Primeras Comuniones y Bautismos – P. Orazio, IVE

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Entre las ocasiones en que un misionero experimenta el ser un instrumento de Dios para la salvación de las almas, sin duda, una de las principales es la administración de los sacramentos, dado que por medio de estos Él comunica su gracia a las almas.

En mis cinco años de sacerdocio, habiendo trabajado en casas de formación, he podido hacer solamente cinco bautismos, en cambio en Ushetu he tenido la gracia de participar en varias ceremonias de primeras comuniones y también, el domingo pasado, de poder administrar veintiocho bautismos en Nyamilangano, una aldea de nuestra misión.

Veintiocho bautismos en algunas parroquias de Italia no se llegan a realizar ni en un año, en cambio en Ushetu son solamente una pequeña parte de los bautismos anuales, que el año pasado fueron cerca de 1.400.

Si consideramos que en nuestra parroquia, en la cual el Evangelio ha arribado hace pocos decenios, de las 80.000 personas que habitan aquí los no cristianos son cerca de la mitad, se comprende bien cómo este número de bautismos indica que hay muchas almas que se están acercando a nuestra fe en Jesús que ha dicho: “Yo soy la puerta: si alguno entra por mí se salvará” (Jn 10,9-10).

Estos veintiocho jóvenes y niños de entre 10 y 18 años de edad que se bautizaron se prepararon con un año de asidua frecuencia al catecismo.

En Italia generalmente son los padres de los niños los que deben inscribirlos al curso de catecismo, deben recordarles cuáles son los días de las clases y acompañarlos a la iglesia para asistir, en cambio aquí no. De estos jovencitos, muchos tienen padres paganos, pero comprendiendo la importancia del bautismo, son ellos mismos los que se deciden a recibirlo. Son entonces ellos los que deciden inscribirse al catecismo, que deben recordarse cuándo son las lecciones e ir, recorriendo varios kilómetros a pie bajo el sol africano o bajo la lluvia. Este sentido de responsabilidad así explicado, que madura en ellos aún en la edad infantil, es también debido a que los padres, para poder sustentar la familia, se ven obligados a hacer trabajar a los hijos ya desde pequeños, confiándoles oficios importantes y no fáciles. De hecho, caminando por las calles de Ushetu se ven niños de ocho años que trabajan con el azadón en el campo, otros que llevan las vacas a pastar, otros que transportan sobre la cabeza bidones de agua, etc.

De esta manera, para los jovencitos de Namilangano, después de un año de estudio y sacrificios, llegó el momento de recibir el sacramento del Bautismo. A la Misa, que duró unas tres horas, siguió la fiesta que duró otro tanto y en la cual todo expresaba la alegría de haberse convertido en hijos de Dios y herederos del Reino de los Cielos. Se podría decir que el almuerzo ha sido muy simple: arroz con porotos, un pedacito de pollo y una bebida, pero para ellos es el mejor almuerzo que se puede imaginar (costando unos 150 euros para 100 personas). Después de esto se cantó y se bailó, y finalmente estuvo la ceremonia del corte de la torta y los regalos. También estos han sido muy simples, pero muy apreciados por los niños que los han recibido con estupor: un rosario de plástico, una estampita del Sagrado Corazón, y una medalla de la Virgen Milagrosa. De esta manera, después de los regalos, se llegó al final de la fiesta, y ha sido hermoso ver a los niños y niñas que en pequeños grupos se dispersaban por los campos retornando a sus hogares a varios kilómetros de distancia, cantando festivamente, llevaban por la calle la alegría de haberse convertido en cristianos.

Primeras Comuniones

Hace dos años aquí en Uhsetu, para tratar de mostrar la importancia del Sacramento de la Comunión, se ha instituido la fiesta de primera comunión. Anteriormente el día de la primera comunión no se festejaba, y en cambio ahora se hace una fiesta que si bien para un niño europeo sería muy pobre y simple, para un niño de Ushetu es inolvidable.

Hace algunas semanas que fueron celebradas las primeras comuniones en la pequeña aldea de Mazirayo, pero que correspondían a todo el centro de Ubagwe. Allí uno de los regalos añadidos era un chupetín, que los niños han recibido felicísimos.

Allí, una niña de unos diez años, que en aquél día había recibido la primera comunión, tenía su chupetín entre las manos, y mientras estaba sentada, se le acercó un niño de unos dos años y sin malicia se lo arrebató para llevárselo.

Viendo el rostro de la niña se notó que estaba por decir algo, pero después se contuvo y no dijo nada para recuperar lo que era de ella. Yo pensaba, ¿porqué no habla? ¡No entiendo! Pero de repente después me he reprendido por no comprender cómo aquella alma, que por la primera vez recibía a Jesús en su corazón, quería coronar aquél día de gracia con un acto de caridad, renunciando a disfrutar, probablemente por primera vez en la vida, de un chupetín, para regalarlo a otro.

Así pienso que San Juan Bosco se refería también a los pequeños actos de caridad como éste, como a la fidelidad a los diez mandamientos, cuando decía: “El temor de Dios y la frecuencia de los santos sacramentos: he aquí lo que hace hacer milagros a la juventud”.

Entonces confiamos a la Virgen María todos los jóvenes de Ushetu, a fin que ella los disponga a recibir siempre mejor la gracia de Dios a través de los sacramentos.

P. Orazio Cangialosi, IVE.