Los lujos del año nuevo

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Ushetu, Tanzania, 1 de enero de 2018

Escribir en estas circunstancias es un poco extraño… es año nuevo, y quería darme “el lujo” de escribir la primera crónica del 2018 en las primeras horas del año. Aprovecho a que estoy solo en la casa, ya que dos padres, el P. Victor y el P. Orazio, se fueron para celebrar la Misa de la noche en una aldea, y se quedan a dormir en la casa de Kangeme, para celebrar otra Misa allí a la mañana. El P. Jaime regresó al noviciado con los postulantes, y yo estoy en la casa, solo, luego de regresar de la celebración de la Misa de fin de año en otra aldea.

Pero además me he querido dar otro “lujo”, y es empezar el año rezando… algo que siempre nos atrae, terminar poniendo en manos de Dios el pasado, y comenzar pidiendo la bendición de Dios para lo que viene. Tal vez las costumbres de nuestras tierras hacen que esto no sea posible muchas veces. Pero aquí en la misión es tan distinto.

Me doy el “lujo” de estar escribiendo delante del Santísimo, en la capilla que tenemos en la casa de los padres. Lo hago ante el Sagrario, como nos enseñó el P. Llorente en sus crónicas, que muchas veces escribía en la capilla, leía las cartas que recibía, y las contestaba… porque hay que saber que Cristo en el Sagrario también goza con la compañía del misionero, pero también con las historias de los que nos piden oraciones, de los que forman parte de nuestra vida.

La Misa la celebré en Nyamilangano, y fui acompañado de tres postulantes, que me fueron haciendo preguntas durante todo el viaje sobre los que significa el noviciado que comenzarán, Dios mediante, este año 2018. Llegamos y como todavía no llegaba toda la gente, aproveché a rezar las horas litúrgicas que me faltaban, y luego les dije que comenzaran el rezo del rosario intercalado con cantos luego de cada misterio. Confesé un buen rato, y al terminar las letanías y la fila de penitentes, comenzamos la Santa Misa.

En la iglesia hay oscuridad, pero se han esforzado en poner algunas lámparas, sobre todo sobre el altar y el ambón, que dan muy buena luz. Se participó muy bien, y casi al final comenzaron relámpagos y truenos… al terminar la Misa cerca de las once de la noche, comenzaron todos a regresar rápido a sus casas porque en cualquier momento comenzaba la lluvia. Nosotros entramos a comer en la casa que está en construcción, para los sacerdotes.

La comida era muy simple, como de costumbre, arroz blanco y pollo. Para beber, tuvimos té caliente, porque el aire estaba fresco. Y eso que aquí se ve tan normal… me hizo pensar mucho en todo lo que significan estas fiestas en nuestra patria. Cuánta diferencia, y qué sencillo todo. La gente simplemente vino a rezar, y regresa a sus casas para comer algo… o tal vez ya comieron una cena muy simple antes de venir a la iglesia. En el momento de cenar comenzó a llover. Compartimos un rato con los catequistas y los líderes con mucha alegría.

Cuando decidimos comenzar el regreso eran las 11:45 pm… en quince minutos era el año nuevo. Nos despedimos y subimos al auto. Las doce se hicieron mientras manejaba y conversábamos con los postulantes, casi ni nos dimos cuenta. El camino está muy malo, sobre todo en los últimos diez kilómetros, porque ha llovido mucho, pero encima ahora estaba lloviendo nuevamente. Cuando llegamos a una parte donde hay mucha arena que se ha juntado porque el agua corre por la calle, comenzamos a rezar Ave Marías para no quedarnos enterrados. ¡Qué manera de comenzar el año si nos quedábamos allí! Pero gracias a la Virgen, seguimos adelante… y probamos que hemos hecho una buena compra con este auto, a pesar de que ya este año cumple veinte años. Puentes rotos, más arena y barro… partes en que patinaba un poco… y más adelante vimos una hiena en el camino. Menos mal que no nos quedamos empantanados, pensaba, aunque no atacan a los seres humanos… generalmente, no vale correr riesgos.

Actualmente está lloviendo mucho… comenzamos el año con la bendición de Dios, la lluvia. A su vez la lluvia y el agua arruinan mucho los caminos, y hay dos centros a los que no hemos podido ir a celebrarles Misa de Navidad, y como siga lloviendo así, no creo que podamos.

Cuando llegamos a la parroquia, estaban terminando de festejar fuera de la iglesia con los chicos… después, cada uno a su casa, y salieron corriendo debajo de la lluvia y en la oscuridad. Nosotros, también cada uno a su casa, los postulantes al noviciado, a dormir. Yo aquí.

Dando gracias a Dios, un nuevo año, en medio de la simplicidad de estas fiestas en Ushetu… verán porqué digo que es un poco extraño…no estamos acostumbrados. Aquí el misionero se acostumbra, y es lo más común, pero cuando se traen a la mente los recuerdos de las fiestas en casa, se percibe la gran diferencia. Aquí puedo darme muchos “lujos”… y el mejor de todos, estar escribiéndoles esta primer crónica del 2018, delante del Santísimo, pidiendo las bendiciones de Dios, que caigan como esa lluvia que está cayendo persistentemente, sobre todas las almas de la misión, sobre todas las almas de los paganos, sobre toda nuestra Congregación, sobre todos nuestros seres queridos.

Hay mucho para hacer en el año que comenzamos. Dios tiene sus planes para este año. Pido a Dios que podamos preocuparnos de lo más importante, confiando siempre en Su ayuda, que nunca nos va a faltar. Que busquemos hacer cosas grandes para Dios… sobre todo, perseverar en el bien, y no cansarnos.

¡Feliz año nuevo para todos!

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.