasado. Eran cinco niños de edad de escuela primaria, cuatro niñas y un varón. A ellos se sumó el bautismo de un niño pequeño. Me agradó mucho llegar a la aldea. Siempre hay muchos niños y niñas de la escuela primaria que corren detrás del auto y piden que los llevemos… evidentemente imposible, porque son cientos. Ya conocen el auto, y esperan a que venga el P. Víctor, que es quien ha jugado con ellos varias veces en la cancha junto a la iglesia.


La capilla estaba bien limpia y adornada. La gente esperando allí. Mientras me puse a confesar afuera comenzaron el rezo del rosario adentro. El clima es ideal en este tiempo, porque con las lluvias refresca, y los paisajes muy bellos, con los cultivos pujantes de maíz y tabaco… todo verde. En la aldea reinaba un inusual silencio, que me llamó la atención, debido a que como había llovido la noche previa, todos estaban trabajando en el campo. No había nadie dando vueltas por ahí sin hacer nada. Mientras confesaba iba haciendo las marcas en un ladrillo para saber cuántos confesé… la gente se acostumbra a la confesión frecuente. ¡Qué bueno sería si pudiéramos ir más seguido! Pero Dios dirá, tenemos que adaptarnos a sus tiempos.

 

Por ahora ya somos más sacerdotes, y eso nos anima con nuevas posibilidades. También estamos construyendo una casa atrás dela capillita, para que cuando vayan los sacerdotes a ese lugar se puedan quedar. Podrán ir dos padres, o uno acompañado de los postulantes y novicios, quedarse varios días, visitar las aldeas cercanas y celebrar Misa, confesar a todos los que quieran hacerlo, visitar los enfermos, jugar con los niños, hacer reuniones y dar charlas… en fin una pequeña misión. Esta capilla está a treinta y dos kilómetros, pero las capillas aledañas llegan a estar a cuarenta kilómetros de donde vivimos. No se puede ir muy seguido, el viaje es cansador, la gente te pide que te quedes, y no podemos. Por ahora no podemos.


De todos modos, según los tiempos de Dios, las cosas se van dando. Pude disfrutar de la Misa en esa capilla. Estaba llena y era día de semana. Había un coro que cantaba muy bien. Recuerdo que hace tres años allí había una capilla con techo de paja que ya se caía, y ahora hay una mas digna. La gente desconocía a los sacerdotes, los niños se asustaban. No se confesaba casi nadie. No sabían participar bien de Misa, hablaban, comían, y los niños jugaban adentro… ahora había un gran silencio, que me llamó la atención especialmente en el momento de la consagración. Me dijeron que quieren hacer una iglesia más grande porque esa ya les queda chica. Vi a los niños mejor preparados para el bautismo.


Las cosas se van dando, al tiempo de Dios, y al ritmo de África… que no sólo es ritmo musical, sino que es un tiempo, al que nosotros no estamos acostumbrados. Nuestra sociedad nos acostumbra a obtener todo de inmediato, instantáneo, o efectivo. Aquí rige la ley del “pole pole”, que quiere decir “despacio”, como una la expresión “piano piano” del italiano.

Todo es “pole pole”, porque la gente trabaja en el campo, porque no hay horarios de trabajo, ni de viajes, y muchos ni usan reloj. Ir a la ciudad significa tomarse un día o dos por lo menos. Si se construye, por ejemplo, los materiales se traen en carreta (los ladrillos, arena, piedras, ripio, agua, todo…). Y los bueyes van a su ritmo cansino, y a veces a la tarde ya no pueden jalar la carreta, y otras veces se les escaparon… todo va “pole pole”.


Nosotros como misioneros debemos adaptarnos al lugar donde vivimos, aunque no quiere decir que nos dejemos llevar por el “pole pole”. Tratamos en la medida de lo posible, llevar las cosas adelante. Lo que importa es perseverar y ser pacientes. Son actos de la virtud de la fortaleza, debemos tratar de ser fuertes, pedir a Dios que nos ayude con sus dones… y la obra se dará, “pole pole”.
Luego del almuerzo les pregunté si puede ser posible que me hayan dado de comer carne de jirafa, o si sería un disparate del monaguillo. No se rieron para nada, todo lo contrario, me dijeron que sí, que a veces por esa zona se consigue carne de animales salvajes, porque hay una gran reserva colindante. Les dije que la próxima vez que les traigan carne de jirafa, o de gacela, o algo así… me avisen, y venimos todos los padres a visitarlos. Mirá de lo que me vengo a enterar dos años después…

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.

¡Agradecemos a todos los que ya se han sumado a la campaña para construir el futuro noviciado!
Los invito a que más gente se sume a esta iniciativa para la formación de los futuros sacerdotes: http://ivetanzania.org/…/ayudanos-construir-noviciado-tanz…/