La Virgen de Fátima desde Portugal a Ushetu

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Ushetu, Tanzania, 28 de abril de 2019

Siguiendo el orden cronológico debería contarles del Triduo Pascual, pero como me falta obtener algunas fotos de la Vigilia Pascual, mientras las espero, paso a relatarles lo que hicimos el lunes de la octava de Pascua.

En el tiempo de la semana santa y de la octava de pascua, tratamos de ir a todos los centros, es decir, las aldeas más importantes de cada zona de las dos parroquias. Sobre todo durante la octava de pascua, tratar de celebrar el menos una misa en cada centro. El lunes de la octava yo partí para Nyasa, hacia el sur, y el P. Víctor hacia Mazirayo al oeste. Los dos centros de más difícil acceso. Gracias a Dios que así lo hicimos, porque tres días después cayó una gran tormenta en todo el distrito de Kahama, produciendo inundaciones en la ciudad, y a la vez todos los ríos de la zona aumentando en gran manera su caudal. De tal manera que al día de hoy, terminando la octava de Pascua, estamos incomunicados con el centro de Mazirayo y las seis aldeas de aquella zona, porque un río cortó el camino. Al centro de Nyasa en cambio, se puede acceder en auto dando un gran rodeo, saliendo de la parroquia y de la diócesis, para entrar nuevamente a la parroquia luego de andar 52 km por caminos en su mayoría muy malos.

Salimos a Nyasa con dos hermanas y tres novicios. El camino de ida nos resultó muy agradable, ya que había llovido esos días y estaba todo muy verde. Además de que algunos de los que venían recorrían ese camino por primera vez. Los últimos kilómetros los recorrimos con doble tracción por el mal estado de la vía. Llevábamos con nosotros un regalo muy esperado para ése centro: una imagen de la Virgen de Fátima traída desde Portugal, del mismo santuario de Fátima. Junto a la imagen traíamos la repisa donde la colocaríamos y una vitrina para poder protegerla, ya que es una imagen muy hermosa y delicada. Y traíamos hasta el generador de electricidad, taladro, y elementos necesarios para dejarla bien firme.

Hasta hace unos meses la mayoría de las aldeas no tenían el nombre de ningún patrono o protector. Y por eso los nombres sonaban “con los bonitos nombres” (como diría el P. Llorente) de: Nyasa, Ndariunde, Itumbo, Mkwangulwa, Bupandwamhuri, etc, etc. Tuvimos la gran alegría de poder elegir nombres de santos para todas las aldeas que no tenían, y cambiar algunos patronos que estaban muy repetidos. La causa de esto es que la misma gente no conoce los nombres de muchos santos, ni sus vidas, y por eso recurrían a los más comunes y conocidos. Nosotros aprovechamos a poner a estos dos centros, de Nyasa y Mazirayo bajo la protección de la Santísima Virgen, y ahora se trata de “Nuestra Señora de Fátima de Nyasa”, y “Nuestra Señora de Luján de Mazirayo”.

Este centro de Nyasa, que congrega nueve aldeas, nos alienta mucho, ya que cuando llegamos a esta misión de Ushetu, contaban con muy pocos fieles, tal vez unos veinte; y a su vez la capilla era pequeña, de barro y con techo de paja, que se estaba cayendo. Gracias a unos catequistas muy buenos, y a que pudimos visitarlos más seguido, fueron tomando más impulso. Un día del año 2013 nos sorprendieron con la noticia de que habían construido los cimentos de una nueva iglesia… mucho más grande, y con cemento, y a nosotros nos parecía un poco exagerado. Con el tiempo ellos mismos siguieron adelante en la construcción, haciendo los ladrillos cocidos, levantando las paredes. Es decir, se venía en serio. Luego de una visita de los padres Gabriel Romanelli y Hugo Alaníz, nos consiguieron la donación para colocar el techo. Esto ya fue un gran aliciente para ellos, que desde entonces no han dejado de progresar en todo sentido: material y espiritual.

Pensamos que sería bueno poder tener allí una casa para los misioneros, padres y hermanas, y poder hacer pequeñas misiones. Y sobre todo los sacerdotes poder quedarse algunos días para atender a todas las aldeas antes de volver. Las hermanas nos ayudaron para comenzar esta obra. Los líderes consiguieron que el gobierno nos done el terreno, y así, con ayuda de otros donantes, la casa ha seguido avanzando y ya casi está lista para ser utilizada. La iglesia siguió también progresando, porque se pudo hacer el reboque interno y externo, el piso de cemento, colocar rejas en las ventanas, y puertas de chapa. Esto último gracias a la ayuda de una religiosa de Italia, que no es de nuestra familia religiosa.

Pero hablemos de los progresos espirituales que hemos nombrado. Cuando hacemos las misas del centro, en que vienen de todas las aldeas, en verdad que la iglesia queda chica. Hay muchísimos niños, y sobre todo muchos que han hecho el catecismo, y saben recibir muy bien los sacramentos. En la misa de la octava que celebramos, comulgaron unas 130 personas. Cuando hicimos el retiro de cuaresma, participaron muchísimos fieles, y confesamos varias horas.

Ahora se sumaba la alegría de recibir la imagen de la Virgen de Fátima, que viajaba desde Portugal, hasta la perdida aldea de Nyasa, en Ushetu. Realmente increíble. ¿Cómo llegó esta imagen hasta aquí? La hermana italiana, Suor Giusepina, de quien les hablaba, muy devota de la Virgen de Fátima, nos donó el dinero para comprarla. Providencialmente el P. Jaime tenía una peregrinación con su familia hasta Fátima, y desde allí viajó la imagen hasta Ushetu… sin problemas, llegó intacta.

Antes de la misa hicimos una pequeña procesión, recorriendo el terreno de la iglesia y la casa de los misioneros. Allí se podía ver la gran cantidad de gente, y la alegría de tener ya la imagen. Un novicio les hizo practicar a los niños el canto a la Virgen de Fátima, donde se enseña que la Virgen pidió especialmente que se rece el rosario, para alcanzar la paz en el mundo, y la conversión de los pecadores, especialmente de los que no tienen quienes recen por ellos. Voy a tratar de hacer algún pequeño video, porque si les cuento no puedo darles una idea exacta de la alegría que se vivió al entronizar la imagen en la iglesia.

Luego de la misa toda la gente comió allí afuera, y estábamos todos juntos, como una gran familia. Calculo que pueden haber participado unas 300 personas. Increíble si pensamos lo que era Nyasa hace seis años atrás.

Para que se den una idea de lo apartado que es el lugar, muchas veces hasta los niños y niñas ni siquiera saben bailar, como lo saben hacer todos los niños en estas partes. Escuchan la música con gusto, pero no saben cómo festejarla. Así que con la ayuda de los novicios y las hermanas, se improvisó un “fogón”, donde las niñas guiadas por la Hna Upendo, y los varones por el novicio hermano Petro, se pusieron a bailar mientras los grandes terminaban de almorzar. Era una alegría muy sana, y me gustaría decir que era una alegría muy alegre, de verdad, con alegría interior.

Tuvimos que levantar campamento rápido, porque se avecinaba tormenta. Pasamos a visitar la aldea de Bulela, que nos habían invitado a pasar a saludarlos, y rezamos un misterio del rosario bajo el ensordecedor ruido de la lluvia en el techo de chapas. Es una capilla muy pequeña, con un puñado de fieles, muy fieles. Comenzamos nuestro largo viaje de regreso, que por la misma lluvia se hizo un poco más largo que cuando vinimos a la mañana. Viajamos ése día un total de 120 kilómetros, por caminos que tampoco puedo describirles, y llegamos muy entrada la noche a la misión de Ushetu, nuestra casa.

Nos dio mucha satisfacción ver a los fieles de Nyasa, y poder dejarlos protegidos y custodiados bajo el manto de la Virgen de Fátima. En un lugar donde abundan los paganos, los brujos y las hechicerías, hay ahora una gran luz que los ilumina. Guardan esa imagen como lo más valioso que se puede encontrar toda esa zona.

Gracias a todos los que han ayudado de una u otra manera, con ayuda material y con oraciones, para ver cómo el Evangelio crece y se arraiga en tierra de misión ad gentes (a los paganos).

¡Firmes en la brecha!

Heri ya Pasaka! ¡Felices Pascuas!

P. Diego Cano, IVE.