Misión en Ilomelo, según Sus planes

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Ushetu, Tanzania, 12 de septiembre de 2018

La misión en Ilomelo salió no según nuestros planes, sino según los planes de Dios. Nosotros comenzamos a hablar con el P. Víctor de que tal vez convenía hacer una misión allí, porque desde que falleció el catequista Stanislawsi, había bajado un poco la asistencia a Misa y a la catequesis, lo mismos que a las demás actividades que fuimos organizando.

Pero primero pensamos en hacer una misión no muy grande, debido a que teníamos muchas actividades en esos días, y que acabábamos de hacer la misión popular en Mbika. Se juntaba a todo eso que habían actividades en la diócesis, y que también el obispo había anunciado la creación de una nueva parroquia que se desmembraría de la nuestra, pero que estaría a cargo nuestro. Es decir, mucho trabajo por todos lados.

Pero pensamos también que sería bueno hacerlo porque vendrían tres seminaristas del Colegio Norteamericano en Roma, a hacer una experiencia en nuestra misión. Planificamos que además de las visitas a las aldeas, ellos pudieran tener la experiencia de una Misión Popular al estilo nuestro, y como lo hemos aprendido del mismo San Alfonso María de Ligorio. Tal vez para ellos sería la primera y la única oportunidad de hacerlo. Ellos son seminaristas diocesanos, de diversas diócesis de Estados Unidos, y que estudian en Roma. Para el tiempo de sus vacaciones les permiten ir de viaje a lugares donde puedan seguir, bajo la dirección de algún sacerdote, y tener alguna experiencia pastoral, que es también parte de su formación. Así fue que, por referencia de seminaristas que han venido años anteriores, llegaron a nuestra misión Samuel, Dustin, y Yakob. Pero del trabajo que ellos hicieron les contaré en otra crónica.

Ahora volvamos a la misión de Ilomelo. Pensamos en que el P. Víctor (otra vez, muy generoso, se ofreció para esto) predicara y dirigiera la misión, y fueran los tres seminaristas americanos, junto a algunos novicios que hablan mejor el inglés y pudieran servir de traductores. A su vez que estos últimos tuvieran la experiencia de las misiones anteriores, para poder ser encargados de jóvenes, de niños, de las procesiones, etc.

En Ilomelo no tenemos una casa grande ni lugar para dormir, así que se pensó en la casa de Kangeme, que está a diez kilómetros antes de llegar a ése centro. Allí podrían dormir el padre, los seminaristas y los novicios. Dijimos de invitar algunos jóvenes de Kangeme, no muchos, porque deberían dormir en sus casas, pero sobre todo porque no se podrían hacer tantos viajes cada día para llevarlos y traerlos. Las hermanas no pensamos en que fueran, porque desde Ilomelo hasta la parroquia hay treinta kilómetros, y sería muy difícil para ellas ir todos los días y volver, sobre todo muy cansador.

La misión fue programada de cinco días, desde un martes hasta el domingo. Y aquí comenzó lo maravilloso. Porque en un primer momento, las hermanas dijeron que querían ir, y se esforzaron en ir cada día, y volver hasta la casa, mientras seguían con sus ocupaciones ordinarias, del colegio y el dispensario.

En segundo lugar, se anotaron un montón de jóvenes de Ilomelo mismo, que irían a sus casas a dormir. Luego se anotaron muchos jóvenes de Kangeme. Los varones se fueron a Ilomelo y dormían en la pequeñísima casa del sacerdote, y en la iglesia vieja de adobe, con piso de tierra. Las jóvenes de Kangeme también se anotaron, y finalmente, el día de la misión, ¡les entregamos la cruz misionera a casi cincuenta misioneros! Y la misión fue a lo grande. El líder de esa capilla, y los feligreses fueron muy generosos, porque recibieron la misión con gran alegría, a pesar de que sólo les avisamos unos días antes. Fue todo según lo había planeado Dios.

Así a pesar de que era breve, se pudo hacer visita de casas, visita a los enfermos, visita a los colegios, misas en aldeas aledañas, procesiones todos los días, rosario de la aurora, día del Corpus Christi con su procesión, quema del diablo, bendición de cruz misionera, y todo. La asistencia fue excelente. Los últimos días la iglesia se llenaba con los niños, que en el santo lío llegaban a ser más de trescientos. Para el acto misionero la iglesia estaba llena de adultos, unos doscientos.

El día de la clausura, el domingo, hubo una asistencia impresionante de fieles. Gran parte de ellos no entraba en la iglesia. Hubo una procesión con la imagen de la Virgen, muy devota y alegre, y en la Misa se realizaron bautismos de niños y de adultos, entre ellos una chica ciega, que sonreía todo el tiempo mostrando una gran felicidad.

Luego se bendijo la cruz misionera, con el recuerdo del mensaje de toda misión, lo más importante, lo único necesario, “Salva tu alma”. Finalmente, después de la bendición, como siempre, gran alegría, bailes y fotos junto a la cruz. Terminamos con un almuerzo festivo con toda la gente, y nuevamente cantos y bailes de los diversos grupos.

Benditos sean los planes de Dios, que siempre superan a los nuestros.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE