Nuestras actividades misioneras de cuaresma

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Ushetu, Tanzania, 13 de marzo de 2019

El tiempo de cuaresma es muy intenso en nuestra misión. Pero me imagino que en todas las misiones y parroquias deben tener un gran trabajo y muchas celebraciones. No somos una excepción. De todas formas les cuento como son las actividades por estos lados.

En primer lugar, comenzamos con el miércoles de cenizas, precedido por un retiro de todos los catequistas de las dos parroquias. Los ausentes fueron muy pocos, gracias a Dios, así que tuvimos una excelente participación. Llegaron cincuenta y dos catequistas. Tuvieron charlas sobre diversos temas, meditaciones, y reuniones de liturgia. Pero lo principal era la oración, que ellos mismos se prepararan para comenzar la cuaresma con gran espíritu, y así lo pudieran trasmitir a todos los fieles. Se dio lugar a que todos se confesaran, y además tuvieron sus momentos de oración ante el Santísimo Sacramento, la Santa Misa, el rosario, y el Via Crucis.

Al amanecer del miércoles de cenizas, celebramos una misa especialmente para ellos, a las 5:30 am, y de esa manera pudieran ellos comenzar el viaje temprano para sus aldeas, para realizar la celebración de la palabra y la imposición de las cenizas bendecidas. Ése era nuestro plan, pero el de Dios era otro. Apenas terminamos esa primera misa, se desató una gran tormenta, que impidió por casi tres horas poder salir. Llovía a cántaros, y siguió lloviendo hasta la tarde, pero al menos cerca de las doce del mediodía pudieron comenzar a salir debajo de la lluvia que ya no era tan fuerte. Fue un sacrificio grande el que realizaron, porque muchos de ellos debían ir en bicicleta mucho más de quince kilómetros, algunos de ellos hasta cuarenta.

Por lo tanto, la segunda misa que tenía, me demoré en comenzarla, a ver si disminuía un poco el aguacero y llegaban más fieles. Expuse el Santísimo, rezamos el rosario de la misericordia y de la Virgen, bendición, y ya la iglesia estaba hasta la mitad. No podía demorarme más porque tenía una tercera misa en otra aldea, a veinte kilómetros. Durante la celebración fueron llegando y llegando, y al final de la misa estaba la iglesia llena. Llegaban empapados. Los alumnos del colegio secundario llegaron pasados por agua, porque el colegio queda a tres kilómetros de la iglesia, y vinieron caminando desde allá. Reconocemos que tienen una gran devoción a esta celebración, es admirable y ejemplar.

Para ir a la tercera misa que me tocaba a mí (aclaro porque los otros padres tenían otras misas), que estaba anunciada para las once de la mañana, salimos desde aquí a las doce. El camino estaba pésimo, y nos demoramos mucho. Había mucha agua, grandes charcos, y debimos hacer todo el viaje con doble tracción. Cuando llego a la iglesia de Kangeme, entro por la sacristía que está detrás del altar, y me quedo boquiabierto al ver una gran multitud, sobre todo de niños y jóvenes, llenando la iglesia, y hasta sentados en el presbiterio, sin dejar casi lugar para caminar. Me llenó de alegría esto. Impusimos las cenias entre cuatro y tardamos casi media hora, o al menos esa fue mi impresión. Todo comenzó tarde, y terminó mucho más tarde. ¡Ciertamente que un gran inicio de cuaresma!

Lo segundo que quiero contarles hoy es sobre los retiros de cuaresma. Ya los hemos comenzado en otros años, y les he contado en crónicas en su momento. Ahora como tenemos dos parroquias, disponemos de nueve centros. Los centros son los que congregan a grupos de aldeas. No vamos a poder ir a todas las aldeas a confesar durante el tiempo de cuaresma, es imposible, ya que son más de sesenta, y además están las distancias y los días no alcanzan. Por esta razón hacemos los retiros de cuaresma. La idea es que en cada centro se reúna la mayor cantidad  posible de gente de toda esa zona, de varias aldeas, y allí confesar a todos los que se pueda. Además, que tengan un día de oración, que escuchen enseñanzas, y así crecer en la fe. Hacemos actividades para los niños, los jóvenes y los adultos, pero los momentos de oración están todos juntos.

Esta vez estuvimos en el centro de Nyasa, que queda hacia el sur. Es una de las zonas más pobres de nuestras parroquias. Este centro no nos queda muy lejos, está unos 25 kilómetros, pero lo que hace que sea distante es el camino. Está en muy mal estado. Y como estamos en tiempo de lluvias, hay una parte que no se puede cruzar con vehículo de cuatro ruedas. Tuvimos que dar una vuelta de 55 kilómetros, saliendo hasta la diócesis vecina, pasando por el territorio de dos parroquias, y reingresando a nuestra parroquia por el sur.

Les cuento que nos trae mucha alegría llegar a Nyasa, puesto que hace seis años atrás consistía sólo en una pequeñísima capilla de barro y techo de paja, que ya estaba para caerse, más un pequeño grupito de fieles, y un gran ambiente pagano que los rodeaba.

Ahora, en cambio, ya tienen su iglesia grande, de ladrillos y techo de chapas. También consiguieron un terreno al lado, y comenzamos la edificación de una casa para los misioneros. Esta casa nos ayudará a mejorar la atención de toda esta gente, ya que como el viaje es tan largo, y los caminos tan malos, podremos quedarnos algunos días, y desde allí hacer un centro misionero, visitando las aldeas de toda esa zona.

El retiro fue hermoso, y muy participado. Podrán ver las fotos del Via Crucis, caminando por el centro del pueblo, y todos arrodillados en la calle, sin importar lo que pudieran decir los que pasaban. También fue muy sacrificado… hacía mucho calor en ése momento.

Después del Vía Crucis fuimos con el P. Víctor hasta Ndairunde, para ver cómo iban los trabajos de la construcción de la iglesia. Desde Nyasa son diez kilómetros más, y en la última parte se nos enterró la camioneta, usamos la doble tracción, y salimos inmediatamente. Desde esta aldea habían venido al retiro más de quince niños. Se alegraron muchísimo de saber que los llevaríamos de regreso, y fueron cantando todo el tiempo. La capilla va avanzando, y es increíble, ya que es la última aldea de la zona sur de la parroquia.

Regresamos casi sin demorarnos, porque nos esperaba el largo viaje, y no queríamos que se hiciera de noche en la peor parte del camino. De todos modos llegamos a la casa muy entrada la noche, después de haber recorrido unos 130 km por caminos malísimos. Se imaginan que estábamos muy cansados. Pero como siempre, muy satisfechos por el trabajo realizado. Ya hicimos el primer retiro de cuaresma de un centro, ¡sólo nos quedan ocho más!

Recen por nosotros. Y disfruten de las fotos.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE

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