Los progresos de Kalama

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Ushetu, Tanzania, 15 demayo de 2018.

Las lluvias van pasando, pero van quedando las consecuencias de una época de lluvias muy generosa. Todo viaje cuesta mucho más en estos días, de todos modos sabemos que cuando deja de llover, poco a poco, van arreglando los caminos. Actualmente se pueden ver al costado de la via muchas casas que se han caído, algunas en parte, otras casi totalmente.

Muchos puentes rotos, o que han quedado en pie, pero el agua se llevó el camino de tierra, y ahora deben ser esquivados, en los casos en donde ya no hay agua. El lado positivo de todo esto es que el buen tiempo de lluvias produce buenas cosechas. El año pasado las lluvias fueron pocas, y el tiempo de sequía fue mucho más duro por dos causas: poca comida y muy poca agua. Porque en el tiempo de lluvias se llenan reservorios subterráneos, pozos de agua, y pequeñas lagunas.

Ahora que ya hemos pasado el tiempo más complicado de las lluvias hemos podido retomar la visita a algunas aldeas, con la dificultad de algunos caminos que han quedado en muy mal estado. El sábado pasado pudimos llegar a Kalama. Alguna vez les conté que al llegar a esta capilla no había encontrado a nadie. Esta vez tenía la seguridad de que estarían presentes, porque el nuevo catequista está con mucho entusiasmo, y habían pedido la Misa de bautismos para catecúmenos en varias oportunidades. Antes de la cuaresma fue imposible ir a celebrar estos bautismos, sobre todo por la gran cantidad de trabajo, y porque fuimos a los bautismos de las aldeas que habían pedido primero. Después entramos en la cuaresma, y sobre todo muy cerca de la Semana Santa, así que decidimos dejarlos para la Pascua. Y cuando comenzamos el tiempo pascual, llegaron las lluvias torrenciales, que cortaron todos los caminos. Los catecúmenos, niños y jóvenes, estaban esperando con ansias el día de su bautismo, para el que se habían preparado durante el año 2017.

El catequista, Anthony, me pidió que invitáramos a las hermanas a venir, porque todavía no habían visitado esta aldea. Por eso salimos con tres hermanas, y dos monaguillos. En el camino se sumaron dos señoras, esposas de catequistas que serían madrinas de bautismo de algunas niñas. La verdad que el camino estaba muy malo, sobre todo en el puente de un río, y después al llegar a Kalama en una parte donde se ve que no pasan ya vehículos de cuatro ruedas.

Al pasar por la aldea de Sole pudimos ver que la pared del frente de la capilla se cayó a causa de las lluvias. Saqué algunas fotos desde el camino, porque estábamos atrasados, y no convenía demorarse más. De todos modos ellos están construyendo una nueva iglesia, que ya está bastante avanzada, y habría que ponerle el techo como para que la puedan comenzar a usar. Creo que es el momento de hacer un esfuerzo y ayudarles a terminarla. Ya son muchos años (al menos yo recuerdo cuatro) que están trabajando en esta construcción, avanzando poco a poco. Pero tratando de que sea una iglesia de buen material y que dure muchos años.

Llegar a Kalama tocando bocina y ver salir una gran cantidad de niños a recibirnos fue una grata sorpresa. Se había juntado bastante gente, algunos venidos de las aldeas vecinas de Isasambulwa y Sole. Cantaban junto al auto, y cuando nos bajamos, les pedí que las hermanas se sacaran una foto con los niños. Fue muy gracioso ver que los chicos ponían la mano en la cabeza de las hermanas, y sobre sus hombros… recordé que el catequista me había dicho que las hermanas no habían venido a esta aldea todavía. Era toda una novedad y una gran alegría también para ellos.

Luego del té, mientras yo confesaba, las hermanas y algunos laicos organizaron juegos para los niños. Habían más de cien, tal vez unos ciento cincuenta. Los dividieron en grupos, y jugaron incansablemente. Yo les había dicho a las hermanas que “por las dudas llevemos alguna pelota y alguna soga para jugar porque tal vez habían algunos chicos como para organizar juegos antes de la Misa”. Afortunadamente fallé en mi cálculo. Durante las confesiones los adultos rezaban el rosario dentro de la iglesia que estaba repleta, y todavía faltaban los niños.

Comenzamos la Santa Misa cerca de las doce del mediodía, con mucho calor. La iglesia abarrotada de gente, y muchos asomándose por las ventanas. La iglesia tiene techo de chapas de cinc, pero las paredes son de barro. Una de las paredes está notablemente inclinada, y las maderas de las ventanas y del techo muy comidas por las termitas. Pienso que esa iglesia no va a durar más de un año, tal vez en la próxima época de lluvias se caiga. Hay que pensar en una nueva iglesia para ellos… en fin, el trabajo se multiplica. A ellos les digo que sean generosos en colaborar para la construcción, aportando piedras, arena, agua, comida para los obreros… pero sobre todo que no se olviden de encomendarse a San José, así conseguimos la ayuda necesaria. Es admirable los milagros que hace la oración de esta gente unida a la intercesión de San José.

En la Misa se bautizaron dieciséis niños y jóvenes, y diez bebés. Una gran ceremonia. Al final de la Misa, los tradicionales saludos y presentaciones de las visitas.

Se destacó sobre todo la presencia de las hermanas. El catequista, que si bien es nuevo como catequista, es un feligrés de ese lugar desde el año 1998, dijo que desde que vivía en Kalama, nunca había visto que  las religiosas llegaran a esa capilla. Es decir, hace por lo menos 20 años, y tal vez muchos más, que no veían una religiosa. Pensemos que para la gran mayoría de esos niños, era la primera vez en su vida. Fueron recibidas realmente con gran alegría por todos.

Luego de la Misa comimos juntos. Hubo comida para todos. Una verdadera fiesta. Es muy agradable ver esto, me alegra sobremanera. Se ve en estos lugares un gran clima de familia. Pensaba en esto al ver cuánto tiempo habían esperado para tener esta fiesta de bautismos. Hubieron cantos, regalos, y hasta una torta que habían llevado las hermanas. Se da un muy pequeño pedazo a cada uno… y alcanza para todos.

Nos despedimos porque ya eran cerca de las cinco de la tarde y todavía teníamos que pasar a llevar la comunión a una abuelita. Al llegar a la casa la vimos a ella sentada en la tierra. Es común verlos sentados en el suelo, pero realmente da un poco de pena verlos sentados directamente en la tierra. El patio estaba lleno de maíz por todos lados, y las palomas hacían un ruido tremendo en el techo de chapas. Las crían para comer. Había un buen grupo de niños en la casa, y supuse que eran sus nietos. Le pregunto cuántos nietos tiene, y me dice que muchos… “como cinco”. Nos reímos todos, porque ciertamente eran muchos más, pero la abuela ya no sabía cuántos, y cinco le parecía que eran un número alto.

Regresamos sin demoras, ya que el sol iba cayendo, y el camino estaba muy malo, lo que nos impedía andar rápido. En varios momentos del día nos sorprendimos y alegramos al ver a tantos niños que nos respondían el saludo cristiano. Nos alegramos de ver caras tan alegres y ojos tan puros.

Pienso que hay familias cristianas en el campo, y al no tener la contaminación de la ciudad, de los medios de comunicación, se los ve tan simples, alegres, sencillos. Debe haber un gran potencial entre estos chicos… pienso que pueden haber tantos santos entre ellos. ¡Dios quiera! Y nosotros les ayudemos…

Dios los bendiga.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE