Como la primera vez

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Ushetu, Tanzania, 10 de diciembre de 2017.

Con especial dedicatoria a los que me enseñaron a comulgar…

especialmente mi mamá, y mi abuela Lucrecia…

Y a mi prima Gabriela, con quien viví aquella fantástica jornada de cielo

de mi Primera Comunión.

Debemos renovar el fervor… y sobre todo cuando ya van pasando los años. Es fácil acostumbrarse, y uno deja de percibir lo grandioso y sobrenatural. Muchas veces en estos días he dado gracias por las celebraciones de las Primeras Comuniones de nuestra parroquia. Agradezco porque me doy cuenta que me ayuda a mí mismo a renovar mi deseo de recibir a Cristo en la Eucaristía. ¿Cuántas veces he podido recibir la Comunión? Incontables, imposible saberlo. Muchas veces lo he recibido varias veces en un día, cuando me ha tocado celebrar tres Misas en un día, por ejemplo. Desde los ocho años en que hice mi primera comunión hasta hoy, ¿cuántas veces pude comulgar? Y si además de esto puedo decir que desde que ingresé al seminario menor, hace casi treinta años, en febrero de 1988, he comulgado todos los días de mi vida… ¡qué gracia enorme! Pero qué fácil que uno se acostumbra, y tantas veces se cae en la rutina. Pero la importancia del acto que hacemos cada día lo vemos en lo que fue para nosotros “la primera vez”.

Mi primera comunión en el año 1982 – Junto a mi prima Gabriela

Puedo recordar muchos detalles de aquél día… muchos se van borrando en el tiempo, pero otras cosas no. Puedo recordar exactamente el lugar donde estaba sentado en la iglesia aquél día. Lo grande y bella que me parecía la iglesia Catedral de San Luis. Pero recuerdo también la primera confesión, y el “deseo que el tiempo pasara rápido”, para no ofender a Jesús antes de recibirlo por primera vez… recuerdo especialmente aquella “primera conversación”. Imposible olvidarlo. ¿Cuántas acciones de gracias hemos hecho con tanto fervor? Y, sin embargo, lo recibimos cada día, como aquella primera vez… ¡es el mismo Cristo Eucaristía, no es otro!

Pero justamente por eso les decía que me hacen tanto bien estas celebraciones de la Primera Comunión en la misión. Al ver a estos chicos y jóvenes que se preparan con tanto deseo a su primera comunión, y con tanto sacrificio… trato de recordar el grandioso día de mi primera comunión. Y créanme que me emociono.

Les he contado ya en varias crónicas que las primeras comuniones no se celebraban así como tales en nuestra parroquia, sino que lo comenzamos a hacer hace tres años. Y por los frutos se ve que ha sido una gracia muy grande… ya este año llevamos 442 primeras comuniones, y nos faltan la celebración de dos más. Una en Nyamilangano, donde en el día de ayer confesamos a 126 niños y jóvenes, y otra en Makunga, donde tal vez sean unos 60 más, no sabemos con seguridad. Es decir que estaremos rondando las ¡630 primeras comuniones en un año! Y lo mejor de todo, que realmente se los ve bien preparados, han asistido al catecismo, saben el catecismo, han hecho un examen, se han confesado… y vienen el día de la fiesta “impecables”, “de punta en blanco”… con ropas sumamente pobres la mayoría de ellos.

La vez pasada una señora de Argentina me preguntaba cómo hacían para hacerse los vestidos las niñas, que se las veía tan lindas… y claro, algunos papás pueden comprarles o hacerles hacer algo bien lindo… pero muchos de ellos usan ropas prestadas, reparadas… los vestidos son bien sencillitos, con telas muy rústicas, y a veces muy gastadas. Los varones suelen tener pantalones y camisas muy rotos y remendados, que en las fotos no se pueden ver en detalle. En las primeras comuniones del viernes pasado, veíamos que las niñas pasaban casi todas descalzas a comulgar… dejaban sus zapatillas y ojotas rotas en el banco, porque quedaban muy feas en contraste con el vestido.

Sin embargo al ver esto, y hablar de esto, no piensen que la alegría de la fiesta se empaña… ¡ni mucho menos! Pocas veces he visto tanta alegría en los chicos como en los días de la Primera Comunión en Ushetu… ¡y qué deseo de comulgar! Los otros días en Kangeme a una niña le habíamos dicho que no podía hacer la comunión porque no tenia buena asistencia al catecismo… ¡vieran cómo lloraba! Y de verdad que había estado enferma durante el último mes. Por supuesto, que me convenció fácilmente. Vino después de la fiesta a agradecerme… ¡esos regalos de Dios!

Las primeras comuniones en Kangeme fueron sólo 64 porque el día de las confesiones había llovido a cántaros. De dos aldeas no vino nadie, y de una vinieron sólo cinco, bajo la lluvia y caminando varios kilómetros por el barro. Así que les prometí hacer una celebración de primeras comuniones en el tiempo de Navidad en la aldea de Makunga, donde asistirán los de Mkondogwa, y los que no llegaron de Ngilimba.

El día de la celebración en Kangeme, el domingo pasado, cuando llegué a la aldea, no había casi nadie… todos fueron llegando “pole pole”, porque también había llovido hasta las nueve de la mañana. De hecho en el camino nos encontramos con algunas partes donde el auto pasó con dificultad, a pesar de ser 4×4. Así fueron llegando lentamente, y la iglesia se fue vistiendo de fiesta… empezamos a las 10:30 am el rosario y las confesiones, cerca de las 11:30 la Misa, y el almuerzo a las 15:00 pm. Teníamos un hambre tremenda… pienso que todos por igual, porque en el caso de ellos, muchos habían caminado varios kilómetros. La fiesta fue genial, con mucha alegría, con cantos, con bailes… y los regalos y recuerdos recibidos con gran emoción.

El día de la Inmaculada Concepción, el viernes pasado, hicieron la primera comunión en nuestra iglesia principal de Ushetu, en Ibelansuha, 112 niños y jóvenes. No repito lo de la alegría y la fiesta… es un gozo que te contagian los chicos, y que te hacen “volver al pasado”. Antes de la Misa les suelo dar algunas indicaciones respecto a cómo comulgar, y les recuerdo lo más importante de este día… les hago notar la diferencia entre la hostia antes de la Misa, y luego de las palabras de la Consagración, etc. Les recomiendo mucho esa importantísima primera conversación con Cristo Eucaristía… Al terminar pregunté si alguno tenía alguna duda, y uno de los varones levantó la mano y me preguntó: “¿Qué palabras tenemos que usar cuando hablemos con Jesús?” La pregunta reflejaba lo compenetrados que están muchos de ellos… mi respuesta es la que le hubieran dado ustedes mismos, hablar con el corazón, como con un amigo, que el Espíritu Santo le inspiraría las palabras, que pidan por sus familias, que pidan por los misioneros, por los que no conocen a Cristo… y así creo que fue una buena recomendación para todos.

Les agradezco que hayan leído hasta aquí… les recomiendo en las oraciones a estos niños, jóvenes y adultos; y que sigamos trabajando… ¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE