Primer viernes lleno de bendiciones

En Uncategorized

Ushetu, Tanzania, viernes 5 de abril de 2018

A veces me pregunto qué cosas son las que más consuelo traerían al Sagrado Corazón. En nuestra misión esta devoción se va difundiendo más y más, y creo que estas almas que buscan amarlo y recibir los sacramentos, con mucha simplicidad y sencillez, lo consuelan en gran manera. Lo pienso al ver tantos devotos que vienen de lugares lejanos, muchos de ellos enfermos, otros ancianos y algunos muy pequeños. Se pueden contar muchos paganos convertidos que han abrazado esta devoción con gran fervor.

Por ejemplo, siempre me trae gran alegría ver a Joyce, una cieguita que viene de una aldea que queda a casi treinta quilómetros. La trae otra señora en bicicleta. Suelen venir la noche anterior al primer viernes de mes, para dormir aquí, y así participar del rosario, adoración, confesarse y comulgar en la Misa, siguiendo luego con todo un día de retiro. Y siempre con una gran alegría, haciendo honor a su nombre.

Oras veces se escucha destacar entre las voces de la gente que cantan los catos del Sagrado Corazón, la voz clara y cantarina de Margareth, una niña de seis años, que viene con sus mamá. Claro que no participa de todas las charlas en un retiro, pero creo que debe ser algo muy consolador para el Corazón de Jesús, ver a esta niña arrodillada entre sus devotos cada mes.

Al ver las fotos del mes pasado puedo ver otras dos niñas, de  unos doce años, de quienes ya no recuerdo el nombre, pero vienen de una aldea que queda como a quince kilómetros. Vienen caminando, y muchas de ellas bien solas, sin sus padres. En muchos casos sus familias son paganas.

Siempre viene mucha gente para el primer viernes de mes, pero muchos otros quedan sin venir debido a la gran distancia. Algunos venían de una aldea a 40 km., y venían en transporte público el día anterior. Otros en bicicleta, pero ciertamente que se hace muy sacrificado para la gente mayor, con deberes en sus hogares, y mujeres en su mayoría. Por eso decidimos tratar de celebrar la Misa cada primer viernes en dos lugares: en la parroquia y en la aldea de Kangeme. Ésta última, queda a 20 km, y donde pueden llegar más fácilmente los de ése centro de Kangeme, más los de Ilomelo y Mazirayo. Al menos se ahorrarían así 40 kilómetros de viaje entre ida y vuelta si les acercamos la Misa.

Al llegar a Kangeme comenzaron el rezo del rosario mientras el P. Víctor y yo confesábamos. Luego tuvo lugar la Santa Misa, y después de un descanso y desayuno tuvimos una pequeña charla donde les hablé especialmente de la historia de la devoción, de las apariciones a Santa Margarita, y sobre todo insistí en la devoción de los nueve primeros viernes de mes, y las promesas del Sagrado Corazón. Todos escuchaban interesados, y me llamó la atención la simpleza y sinceridad de las preguntas, donde consultaban sobre los pecados veniales y mortales, cómo se perdonaban los pecados veniales, cómo hacían para comulgar bien cada primer viernes, etc. Es gente muy simple, pero da gran alegría ver el deseo que tienen de progresar. Pensemos que muchos de ellos se han bautizado hace poco tiempo, y que vienen en ambientes muy paganos. Algunas señoras son casadas con paganos, pero luego ellas se convirtieron y así se bautizaron, y viven vida de sacramentos.

Recuerdo ahora el rosto siempre alegre de una señora que se casó hace poco, ella era católica pero nunca se casó por iglesia porque su esposo era pagano. Luego de tantos años, más de 25, su esposo recibió el catecismo, se bautizó y se casaron. La alegría que expresa esta mujer en su rostro es increíble. Ella misma nos dice siempre que se entristece de sólo pensar haber vivido tantos años sin comulgar, pero que Dios le tuvo tanta paciencia, y ahora está feliz, no desaprovecha la mas mínima ocasión para recibir los sacramentos.

No pudimos quedarnos más tiempo porque queríamos aprovechar, junto con el P. Víctor, a visitar dos aldeas donde están construyendo sus iglesias. Hemos recibido la generosa ayuda de benefactores de Argentina, que han juntado el dinero con mucho sacrificio, y recolectando entre amigos también. Yo ya les había entregado a los líderes la ayuda y quería ver cómo iban los trabajos. Llegamos a la primera, Itobora. Esta capilla la visitamos con el P. Carlos Ferrero, y vimos que se les había caído una pared por la lluvia, ya que los ladrillos son cocidos, pero pegados con barro. Levantaron de nuevos la pared, agregaron una viga y los ladrillos de arriba los pegaron con cemento.

Cuando llegamos estaban armando las cabreadas de madera para colocar el techo. Seguimos en tiempos de lluvias así que este paso es muy importante para preservar el edificio, y luego revocarlo para que dure más tiempo. Una alegría saber que van a poder tener su iglesia. Yo recuerdo que hace cuatro años celebré Misa en una capilla de barro, con techo de paja y toda destartalada. Muy pequeña y en medio de la aldea, donde se escuchaba la música, pasaban los borrachos, y no había ni lugar para que los chicos jueguen. Luego la capilla se cayó y comenzaron a levantar ésta, en otro lugar un poco mejor. Pero ya llevaban cuatro años, y mientras tanto rezaban debajo de un árbol. Están inmensamente agradecidos por la ayuda para terminarla al menos en lo esencial.

De allí fuimos a unas de las últimas aldeas para el poniente, se llama Salawe. Esta aldea es pequeña, y está muy llena de paganos. Los fieles cristianos son pocos, pocas familias. También los encontramos en pleno trabajo. Ellos recibieron la donación para techar la iglesia que habían construido.

Pero providencialmente cuando estaban haciendo los preparativos para poner el techo hubo una tormenta muy grande, que hizo que hasta se inundara de agua por dentro. Las paredes cedieron y se cayeron casi todas. Decimos que providencialmente, porque hizo que se pongan ahora a construir mejor que la primera vez. Les hemos dado la ayuda para el cemento, de esta manera ya están llegando a la altura de las ventanas. Están uniendo los ladrillos con cemento y van a colocar dos vigas de encadenado.

Al llegar Salawe se acercaron los niños de los católicos que estaban acompañando a los albañiles. Un grupo de mujeres que habían llevado la comida para los trabajadores. Allí nos tomamos algunas fotos, y luego nos sentamos a charlar con todos debajo de una muy agradable sombra.

Fue realmente hermoso, y lo disfruté. La gente nos pedía que nos quedáramos, y chalábamos un poco de todo. Estábamos en una ronda muy familiar grandes y chicos, hombres y mujeres, en una ambiente muy tranquilo. Habían bromas y risas, y también momentos serios. Admirados escuchaban la historia de la Virgen de Luján, por ejemplo.

Es verdad que no daban ganas de volverse, pero había que volver. El camino está en muy mal estado a causa de las lluvias, y nos llevaría un buen tiempo recorrer los 40 km de regreso a casa. En algunas partes debimos usar la doble tracción, y había mucha agua en gran parte del viaje. Además de que todavía no habíamos almorzado, y eran las cuatro de la tarde, así que más se añoraba el regreso a casa. Tardamos una hora y media en llegar. Durante el viaje veíamos lo bueno que es ver a esta gente entusiasmada construyendo. Se van trasmitiendo el fervor y ya son muchas las aldeas que están levantando una nueva capilla, o arreglando un poco la que tienen, otros comprando un terreno más grande para hacer una iglesia mejor, etc. Yo agradezco a los que nos envían estas donaciones para construcción de capillas en los lugares más pobres y lejanos, porque sin nuestra ayuda realmente no podrían.

Y como nos decía el obispo en su visita pastoral del año pasado, cuando llegamos a esta zona. Al ver lo lejos que estábamos, la gran cantidad de gente, y a su vez la gran pobreza, nos decía: “Está muy bien que hagan esto en estos lugares tan lejanos, los últimos de la parroquia y de la diócesis, porque si no vienen los misioneros, los sacerdotes, la iglesia católica… ¿qué será de esta gente? Sólo tendrían el paganismo, los brujos y las supersticiones, la vida pagana en definitiva…”. La vida triste y sin luz del que no ve el horizonte de vida eterna que nos espera.

Quitando tiempo al descanso me alegro de poder compartir esto con ustedes… ya muy entrada la noche. El viaje de hoy me dejó como “apaleado”, pero no puedo dejar de ponerme a escribir al menos estas simples ideas, porque fue un “primer viernes” lleno de bendiciones.

Gracias por sus oraciones, y sobre todo por su ayuda. Esta gente siempre rezará por ustedes. Y no saben ustedes lo poderosas que son las oraciones de los pobres… “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, se os concederá”.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE