Misión mariana

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Ushetu, Tanzania, 19 de junio de 2017

A veces para escribir se espera a estar inspirado, pero aquí la inspiración viene a cada momento. Hay miles de actividades, de situaciones, de apostolados, y lo que nos falta es tiempo para escribir, no la inspiración. Hace un par de semanas llevamos otra imagen grande de la Virgen a una aldea, y no he podido contarles de ello todavía. No quiero dejar pasar esto, porque quiero además, con estos escritos, dejar una pequeña historia de nuestra misión, que queden registrados estos momentos, aunque sea brevemente.

El domingo 4 de junio, en la Solemnidad de Pentecostés, llevamos la nueva imagen de la Virgen a la aldea de Ilomelo. ¿Porqué en Pentecostés?, se preguntarán… la verdad que no fue por ninguna razón especial, sino porque hacía tiempo que estábamos listos para esta fiesta, y no queríamos atrasarla más. Nos pareció bien que sea en domingo, y que sea en una gran fiesta como la de Pentecostés, el broche de oro de la Pascua. Tampoco estaba tan ajeno esto a la celebración litúrgica, ya que como sabemos, el día de Pentecostés estaban reunidos los apóstoles “con María la Madre de Jesús”. En esta aldea, que es bastante grande, todavía no tenían una buena imagen de la Virgen, y en esta fiesta la recordamos como “Madre de la Iglesia, y Reina de los Apóstoles”.

Esa es una de las imágenes que hemos traído desde Egipto, y particularmente esa es la que traje cuando volví de mi operación por aquellos lares. No es ninguna advocación particular, y les explico porqué. Estas imágenes se venden en El Cairo en las santerías de los cristianos coptos ortodoxos, y ellos no tienen advocaciones de la Virgen como nosotros, aunque copian imágenes católicas. Por ejemplo, venden una imagen de Cristo que semeja al Sagrado Corazón, pero sin el corazón visible, aunque toda la imagen nos lo recuerda, incluso con la mano derecha se señala el pecho. Lo mismo con imágenes de la Virgen que nos recuerdan a la Medalla Milagrosa, o la del Perpetuo Socorro.

Volviendo al hecho, nos esperaba un grupo de fieles y los líderes en la entrada de la aldea que se llama “Namba Sita” (es decir, “número seis”, así quedaron muchos nombres denominados como lotes o territorios, cuando llegaron las compañías de tabaco). Allí habían preparado un altarcito, y se estaba reuniendo gente.

Las hermanas comenzaron los preparativos para atar la imagen en el anda, y adornarla, mientras la gente cantaba y las “Watoto wa Yesu” (niñas de la Infancia de Jesús) bailaban. Cuando ya estuvo todo listo comenzamos la procesión con los que estaban, una centena de fieles ya estaba congregada allí, era suficiente, e resto se iba a ir sumando en el camino.

¡La primer procesión de la Virgen de este lugar! Nunca se había hecho, me dijeron. Esto explica las caras de admiración que se veían durante todo el recorrido. Muchos venían corriendo a ver, y se reían cuando estábamos lejos. Sin embargo era admirable que la gran cantidad de paganos, que venían a ver por si había algún show o algo parecido, se quedaban callados cuando pasaba la procesión rezando.

Había mucha alegría en todos los fieles. A medida que avanzábamos se iban sumando más y más personas. Se veía muy lindo el camino ascendente con la gente que bajaba para encontrar la procesión.

Caminamos un poco más de tres kilómetros, con la intención de pasar por toda la población, primero por “Namba sita”, y luego por “Ilomelo”, para llegar finalmente a la iglesia y comenzar la santa Misa. En el trayecto habían preparado otros tres altares para recibir a la Virgen. Quisieron que la imagen pasara por cada uno de los grupos de familias, o barrios.

El entusiasmo iba in crescendo, hasta tal punto que cuando ya comenzaron a bailar demasiado eufóricamente y cantar como hinchas de un partido político, teníamos que largar otro misterio del Rosario para retornar al clima de la procesión. Recordemos que era la primera vez en la historia de ese lugar que se hacía algo así, y con todo debemos ir formándolos y catequizándolos.

Al terminar la Misa hicimos la bendición de la imagen, y se siguieron los discursos, que tanto les gusta y no pueden faltar. Se deshacían en palabras de agradecimiento por llevarles la imagen. Pero el que más me sorprendió fue el catequista, Stanislawsi, quien agradeció por “llevarles la devoción a la Virgen”. Que la aldea tiene tantos años, pero que ahora están probando realmente lo que es la devoción, que están aprendiendo, y eso los llena de alegría y fuerzas. Nos pidió que lo sigamos haciendo, que les enseñemos más…

Yo les prediqué un sermón breve sobre el jubileo de los 100 años de las apariciones de la Virgen de Fátima, y la importancia de la devoción al rosario, los cinco primeros sábados, con la confesión y comunión, y la reparación por los pecados. Que no era casualidad que la imagen de la Virgen llegaba en medio de este Jubileo, así que debía crecer la devoción a la Virgen allí… y que ahora no hay que dejar sola a la Virgen. Tenemos que tener un grupo de devotos que se encarguen de honrarla: la Legión de María, el ejército de María. Al domingo siguiente fue el líder de la Legión de María de la parroquia, para explicarles, enseñarles, y abrir un nuevo presídium. Se anotaron inicialmente unas quince personas.

Durante la semana el catequista me envió este mensaje por el teléfono: “¡Alabado sea Jesucristo! Padre párroco, le agradecemos a la Virgen María que intercede por nosotros. Porque el domingo pasado vinieron muchos fieles a rezar, muchos de los cuales son nuevos totalmente, y otros que habían dejado de venir hace mucho. Le seguimos pidiendo a Ella que interceda por nosotros ante su Hijo, así un día lleguemos todos al Cielo”.

La devoción a Nuestra Madre es esencial a la fe Católica, y entra de lleno en la espiritualidad de nuestra Familia Religiosa. Pedimos la gracia de poder seguir trabajando en este sentido, que la devoción se difunda y arraigue más. Que podamos prepararlos dentro de poco para la consagración a María, con el espíritu de San Luis María Grignión de Montfort… que esta misión tenga la impronta de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, con una marcada espiritualidad mariana.

La Virgen nos conceda esta gracia.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.