Llegó el agua… ¿les dice algo?

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Ushetu, Tanzania, 28 de mayo de 2017.

A veces me pregunto en qué siglo estamos… y la respuesta es obvia, en el siglo XXI. Vemos que es el siglo de los grandes avances tecnológicos, de la comunicación por internet, de miles de cosas que hace un tiempo eran impensadas… y a veces, no hace tanto tiempo. Pero al ver tanta tecnología, y tanto avance en esos campos, me sorprendo de saber que vivo en un lugar donde no hay luz eléctrica y no hay agua potable. Y no hablo de un lugar donde viven algunas pocas familias desparramadas, sino donde hay miles y miles de familias. Y no sólo hablo de nuestra misión, donde tenemos un campo de 2.400 km cuadrados, y cincuenta y dos aldeas. Me refiero a toda una inmensa región, a casi todo un país, y casi a la gran mayoría de un continente enorme como es África. No he recorrido este continente, conozco muy pocos países. Pero me basta conocer esta misión, y muchos otros lugares de Tanzania, y recibir noticias y hablar con sacerdotes y religiosas, para saber que es una realidad muy común, muy frecuente.

Me llama la atención poderosamente, sobre todo en un país donde se encuentra la mayor reserva de agua dulce de todo África, el Lago Victoria. Bastaría que se pudiera transportar, entubar, como de hecho se hace, pero llegando a muy pocos lugares, o solamente a las “grandes” ciudades. La gente del campo, la que vive lejos, que siempre se acostumbró a la vida dura, seguirá viviendo así. Sentenciados por no sé quién… porque Dios les ha dado tantas riquezas naturales, un país bellísimo. Lugares muy buenos para el cultivo, y con variedad.

Da un poco de angustia que en un lugar de donde se extrae el oro y el diamante, donde hay minas de oro muy grandes, que son visibles por todos… sigan habiendo personas que deben ir a buscar el gua a la mañana, caminando varios kilómetros, para traerla en un balde sobre la cabeza. Hacer esto varias veces al día, especialmente a la mañana y a la tarde. Trabajo dedicado especialmente a las mujeres y los niños. Caminar por caminos ásperos, con polvo, bajo un sol abrasador. Me cuesta ver esta gran injusticia, al ver a muchos chicos de las escuelas primarias, que salen en fila a buscar el agua, bajo la guía de un maestro que los gobierna con un palo… y tener que hacerlo en el tiempo de clases. Ver a chicos que deberían estar jugando… y van con el balde, junto a todos los hermanitos, hacia el pozo de agua.

Hemos visto muchas enfermedades que vienen por el agua contaminada. El agua que extraen de esos pozos nosotros no la usamos ni para bañarnos. En muchos casos tiene un color amarillento, turbio, que no permite ver a través de una botella.

Nosotros los misioneros tomamos agua de lluvia, que podemos guardar en grandes cisternas, pero que de todos modos luego de varios meses, es un agua muy contaminada también. La hervimos, y de todas maneras, nos enfermamos de fiebre tifoidea, parásitos, bacterias, etc. Es algo recurrente.

Para la gente de aquí es lo más normal decir que tienen fiebre tifoidea. Los chicos se enferman mucho… algunos mueren de estas cosas. Los adultos son más resistentes, pero la calidad de vida es mala. De todas formas, no es que ignoren el valor del agua pura, lo saben, pero también alguna vez escuchaba de un padre de familia, lo que significaría para ellos hervir toda el agua, la cantidad de leña que utilizarían.

Y todo esto que les escribo, surge a partir de que mucha gente que lee las crónicas me ha preguntado por este asunto. Sobre todo este año que por las noticias internacionales han escuchado que hay una gran sequía en África del este. Es verdad, este año ha sido y es, más duro. A nosotros no nos toca tan de cerca, porque en esta zona de Tanzania ha llovido más que en otras. La poca lluvia ha afectado los cultivos, y la falta de agua se traduce en falta de comida. Por ejemplo, el año pasado para esta época se vendía una bolsa de maíz por veinte dólares. Actualmente está a treinta dólares, y probablemente a fin de año llegue a ser mucho más caro. En algunas regiones de Tanzania el maíz está a casi sesenta dólares la bolsa. ¿A cuánto llegará en noviembre, por ejemplo? Nadie quiere ni pensarlo.

A veces pienso en lo que puede haber costado llevar dos hombres a la luna… lo que puede salir un viaje espacial… y que “un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”, no significa nada por estos lados. Por poner un ejemplo simplemente, podrían haber otros miles: ¿Qué sentido puede tener llegar a la luna? ¿Hoy en pleno siglo XXI, pueden haber miles y cientos de miles, y millones, de personas que no pueden gozar de algo tan sencillo y básico como el agua? Y si hablamos de la educación, y la salud… necesitaría miles de páginas.

Tal vez se estarán preguntando el porqué de estas líneas… y el tono de mis palabras que no suele ser este. Y es porque en este día hemos vivido algo que no deja de ser histórico, a la par de simple, para los ojos del mundo. Al ver tanto sufrimiento de esta gente para obtener el agua durante todos estos años, hoy hemos gozado viéndolos en una especie de fiesta del agua, o “happy hour”. Porque finalmente pudimos concretar, gracias a la generosa donación de personas amigas y de una institución, el traer agua hasta la parroquia.

Muchos sacerdotes que nos precedieron se preocuparon por esto. Intentaron hacer varias excavaciones de agua y en todas fracasaron. Nosotros contratamos una empresa de excavación, que nos dijo que podían excavar cientos de metros… pero que no dependía de eso, sino de que realmente hubiera agua subterránea. También fracasamos, y escribí alguna crónica durante esos días, contando que fue algo bastante duro, porque realmente pensábamos que tendríamos agua aquí. Nos ilusionamos mucho, y luego de dos días de permanente martillar, y de volar polvo por el aire, nos dijeron que era imposible. Finalmente, como en nuestro terreno donde estamos construyendo el noviciado hicimos una excavación y obtuvimos agua abundante y muy buena, nos aconsejó el ingeniero que traslademos agua desde allá. Un trabajo muy grande, porque está a más de dos kilómetros, y la parroquia construida en el alto de una colina. ¡La Divina Providencia nos ha tenido tan presentes!, ya que no sólo encontramos agua abundante en el terreno… algo que ahora me doy cuenta mucho más de la gran bendición que ha sido, sino también quienes nos den el dinero para estos proyectos.

Hubo que cambiar la bomba, poner una mucho más grande, cavar una zanja, y colocar los caños. Hoy, domingo de la Ascensión, los trabajadores comenzaron a unir los caños, trayendo el agua. En cada lugar donde llegaba la tubería, se juntaba una gran cantidad de gente con baldes, bidones, y hasta llegaron a traer los tachos de doscientos litros… ¡y las carretas tiradas por bueyes para llevarse toda el agua posible! Los empleados casi que no podían trabajar por el tumulto.

Y cuando unían un nuevo tramo, la gente corría adelante para seguir sacando agua. Hasta que el caño llegó a la iglesia, y allí fue el desfilar de cientos de personas…algunos que viven cerca, llevaban el agua, y se volvían corriendo. Pensar que muchos deben levantarse cerca de las cinco de la mañana para ir a sacar agua, porque ya a las siete u ocho, el agua se ha acabado en el pozo, hay que esperar a que se llene de nuevo, de esa agua amarillenta y turbia. ¡Ahora se daba limpia, en abundancia, y gratis!

¿Puede ser que algo tan simple nos alegre tanto? En pleno siglo XXI, ¿nos podemos alegrar de algo así de sencillo? Cuantos años esta gente ha vivido igual, tomando de ésa agua, caminando kilómetros, haciendo el trabajo de cada día: buscar agua con un balde. Y por eso comparo, porque sé lo que cuesta hacer una excavación así, y ¡cuánto bien se puede hacer con esto! Y pienso en los miles y miles, y millones de millones de dólares, que se usan para fines tan diversos. El hombre llegó a la luna el 20 de julio de 1969, y el agua llegó a la parroquia de Ushetu, y a la aldea de Ibelansuha, donde vivimos, el 28 de mayo de 2017, casi cincuenta años después.

Cuánta injusticia y desproporción, ¿verdad? ¿Cuánto costaría una excavación como esta? Son 9.000 dólares. Claro, no es poco para nosotros, es mucho… ¿pero si aquí a tan sólo 50 km se extrae oro y diamante? Pero el que viene a ese oficio, no le importa si la gente tiene agua, luz, educación, salud… las posibilidades que tenemos nosotros en nuestro países, y a las que nos hemos acostumbrado. Y si usamos el mismo ejemplo, 153 mil millones de dólares actuales costó llegar a la luna… vendrían a ser algo así como 17 millones de pozos de agua[1], si vale la comparación. También podríamos pensar en otras cosas… en lo que gastan su dinero los famosos… en fin. El mundo olvidado de los demás. Y no contamos los millones y millones que se usan para campañas de aborto y esterilización en África… “que no nazcan más pobres”, dicen; y no que: “los pobres puedan dejar de serlo”, o “que puedan vivir mínimamente bien”. Las mujeres de Tanzania no quieren tener menos hijos, sino que todos los tanzaneses quieren tener agua, educación y salud… ¿es mucho pedir?[2]

Podría darles algunos datos tomados del sitio web de USAID, la agencia federal de los Estados Unidos responsable de la ayuda extranjera. 16 % de los niños menores de cinco años en Tanzania tienen bajo peso sin embargo, USAID sólo gasta 20 centavos de nutrición por cada dólar que gastan en la anticoncepción. Una de cada nueve niños tanzanos morirán antes de cumplir los cinco años y las mujeres de Tanzania tienen un uno de cada 23 de riesgo de muerte materna. Sin embargo, USAID sólo gastan 36 centavos en la salud materno-infantil por cada dólar que gastan en anticoncepción. Sólo el 12 % de todo el país cuenta con el uso de instalaciones mejoradas de saneamiento (un inodoro desechable o una letrina mejorada de pozo ventilado) y menos de la mitad de los niños con diarrea reciben sales de rehidratación. Sin embargo, USAID sólo gasta 23 centavos agua y saneamiento por cada dólar que gasta en la anticoncepción.

Contundente. Volviendo a nuestro mundo, ahora estamos viendo la manera de poder repartir el agua, y que todos tengan la posibilidad de usarla. Vino el líder del poblado con una nota para pedirnos que los ayudemos con esto, para poder obtener también agua para los pobladores. También vino el director de la escuela primaria, que está a cien metros, con una carta de pedido. La necesidad es inmensa. Hoy cuando veía esa agua tan pura y clara, pensaba en toda esta gente, y en todos esos niños que van a la escuela… Haremos lo imposible por satisfacerlos a todos. Lo mejor será que se puedan excavar otros pozos, y que lo administren ellos. Lo mismo para la escuela. Pero por el momento, estaremos felices de brindar este servicio.

El ingeniero estaba sentado mirando a la gente sacando agua. Ya era casi de noche. Se lo notaba muy contento. Católico el hombre. Me senté al lado y comentábamos las anécdotas del día. Me dijo algo que no pensé que se pudiera decir tan simplemente: “Esta gente tiene sed”.

Recordé también, mientras miraba a la gente allí, que saludaba alegre… y agradecía… las palabras del Maestro: “Jesús puesto en pie, gritó: “Si alguno tiene sed, que venga a mí, y beberá el que cree en mí, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva” (Jn 7,37-38). “Tuve sed, y me disteis de beber” (Mt 25,35). “El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás” (Jn 4,14). Podríamos trasladar todo lo dicho a esa sed espiritual que tantos paganos padecen… aún después de 2.000 años de la Encarnación. Cuánta gente por estos lados está esperando sacar agua “con gozo de las fuentes de la salvación”. (Is 12,3)

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.

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[1] De la página http://www.dineroenimagen.com/2015-07-21/5422

Cuando en 1961 el Presidente Kennedy comunicó a la población estadounidense su intención de poner a un hombre en la Luna se estimó que el costo del programa rondaría los 7,000 millones de dólares. Sin embargo el costo era inusualmente bajo, por lo que se sobreestimó, situándose en 20,000 millones de dólares, aproximadamente 153,000 millones de dólares actuales o poco más del 3.5% del PIB de Estados Unidos en el año del anuncio.

Los costos alcanzarían los 23,900 millones de dólares, de acuerdo a un reporte de la NASA, desglozándose de la siguiente manera (en dólares de 1969):

      • Nave espacial Apolo: 7,945 millones
      • Vehículo Saturno I: 767 millones
      • Vehículo Saturno IB: 1,131 millones
      • Vehículo Saturno V: 6,871 millones
      • Desarrollo de los vehículos: 854 millones
      • Apoyo a la misión: 1,423 millones
      • Seguimiento y adquisición de datos: 664 millones
      • Instalaciones: 1,830 millones
      • Operación de las instalaciones: 2,421 millones

[2] “La salud en Tanzania. ” Dólares a Resultados . USAID , n.d. Web . 09 de abril 2014 . <http://results.usaid.gov/tanzania/health#fy2012> .