Progresos de la misión en Mazirayo

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Ushetu, Tanzania, 28 de marzo de 2019

Llegar a Mazirayo nos produce un gozo especial, porque son los lugares más lejanos y pobres, pero sobre todo porque el grupo de cristianos te recibe con verdadera alegría. Están ansiosos de tener misa, se regocijan realmente al ver a los misioneros. Algunos días atrás fuimos hasta allí para hacer el retiro de cuaresma. Llegamos un poco más temprano de lo previsto, porque una parte del camino estaba arreglado, y eso nos acortó un poco el viaje. Se trata en total de 35 km de camino muy malo, a excepción de ese trecho que les acabo de contar.

Como en esta oportunidad iba yo sólo como sacerdote, comencé las confesiones lo antes posible. Las hermanas con algunos novicios se habían adelantado, saliendo antes de la misa que yo celebraba en el centro parroquial. Así que cuando llegué acompañado de otro grupo de novicios, los niños ya habían comenzado sus actividades de retiro con algunos juegos mientras esperaban a que llegaran más. La gente grande no era mucha a esa hora de la mañana, pero era bueno que comenzáramos y les diéramos tiempo a los que iban llegando de las aldeas vecinas. Tomamos el tradicional y casi “obligatorio” té, y nos metimos en el trabajo pastoral.

Los novicios se dividieron para ir dando charlas a la gente grande y a los jóvenes. Los niños descansaban un poco con algo de catecismo y cantos religiosos debajo de un árbol cuando ya el sol estaba muy fuerte. Yo me puse a confesar debajo de la sombra de unos bananeros, junto a la casa de los padres. Así fueron pasando las horas, mientras llegaba la gente y seguía confesando. Una gracia muy grande poder hacerlo, y darles la oportunidad a las personas de las aldeas más lejanas de poder acceder a los sacramentos.

En esta aldea hemos construido una casa para los misioneros, y allí incluimos padres y hermanas, porque se podrá utilizar para hacer “giras” apostólicas, tanto nosotros como también las religiosas en diversos turnos. La idea con esta casa es poder reducir la cantidad de viajes, y sobre todo la gran dificultad de llegar en el tiempo de lluvias. Teniendo este lugar, cuando vayan los sacerdotes, acompañados de algunos hermanos o novicios, podrán quedarse varios días, y desde allí visitar todas las aldeas de la zona antes de regresar. De esa manera podrán tener más misas, podremos llevarles un Sagrario por esos días al menos, enseñarles a hacer adoración… y de esa forma, de a poco, que Cristo Eucaristía vaya reinando en esos lugares donde no es conocido el evangelio, y habitados en su mayoría por paganos. Esta casa ya casi la tenemos terminada, estamos en los últimos pasos para que quede habitable.

Sin embargo la capilla ha quedado muy pequeña y pobre, pero es nuestro plan que el próximo trabajo sea el de construir una iglesia grande. Es necesario por la cantidad de gente, pero sobre todo porque será la iglesia del centro, y allí se podrán tener las celebraciones más importantes del año, que congregarán a todas las aldeas aledañas, como el miércoles de cenizas, el Domingo de Ramos, retiros de cuaresma, la Pascua, misiones populares, etc. Que podamos tener esas actividades sin tener que estar dependiendo de si llueve o no llueve, si hay mucho viento o no, o si el sol parte la tierra. Además les cuento, para alegría especialmente de quienes le tienen devoción a esta advocación de la Virgen, ¡esta aldea tiene por patrona a la Virgen de Luján! Debemos obsequiarle una verdadera iglesia… aunque la iglesia de piedras vivas ya está en plena construcción, y me imagino que la Virgen se siente verdaderamente feliz de estar entre estos “negritos manueles”.

Cuando ya el sol estaba muy fuerte, nos juntamos en la pequeñísima capillita para rezar el rosario de la Misericordia, y el Rosario de la Virgen, con muchos cantos intercalados. Yo trasladé mi silla más cerca de la capilla, y vi que ni siquiera iban a poder entrar los adultos en la capilla. Esta vez no habían preparado ningún toldo afuera, y les dije que mientras rezaran, buscaran algo, porque si no, nadie iba a poder participar. En pocos instantes habían atado dos toldos a un lado, donde se sentarían los niños, un toldo al frente, para los adultos, varios hombres que estaban afuera, y otro a la izquierda donde se pusieron muchas mamás con bebés que pudieran llorar y gritar a sus anchas, sin disturbar la celebración. Como las ventanas están abiertas, sin ninguna reja ni nada, permite que los que están afuera puedan ver y participar. Teníamos un parlante que nos ayudaba a amplificar para que escuchen bien todos.

Me decían las hermanas que era muy difícil controlar a los niños, que muchos de ellos vienen de aldeas donde tienen la misa tal vez una o dos veces al año. Hablan en voz alta, se tiran y se revuelcan por el piso, etc. pero las hermanas y los seminaristas les van enseñando. De todas formas yo recuerdo que hace tres o cuatro años atrás, yo me la pasaba retándolos… ¡pero a los adultos! Una liturgia toda descuidada, pero más por ignorancia que por desidia. Y esto se notó en que ahora es impresionante como participan, todo preparado, lecturas y lectores, cantos, la gente que escucha los sermones atentísimos, y muchas comuniones, y con gran devoción… ¡es realmente un gozo poder verlos ahora!

Luego de la misa fuimos a comer, y aquí también seguía gozando interiormente… al verlos a todos en familia, y de ver el grato y alegre ambiente de la capilla. Los que pasaban miraban, y si bien no son cristianos muchos de ellos, a varios los atrae el ver la alegría y el clima de familia que reina en nuestras reuniones. Sin embargo no podíamos demorarnos más, porque sabíamos que nos quedaba un largo camino de regreso, y muchas personas habían venido de sus aldeas a pie. Entonces, a pesar del calor de las 4:00 pm, hicimos un vía crucis caminando por las calles del pueblo, con un verdadero sacrificio.

Nos despedimos y emprendimos el viaje. En un momento de distracción en el manejo pasé con la camioneta por encima de una raíz de un árbol, y quedó “colgada” literalmente. Por suerte, la pudimos sacar haciendo algunas maniobras simples y usando la doble tracción. Pero esto nos recuerda que no es bueno comenzar el regreso muy tarde, para no tener dificultades en el camino en lugares tan apartados. En otra parte, en el malísimo trecho a la salida del pueblo de Mazirayo las camionetas parecían que se iban a caer de costado, pero gracias a Dios pudimos pasar, con mucho cuidado.

Les cuento que de este pueblo hay un novicio en nuestro noviciado, quien quiere ser hermano coadjutor y se llama Petro. Se alegraron muchísimo de verlo por primera vez con sotana, porque solo algunos pocos habían podido participar de la imposición de sotanas en Navidad. Lo vieron a él y a sus compañeros, y es un gran orgullo para todos. En algunas ocasiones han hecho pequeñas colectas en la capilla para poder enviarle algo a Petro para comprar cuadernos, o ropa.

Este es el novicio hermano Petro de Mazirayo

Les agradezco a todos sus oraciones. Ya llevamos realizados cuatro de los nueve retiros de cuaresma. Les pido que sigan rezando por los frutos de estos trabajos, que mucha gente pueda acercarse a los sacramentos, y que los que todavía no han recibido la fe, se vean movidos por el ejemplo de los cristianos, y las invitaciones de los misioneros. Que Dios mueva esos corazones desde adentro.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.

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