Que no sean sólo números

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Ushetu, Tanzania, 20 de diciembre de 2018

Creo que cuando escribo noticias de estos lados, una de las cosas que llama más la atención son los números. Hablamos de cientos, doscientos, trescientos… y parece increíble. Es admirable, realmente, y siempre le damos gracias a Dios. Pero los que estamos en la misión, no nos sorprendemos tanto, porque por estos lados, siempre es así. Aunque es verdad, si se trabaja, los números son cada vez más grandes.

Podemos decir que la semana pasada, sí nos sorprendimos un poco. Hicimos el encuentro de las niñas de la parroquia, las “Watoto wa Yesu”, ¡y llegaron a ser cuatrocientas cincuenta! El año anterior fueron doscientos setenta. Este año casi se duplicó el número.

 

¿A qué se ha debido esto? Pensamos que las causas son varias. Lo primero y principal, es que las niñas se van muy contentas cada año, y contagian a las demás. Recuerdo que el año pasado, de una aldea que está a casi 35 km, nos dijeron, “el año que viene, vamos a ir muchas más”, y así ha sido en casi todas las aldeas. Pero se suman otras causas que han ayudado al incremento de participantes. Por una parte, se nos aumentó la parroquia, o digamos mejor, que son dos parroquias, y por lo tanto con más aldeas. esto significa más gente, y más participantes en todo lo que organizamos.

De las ocho aldeas nuevas que se sumaron hace unos meses, vinieron más de cien niñas. Finalmente, nos pusimos en campaña, buscamos dinero, y les dijimos a ellos que colaboren con una parte al menos, y buscamos poner transporte para que pudieran venir muchas más. Sucede que varias aldeas son muy lejanas, y el viaje es muy costoso, y sacrificado. El año pasado vinieron cuatro chicas de Makunga, a 24 km de nuestra iglesia parroquial, y vinieron caminando y se volvieron caminando.

Así que este año las hermanas tuvieron un trabajo muy grande, ya que fueron llegando y llegando, hasta completar el número de 450. Además Dios dispuso que los días del encuentro, que fueron cuatro, lloviera cada día. No llovía todo el día, sino sobre todo por la tarde. Pero el segundo día llovió realmente mucho, en gran cantidad. Se complicaba todo, la cocina, las comidas, los movimientos, y hasta los lugares para dormir, ya que en el salón dormitorio salieron a relucir muchas goteras, que nosotros no teníamos identificadas.

Sin embargo la felicidad ha sido muy grande. Las chicas estaban con frío, tapadas con sus telas de colores, pero nadie se quejaba de nada. Fui algunas veces a alentar a las cocineras, que estaban trabajando debajo del agua, con frío y sin luz, para cuatrocientas cincuenta niñas. También estaban felices, y si yo les nombraba como una dificultad el tema de la lluvia, ellas me decían: “Es una bendición padre, tenemos agua para los campos”. Y también me dijeron, “¿Qué problema puede haber en cocinarles? ¡Son nuestras niñas!”

 

Las actividades, fueron más bien las de un campamento, con muchos juegos, pero también con momentos de charlas, oraciones, rosario y la santa Misa. Sin embargo, lo que siempre destaca en el campamento de las chicas, es que están todo el tiempo cantando y saltando. Son incansables en eso, y además esto le dá un clima de mucha alegría siempre, aún cuando están haciendo la fila esperando la comida.

La iglesia estaba llena de bote a bote con las niñas, y en la Misa de clausura, todas las que tenían su uniforme blanco y amarillo, bailaron en la Misa, pero desde sus lugares en los bancos. Era algo hermoso verlas moverse en perfecto orden, una multitud tan grande de niñas. Era el día de Nuestra Señora de Guadalupe, y aprovechando que tenía una imagen, copia fiel del original, y que tomó gracia de la sagrada Tilma, pude contarles la historia de las apariciones y la impresión milagrosa de la imagen. Escucharon muy admirados todos, y hasta algunos hicieron un gesto de sorpresa cuando les conté que cuando desplegó la tela, para dejar caer las flores, apareció la imagen de Nuestra Madre.

Miraron la imagen con gran admiración, y sobre todo se veía mucho cariño en sus miradas. Les recordé espcialmente las palabras de la Virgen a San Juan Diego: “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿no estás bajo mi sombra? ¿no soy yo tu salud? ¿no estás por ventura en mi regazo? ¿qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa”.

A veces nos sorprendemos mucho por las cantidades y números de participantes en estas actividades. Pero hay que sorprenderse más del gran trabajo que Dios va haciendo en las almas. La gran mayoría de ellas comulgaba, y casi todas se confesaron. Los sacerdotes estuvieron horas y horas confesando, al costado de la cancha mientras el resto seguía en sus juegos, luego en las charlas, en las oraciones… hasta la noche confesando.

Quiero con esta crónica agradecer especialmente a las hermanas, que trabajaron mucho, y bajo el agua. Fue un trabajo muy grande, y muy bien hecho. Dios les premie con numerosas vocaciones de estas tierras.

Destaco la gran alegría de las niñas que venían por vez primera, que procedían de las aldeas nuevas. Ellas decían que nunca habían vivido unos días así. Nos agradecieron mucho, y cuando los misioneros llegan a sus aldeas, muchas veces por primera vez, hay un grupo que nos recibe como si nos conocieran desde hace años… las Watoto wa Yesu.

Luego de navidad tendremos el encuentro de monaguillos, que esperamos sea más participado que el del año pasado. Aunque nunca llegan a igualar el número de las niñas, sin embargo, es una muy buena cantidad.

Dios los bendiga a todos. Gracias por sus oraciones. Y gracias a los que colaboran con estos niños, con sus ayudas para que puedan tener un transporte para venir y regresar a sus casas, y cuantos han colaborado para que podamos darles algún pequeño regalo.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE