Diary of a Missionary in Tanzania

Llegan pronto los “Watoto wa Yesu”

En Instituto Verbo Encarnado/Tanzania

El domingo pasado tuvimos otra hermosa fiesta en la parroquia, porque además de ser domingo, vino nuestro obispo. Mons. Ludovik Minde. Ése día amaneció con una copiosa lluvia. Comenzó a llover a las cinco de la mañana. Disfruté mucho de poder levantarme un poco antes del horario en que comenzaban las actividades, y con el fresco de la mañana, y la lluvia cayendo, recé el breviario y luego de prepararme unos buenos mates, me puse a responder cartas, mientras esperábamos la hora de la Adoración Eucarística con los fieles, y la misa presidida por el obispo.

Los padres del IVE que trabajamos en Tanzania junto a Mons. Minde

El motivo de la visita de Mons. Minde es que como tenemos en enero un gran encuentro de niños de la diócesis, y se realizará precisamente en nuestra parroquia, él deseaba ver cómo iban los preparativos. Estas Jornadas de los “Watoto wa Yesu” (Niños de Jesús) de la diócesis, se realizarán del 2 al 9 de enero próximo. Van a venir como 500 niños, más la gente grande que los acompaña, sacerdotes, religiosas y laicos. El mismo obispo va a quedarse aquí dos o tres días durante esas jornadas.

Como se imaginan, el hecho de que venga el obispo a ver los preparativos, nos motivó a hacer preparativos. Es decir, nos vino muy bien para darnos cuenta que el tiempo pasa tan rápido, y es necesario empezar ya. Una de las cosas que emprendimos, además de las reuniones organizativas, fue la refacción del antiguo salón que servía de iglesia. Estaba muy abandonado, sin puertas, muy sucio, además de ser un edificio viejo. Tiene grandes paredes de adobe, revocadas con barro… pero la construcción se la ve muy firme y fuerte. Por eso pensamos que se la puede recuperar, no sólo para estos días, sino para tener un buen salón parroquial de usos múltiples (charlas, reuniones de líderes, catequistas, videos, oratorio, festejos, obras de teatro, etc.).

El salón parroquial antes de empezar los trabajos...
El salón parroquial antes de empezar los trabajos…
El salón parroquial antes de la restauración…
El salón parroquial antes de empezar su restauración

La gente de toda la parroquia colaboró muchísimo, y sin ningún otro tipo de ayuda externa, pudimos comprar pinturas, pinceles, rodillos, cemento, tela mosquitera, y lo mas o menos urgente para comenzar. Esos días se fueron viendo los progresos a pasos agigantados.

Trabajando…

Pero esto era sólo una parte. Todos los líderes y catequistas de la parroquia, al saber que venía el obispo, decidieron hacer una reunión el día sábado, y así los que eran de mas lejos, se quedaban para el día siguiente. Esto fue muy lindo, porque se vivía en la parroquia un verdadero clima festivo, con gente por todos lados, mucha gente limpiando y barriendo afuera, los trabajadores en el salón, las señoras de la cocina, el coro practicando durante todo el día… me hacía recordar a los preparativos de las Jornadas en San Rafael, con gente alegre y trabajando por todas partes… música, y rezos. Y digo música y rezos, porque el sábado a la tarde, una vez terminadas las reuniones y trabajos, propusimos el rezo del rosario en la iglesia, y fue muy gratificante ver un nutrido grupo de hombres (en su mayoría) y mujeres rezando y cantando.

En pleno trabajo…. con alegría…

Después se fueron a esperar la cena… y me hacían acordar a los fogones de los campamentos. Las cocineras junto al fuego, otros grupos charlando cerca, pero a la luz de la luna, y el coro que en una ronda seguía cantando cantos de misa. Pasamos a saludarlos con el P. Johntin antes de que se pusieran a cenar, y darles las buenas noches.

Bien, y amaneció el domingo, como les contaba. Pero con tanta lluvia, la gente no venía… suele ser así, porque llovía a cántaros. Se espera a que la lluvia afloje para poder caminar… y no aflojaba. Le llamamos al obispo para que supiera, y nos dijo que iba a salir un poco mas tarde, para hacer tiempo. Finalmente comenzó a amainar la lluvia y a llegar la gente. Expusimos el Santísimo y empezamos el rosario con cantos intercalados para esperar que llegara el obispo y nos diera la bendición. Pero en eso llama el obispo y dice que en el camino se les quedó enterrado el auto en el barro… claro, llovieron cinco horas seguidas, y en una parte en que estaban trabajando, “arreglando” el camino, habían dejado toda la tierra removida. Cuando vean las fotos, es verdad que nos les parecerá un gran pantano donde se quedaron, pero hasta costaba caminar en ése barro chirle… parecía jabón. Los vehículos, aún con tracción 4×4, se cruzaban en el camino, y si se iban para la orilla, ya no salían… incluso con el peligro de seguir patinando hasta parar en un campo de arroz… lo que significaría no salir hasta que se secara el barro del camino y algún vehículo grande pudiera ayudar. Así fue que cuando ellos iban pasando ése trecho tan malo, se encontraron con otro vehículo de frente, y al dar lugar para pasar, ya no hubo cómo regresar a la vía segura.

Ayudando a sacar el auto del barro…
Sacando el auto del Obispo del barro

Fui para ayudarlos a sacar el auto, estaban como a una hora de la misión. Salí con la camioneta y una soga… y pensaba durante el viaje, a ver si me servían tantas veces que nos quedamos enterrados en las orillas del lago Nihuil, yendo a pescar al fondo del lago con los seminaristas menores. Y cuántas veces tuvimos que tirar la camioneta F-400 o la Peugeot para hacerlos arrancar en pleno invierno… ¿Viste que todo sirve? Me decía… Dios piensa hasta los mínimos detalles. La faena de sacar el vehículo fue muy sencilla, gracias a Dios… pero habían otros vehículos que se habían quedado y estaban luchando. Una vez que pudimos dar la vuelta, regresamos urgente para comenzar la misa.

Con Mons. Minde… ya en nuestra Parroquia.

La santa misa planificada para las 9:00 am, se celebró a las 12:00. La gente se quedó igual. No tienen los apuros nuestros, no viven en la ciudad… no tienen las horas llenas de actividades. Menos le día domingo, en que no se debe trabajar. Para ellos ir a la iglesia el domingo, es realmente una fiesta. Y también en la valiosa fe que tienen, valoran mucho la dignidad del obispo, y se alegran mucho de que venga a visitarlos.

El obispo estuvo muy contento con muchas cosas. Él mismo recordó que era la tercera vez en el año que venía a nuestra parroquia, y además que en un mes volvería a visitarnos, y para quedarse algunos días. El almuerzo en la casa de los padres fue muy distendido y ameno. Luego, como ya era tarde, y tenía que regresar (esperábamos que no se repitieran los incidentes del viaje) fuimos a recorrer los lugares donde dormiría la gente en esos días de las jornadas, los baños, lugar de la cocina, lugar para las misas, etc.

El obispo lo felicitó al P. Johntin varias veces, y se mostró muy contento. En nuestro recorrido pasamos delante de la imagen del Beato Juan Pablo II, que hemos colocado junto a la iglesia, y Mons. dirigió una oración invocando la intercesión del beato para esos días de apostolado de las jornadas de niños.

Encomendando al Beato Juan Pablo Magno los frutos del encuentro de niños…

Me admira el celo de Mons. Mide, en una diócesis tan grande, con viajes tan largos y cansadores, el tiempo que se toma y la dedicación que tiene para visitar las parroquias y recorrer las cristiandades. Es realmente ejemplar.

Claro que tendré que hacer una “edición especial” para contarles de lo que suceda en esos días con los “Watoto wa Yesu”. Se imaginan que será como un gran campamento de niños… ¡¡500!! Y serán días de catequesis, misas, juegos, cantos…

Cuando el obispo partió, tuvimos la satisfacción de ver “aprobado” lo que vamos haciendo… y claro, que respiramos un poco aliviados.

Así va quedando nuestro salón parroquial… nada mal, ¿no?
Así va quedando nuestro salón parroquial… nada mal, ¿no?

Les pedimos que recen por los preparativos de esa actividad, pero también por los frutos espirituales que se seguirán de esos días. Pidan para que entre tantas actividades y juegos… la Virgen María sea la Madre amorosa que mire sobre tantos niños con su cuidado maternal.

En Cristo y su Madre.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego.

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