Mil setecientos niños en campamentos

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Ushetu, Tanzania, 12 de julio de 2017.

Me decía que si sobrevivía, lo iba a contar, y aquí estoy, por gracia de Dios, contándoles. Tuvimos otro año más los campamentos de niños y niñas en la parroquia. Cada año son más numerosos, los campamentos y los niños. Entraré en varios detalles, sobre todo porque nos sirve que estas actividades queden registradas, para el futuro… para que no se dejen de hacer, y para que se vea cómo crecen los frutos, de año a año.

En el primer año que los hicimos, en el 2015, hubieron ocho campamentos con 800 niños en total. El año pasado hubieron 1.100 niños. Y este año, el tercero que los hacemos, hicimos doce campamentos con un total de 1.740 niños. El aumento de campamentos fue porque en varios centros nos pidieron hacer por separado el de niñas y el de niños, debido a la gran cantidad que asistían.

Los campamentos los hicimos en dos semanas, seis en una y otros seis en otra. Los campamentos que podemos asistir plenamente son los que se realizan en este centro, donde está la parroquia. Las hermanas Servidoras se encargaron del de niñas, y nosotros, especialmente el P. Víctor Guamán, IVE, se encargó del de varones. Este centro se llama Ibelansuha, y como estamos los padres y hermanas aquí, pasa a ser como un ejemplo para los demás centros. En otros cuatro centros dividieron varones de niñas, y otros dos los siguieron haciendo mixtos, porque no eran tantos, aunque tal vez el próximo año los dividan, porque sigue aumentando el número.

No puedo contarles en detalle sobre cada uno, sino que haré más una valoración de todos ellos. Los campamentos en general, menos los que nos encargaos nosotros y las hermanas, se llevan a cabo con la buena voluntad de los catequistas. Ellos llevan adelante el trabajo con mucho sacrificio, ya que la gran mayoría son hombres casados, con familia y trabajo, y dedican dos semanas enteras a estar con una gran cantidad de niños, y enseñándoles catecismo.

Nosotros sólo podemos ir a visitarlos un día en sus respectivos lugares. El día que llega el padre y las hermanas, es una inmensa alegría para ellos. Esperan ese día con ansiosamente. Durante la semana del campamentos de niñas que se efectuó aquí en el centro parroquial, el P. Víctor fue visitando los campamentos de varones en los otros centros. Iba acompañado de algunos postulantes, que día a día iban demostrando mayor destreza para guiar en los juegos a los niños, y captando nuestra manera de trabajar. Durante el campamento de varones aquí, yo fui visitando los campamentos de niñas en los otros centros.

En cada lugar éramos recibidos con fiesta. Los chicos que ya han estado los años anteriores, contagian el entusiasmo a los nuevos. Cuando llegábamos, se hacían juegos por mas de una hora, luego había un poco de catecismo, mientras se confesaban los niños de la confirmación, y finalmente la Santa Misa. Es muy bueno ver que cada año participan mejor de la misa, aunque en algunos centros todavía queda mucho trabajo.

Es impresionante el sacrificio que hacen estos chicos para participar de estos campamentos. Deben traer algo de comida y un poco de dinero, que equivale a 50 centavos de dólar. Muchos de ellos deben caminar muchos kilómetros, llevando sus pocas cosas en una mochilita… que la mayoría de las veces es solamente la comida. La ropa que llevan puesta es para todos los días del campamento.

Un día que venía del terreno encontré a tres varones que venían de una aldea de ocho kilómetros de distancia, me vieron y saludaban con gran alegría, ya casi llegando a la parroquia, como si no hubieran caminado nada. Todos ellos vienen a dormir cinco días en el suelo, sin colchones, tan sólo con un plástico. Los desayunos muy pobres… en algunas aldeas algunos chicos comían una papa o batata con un vaso de agua, y nada más. ¡Y estaban felices! Nos recibían cantando, saltado y aplaudiendo cada palabra o invitación a jugar. El próximo año haremos una campaña para pedir ayuda antes de los campamentos, a ver si podemos mejorar la comida en los demás centros.

Es una cosa muy hermosa ver cómo crecen en el conocimiento del catecismo, cómo saben participar cada vez mejor de las celebraciones, cómo se saben y quieren confesarse, y la gran devoción que muestran al pasar a comulgar… con cosas muy consoladoras de verlas. Pienso que muchos frutos de estos campamentos los veremos mucho más adelante, al ver comunidades más devotas, más firmes en su fe.

Algo muy emocionante era ver a niños que pertenecen a aldeas chicas… aldeas donde van a rezar muy pocos, pero ahora participando en un campamento de más de 100 o 200 chicos. Esos les da mucha fuerza y ánimo. Les abre la cabeza, al ver lo que es la iglesia. Ver que no están ellos solos, que no son pocos. Hacen amistades muy buenas, con chicos y chicas de otras aldeas, y cada año se vuelven a encontrar en un clima así de sano y alegre.

Muchas veces nos ha pasado, al llegar a pequeñas aldeas, donde hay pocos adultos, y todos muy apagados y casi sin responder a las oraciones, los niños y niñas responden, y al terminar la misa saludan, y cantan los cantos que han aprendido en el campamento… le dan vida realmente a una aldea lejana, pobre y abandonada. Son una verdadera esperanza.

Terminamos muy cansados todos, padres y hermanas… sobrevivimos para contarlo. Una inmensa alegría, una gracia de Dios.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.