¡Qué bueno que es volver!

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Ushetu, Tanzania, 22 de agosto de 2016.

Qué bueno que es volver. Me doy cuenta de que estaba muy acostumbrado a este lugar, a este silencio de la noche, a la tranquilidad de la vida de la misión. En estos momentos en que escribo, se goza una profunda quietud, sin viento y el aire cálido. Tal vez el tiempo que debí estar fuera de la misión, estos dos meses, me han hecho ver lo acostumbrado que estaba a esta vida. Aquí en medio del campo, a esta hora, la diez de la noche, hay un gran silencio, porque todo el mundo se acuesta temprano, al llegar la noche todos se reúnen junto al fuego, cenan, y luego de algunas conversaciones, se van a dormir.

Nuestro mundo moderno con sus comodidades de electricidad y medios de comunicación, nos hacen trastocar este orden. Esta es hora de ir a descansar, donde se escucha el silencio y se siente el aire caliente, que poco a poco refrescará durante la noche… No se usan ni ventiladores ni aires acondicionados. Y estamos acostumbrados… dormimos como angelitos.

Capítulo

Y les cuento que regreso luego de participar del VII Capítulo General de nuestro Instituto religioso del Verbo Encarnado. Ha sido una gracia muy grande para mí. Comenzando por el hecho de ser la primera vez que me toca participar, y el gozar de la confianza de mis hermanos sacerdotes y religiosos de la provincia, que han querido que vaya como uno de los representantes de la misión en Medio Oriente y África, la provincia Nuestra Señora del Destierro. Ha sido una gracia inmensa el poder encontrarme con los sacerdotes que presentaban a todas las misiones del Instituto en el mundo, de todos los continentes, y de misiones tan entusiasmantes como China, Ucrania, Papúa Nueva Guinea, Rusia, Brasil, Egipto, Filipinas, Irak, Tierra Santa, Franja de Gaza, y un muy largo etcétera.

Capitulo 2

Pude aprovechar a conversar con ellos, los misioneros, y escuchar sus relatos de viva voz, en amenas conversaciones en la mesa, y en paseos y salidas. Escuchar sus reflexiones misioneras en las buenas noches luego de la adoración. Testimonios muy fuertes, sobre todo los que escuchamos de los padres que están en Irak y en la Franja de Gaza. Lamentablemente el misionero que debía venir desde Siria, no pudo salir del país. En uno de esos días nos envió un saludo grabado, y de fondo se escuchaba el estruendo de las bombas. Todos ellos nos contaron de los peligros vividos en esas misiones, de los atentados que han visto muy de cerca, y de los misiles que han escuchado silbar sobre sus cabezas… y la posibilidad del martirio muy cercana, con el Estado Islámico a 20 km de sus casas. Nos han enseñado todos esos misioneros sobre el amor a las almas, por las que vale la pena sacrificarse. Nos contaron de la decisión tomada de permanecer voluntariamente acompañando a los cristianos que más los necesitaban en esos momentos. Se imaginan que esas cosas no pueden pasar por nuestras almas sin dejar huella. Ha sido una gracia muy grande, ver la vida del Instituto y de sus misioneros.

Luego de esos intensos días, debí quedarme un par de semanas en Italia, por motivos de salud. Los misioneros cuando salimos de nuestras misiones apartadas, es una de cosas que debemos aprovechar: visitar médicos, hacer controles, y volver de la mejor manera a continuar el trabajo. Ése tiempo allá, es tal vez lo que me ha hecho valorar tanto el estar en esta misión. No me di cuenta, hasta que volví a sentir las noches tranquilas y cálidas, lo acostumbrado que estaba a Ushetu.

Mezquita Cairo

Mi viaje de regreso estuvo enriquecido por dos días en El Cairo. Esta vez sí me di cuenta que el calor de mi misión es nada comparado con el de esta época en Egipto.

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Allí pude participar de una misa en el convento de las Servidoras en esa ciudad, y me alegré tanto de ver los frutos de la misión en esas tierras. Es increíble poder ver en un país de mayoría musulmana vocaciones egipcias, novicios y novicias, aspirantes y menores, hermanas egipcias, y sacerdotes egipcios 100%.

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Las obras de caridad, niños y niñas, discapacitados… realmente un oasis en medio de ese desierto musulmán. La casa de las hermanas se encuentra en un barrio que puede pintar la realidad de la vida de El Cairo, con su caos vehicular, la basura en las calles, y los innumerables minaretes que se escuchan al momento de la oración, superponiéndose sin poder contarlos. Y tal vez el contraste hace que sea mayor el ver la paz que reina de muros hacia adentro.

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Finalmente, el regreso a Tanzania. Me alegraba de escuchar algunas palabras en swahili cerca de la puerta de ingreso al avión… y me temía haberme olvidado todo. Por gracia de Dios no me he olvidado todo, sino tal vez falta de práctica nomás, y cambiar algunas letras. Creo que difícilmente me olvide, como lo saben los misioneros que han debido estudiar lenguas difíciles, que lo que costó sangre y sacrificio, queda grabado a fuego. Mi primera prueba de swahili fue apenas dejamos el avión y entramos en el control de pasaportes. Allí frenaban a todos los que teníamos cara de extranjeros… y pedían algo. Yo no sabía si pedían las visas o el certificado de la vacuna de fiebre amarilla, así que quise preguntar qué estaban controlando, pero en vez de decir “¿Qué controlan?”, dije “¿De qué se ríen?” Esto sí que los hizo reír, y me hizo señas la mujer policía de que pase. Les aclaro a ustedes que en swahili ambas frases sólo se diferencian por una vocal. Me causó gracia a mí también… ¡Bienvenido a Tanzania! El que controlaba pasaportes, tenía detrás del vidrio su cepillo de dientes con la pasta ya colocada… listo para usar. Me alegré de nuevo al arribar a nuestra formalidad tanzanesa, así de simple.

En el último vuelo, me encontré con un obispo y dos religiosas que viajaban en el mismo avión, pero cada uno por su cuenta. Esa es otra cosa que admiré y que muchas veces no caigo en la cuenta, y es la fuerte presencia de la iglesia católica en estas tierras. Eso hace que uno se comience a sentir en casa, que hay gente que te recibe con amabilidad. Tanzania es un país con mucha gente buena.

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Serengeti

En Mwanza me esperaba el P. Víctor junto a dos voluntarios españoles, ambos por nombre Javier. Ellos estuvieron un mes en la misión y ya se regresaban, pero antes de irse pudimos disfrutar juntos de un paseo para ver los animales de África… un auténtico safari. Gracias a que ellos consiguen el dinero, y nosotros ponemos el vehículo y el guía que nos hace el favor, es que podemos gozar de una actividad tan deseada. Es un premio para los que han venido a trabajar duro en la misión como voluntarios, el que antes de despedirse puedan conocer algo tan propio de aquí.

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Al día siguiente dejamos a los Javieres en el aeropuerto y recorrimos en la camioneta las siete horas que nos distancian de la misión. Cómo no alegrarme de regresar si siempre hay una recepción digna de un gran personaje. Los niños esperando al borde de la calle, con ramas en sus manos, y cantos y más cantos… los monaguillos, y las niñas. Algunos jóvenes, los misioneros laicos, los trabajadores. En las casas vecinas saludaban con una gran sonrisa al ver pasar el vehículo… ¡Ya en casa!

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Agradezco muchísimo al P. Víctor quien se quedó a cargo de la misión en este tiempo, e hizo un excelente trabajo. Pero como no puede ser de otra manera, al regresar el párroco, luego de dos meses, ha comenzado el aluvión de pedidos de misas, casamientos, bautizos, misas en colegios, reuniones, festejos de aniversarios, misas de bendición de cosecha, trabajos para realizar en nuestra casa… y ¡bienvenido a Ushetu! ¡Esta es nuestra vida misionera! Qué bueno estar en casa, en esta noche tranquila, cálida y silenciosa.

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Gracias por sus oraciones, y a seguir rezando, porque como dijo nuestro nuevo superior general, “lo mejor, está por venir”.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.