Quieren tener un lugar para rezar

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Alejandría, Egipto, 20 de junio de 2018

Hace varias semanas que no les cuento nada sobre la misión. Algunas personas me comenzaron a preguntar si no nos había pasado algo. Y lo que nos ha pasado es que hemos tenido muchísimo trabajo, tanto trabajo y cansancio, que nos impedía hasta dedicar el tiempo de la noche para escribir. Podría dejar de lado contarles sobre la visita a dos aldeas, como Mliza y Senai, porque no se trata de nada que llame mucho la atención. Pero les prometí en la última crónica que les contaría, y además siempre hay que decir de estas visitas, algo nuevo se aprende. Si miramos atentamente los acontecimientos cotidianos, algo nos enseña Dios. Debemos tener la capacidad de sorprendernos ante las cosas más simples.
No recuerdo exactamente la fecha en que sucedió esto que les cuento. A la aldea de Mliza llegamos luego de celebrar misa en Nyamilangano un domingo. Esta aldea está un poco abandonada, por la distancia, porque el camino para llegar es muy malo, porque en tiempo de lluvias a veces no se puede llegar en auto, y de esta manera se convierte en un lugar donde el cristianismo todavía está en sus inicios. 
En el viaje de ida nos encontramos de frente con dos camiones atascados que transportaban tabaco. Por suerte pudimos esquivarlos desviándonos fuera del camino, por un campo arado. Luego pasamos por Ngokolo, y antes de llegar a Bukomela nos desviamos a la izquierda… y allí el mal camino se transforma en pésimo. Pero el paisaje por el que se viaja es realmente hermoso. El camino tiene la dificultad de que está lleno de ramas, ya que a este lugar no llegan ni los mini buses de transporte. Sólo llegan los camiones para recoger el tabaco, una vez al año.
Al llegar nos esperaban todos para la misa, y salieron a recibirnos. La misa sería en un depósito de tabaco que estaba desocupado y nos prestan para rezar, porque la iglesia se cayó durante las últimas lluvias. A pesar de ser tarde, siempre piden confesiones. Me puse a confesar mientras las hermanas preparaban las cosas de misa y se rezaba el rosario.
En la misa los niños estuvieron especialmente inquietos. Esto nos muestra mucho la necesidad de ir más veces, y lo abandonados que están en materia de fe. Muchas veces pasa, que los chicos no saben participar de misa, pero es signo de que nosotros llegamos pocas veces al año esos lugares, y que hace falta seguir evangelizando, catequizando. De todos modos, había mucha gente, para ser Mliza. Me sorprende, porque hace varios años, tres o cuatro, siempre venían muy pocos fieles, y casi nadie accedía a los sacramentos.
Luego de la misa les dije que vayamos a ver la iglesia que se había caído, y tomemos algunas fotos allí. Me admiré de ver la cantidad de niños que venían detrás mío… y que habían participado de misa. Nos sacamos una foto todos juntos en el frente de la iglesia derrumbada, y se puede ver la cantidad de gente que allí participa de la actividades dominicales (ya sea misa o liturgia de la palabra). En verdad que necesitan un lugar para rezar.
Antes del almuerzo fuimos a ver a una anciana, para darle la unción de los enfermos. Como es costumbre, suelen estar sentados afuera, en el piso, bajo alguna sombra. Nos acompañaron los niños también, que es bueno para que ellos vayan aprendiendo y viendo cómo se debe pedir y recibir los sacramentos. Esta señora necesita ir al dispensario, pero bien veíamos con las hermanas que es tan difícil para ellos poder acceder al servicio de salud, por estar lejos (en el caso de nuestro dispensario de Ushetu, a 30 km), y por no tener dinero para el viaje (recordemos que no hay vehículos de transporte público que lleguen a esta aldea). Es muy costoso… incluso físicamente. Imagínense a una anciana de más de 80 años, que está sufriendo dolores y enfermedades, que deba ser subida a una motocicleta, y viajar 60 kilómetros por camino de tierra entre ida y vuelta. Muchas veces prefieren quedarse como están… y simplemente… esperar. Siempre que veo estos casos, valoro tanto el sufrimiento de los pobres.
Después de almorzar y después de comenzar el viaje, nos detuvimos con las hermanas para sacar fotos en el lugar donde quieren construir la nueva iglesia. Ya han hecho los cimientos, totalmente con colaboración de los mismos fieles, que han llevado piedras, arena, agua y aportado para comprar cemento y pagar a los albañiles. Pero les queda todavía un largo camino, y esperamos poder ayudarles. Veo la foto de la cantidad de gente que allí va a rezar, y pienso que esa iglesia estaría llena desde un principio.

De la aldea de Senai les cuento más brevemente. Me pidieron que vaya porque querían que bendijéramos los cimientos para la construcción de una nueva iglesia. Es impresionante, se están construyendo capillas en todas partes.

Es bueno, porque muestra que la feligresía crece, y que hay mucho entusiasmo. En esta aldea, recuerdo que cuando estuve en el año 2013, apenas vinieron a rezar unas 15 personas, y pocos niños. Un ambiente frío y tímido. Sin embargo ahora, y luego de haber cambiado al catequista, hay una comunidad pujante. La iglesia se llena, y más de la mitad son niños. Saben participar muy bien de la Misa. Hay coro, y un buen grupo de la Legión de María. Quisieron que luego de la misa todos comamos allí, como una sola familia. Un ambiente muy lindo, alegre, sencillo. Se cocina afuera de la iglesia con leña, las señoras en la cocina, los hombres en la sombra de los árboles, los niños corriendo por todos lados. Terminada la comida, todos se quedan en el fresco, conversando, sin ningún apuro.


Es verdad que la iglesia es vieja, ya necesita arreglos, pero sobre todo, ya queda chica, y quieren hacer una capilla más grande, y más duradera. Han comenzado a llevar piedras para los cimientos, y esperan poder seguir de a poco, con la colaboración de todos. También destaco que en este pueblo siempre hubieron muchos paganos, y todavía hay. Pero la fe va creciendo. Y hasta el ambiente del pueblo va cambiando. Cuando pasamos por allí casi todos saludan, los niños, las señoras que llevan baldes de agua en la cabeza, los hombres con sus herramientas, y hasta los que están sentados en los techitos donde se toma café, charlan, y juegan juegos de mesa…

Creo que es algo muy natural. A todos nos gusta tener un lugar para rezar. Sabemos que se puede rezar en todas partes, y en todo momento. Podemos rezar mientras trabajamos, mientras viajamos, y nos agrada mucho poder rezar en un lugar tranquilo, ante un hermoso paisaje, caminando, rezando el rosario. Pero también es verdad que necesitamos un lugar para dar culto a Dios, un lugar que, hasta en la Sagrada Escritura encontramos innumerables veces, se consagra a Dios. Y nos gusta que este lugar nos separe de lo cotidiano, nos transporte a lo sagrado. Ellos podrían pedirnos muchas ayudas, muy necesarias… sin embargo, nos piden sobre todo, tener un lugar donde rezar, donde reunirse, donde enseñar el catecismo, donde cantar, y alabar a Dios. Saben que ese lugar es el centro y la vida de una aldea, es la iglesia. De allí vendrá todo lo demás… porque “se dará por añadidura”.

¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE.