La historia de Mjimwema continúa

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La historia continúa

Ushetu, Tanzania, 19 de mayo de 2017.

Ahora les cuento un nuevo capítulo de la historia de Mjimwema, “Pueblo bueno”. El resumen de los capítulos anteriores, es que es una aldea que siempre tuvo problemas para tener su catequista, por ser muy pequeña y estar un poco alejada de todas las demás. Pequeña en cantidad de cristianos, porque en realidad hay mucha gente, en su mayoría paganos. Primero hubo una capilla en el terreno de una señora, que luego se cayó.

En segundo lugar construyeron otra, en el terreno de otro de los feligreses, aún sin tener catequista, la cual visitamos junto a Madre Belén (provincial de las Servidoras en Tanzania) en su primer visita a la misión. Nos dio mucha alegría saber que estaban rezando y que construyeron, a pesar de no tener quien les enseñe a rezar ni nada. Allí decidimos enviar a los postulantes, que cada domingo van en moto, para dirigir la celebración de la palabra y dar catecismo a los chicos.

Esta segunda capilla también se cayó en el tiempo de lluvias. En la visita del P. Romanelli pasamos por allí y nos encontramos con esa mala nueva. Sin embargo los fieles estaban ese día allí rezando debajo de un árbol. Fue entonces que el P. Gabriel decidió dejarnos una ayuda para que puedan comprar un terreno propio y tratar de construir algo más duradero.

Hasta aquí la historia de esta aldea. Ahora los postulantes me habían pedido que fuéramos a celebrar Misa y bendecir el nuevo terreno que se había comprado con la donación recibida del Padre Provincial. Aprovecharíamos a ver el lugar para construir la nueva iglesia. Salimos en el auto el martes pasado, con dos monaguillos y los dos postulantes que hacen apostolado allí, Vincent y Petro.

Lo que yo no sabía, es que ellos no conocían el camino para llegar al nuevo terreno. Es decir, conocen cómo llegar, pero en moto. Así que comenzamos por un camino que era cada vez más angosto, más frondoso, las ramas raspaban toda la camioneta, y al fin que ya no se podía avanzar… Yo estaba con mis nervios y paciencia al límite, y comencé a decirme por dentro: ¿Dónde han comprado el terreno estos?… En medio del monte, lejos del poblado, no va a venir nadie…”, etc, etc. Decidí dejar la camioneta, y que siguiéramos caminando. Salió todo mucho mejor.

Porque el paisaje era muy lindo, en medio de bosques, mucha sombra. Por momentos se abría y se veían cultivos, casas con techos de pajas, montañas de rocas gigantes. Una señora nos salió al paso, llevaba una olla en la cabeza, y se dirigía al terreno donde iba a ser la Misa, así que nos fue guiando. Nosotros en fila india detrás llevando las valijas de la liturgia con los postulantes y monaguillos.

Cuando ya estábamos cerca, se dejó ver el mejor paisaje. Estábamos bien alto, ceca de una colina, un gran descampado que permitía ver el paisaje, la aldea de Mjimwema a lo lejos, pero no “tan lejos” como yo me imaginaba. Los chicos al escuchar que llegábamos salieron al encuentro cantando.

Nos acompañaron hasta un gran árbol de mangos, donde iba a ser la Misa.

Allí habían preparado todo muy bien, había mucha alegría, muchos niños, muchos jóvenes, y un buen grupo de señoras estaba cocinando. Me mostraron los límites del terreno que hemos comprado. Un lugar limpio, donde habían sembrado, era el lugar de la actual cancha de fútbol y campo de deporte… los surcos todavía no habían desaparecido del todo, pero ya tiene sus dos arcos de palos y se juega de todos modos, aunque la pelota hace lo que quiere… Junto a la canchita, un pequeño bosque que ya habían comenzado a limpiar y donde han trasladado piedras para los cimientos. Muy buen lugar habían elegido para la iglesia, los felicité.

Me puse a confesar a cierta distancia del árbol de mangos. Vinieron algunos, no muchos, porque la gran mayoría son catecúmenos. Mientras tanto los postulantes dirigieron el rosario, y luego aprovecharon a darles algún punto de catequesis sobre la eucaristía.

Comenzamos la celebración, y como hacía dos años que no veníamos a celebrar aquí, aproveché a ir explicándoles los ornamentos, y también algunas partes de la Misa. Fue muy lindo poder predicarles debajo de esa gran sombra… era un contexto celestial. Y no exagero.

Quién de ustedes podría soñar ser misionero en áfrica, y estar celebrando la Misa, debajo de un árbol, con mucha gente que escucha, poder hablarles en swahili, a los niños, jóvenes, y adultos, que se esforzaban en estar atentos… y estar predicando cosas tan simples como el modo de rezar el rosario, y de hacer oración en todo momento.

Antes de la bendición final fuimos rezando y cantando, bendiciendo el terreno, hasta el lugar de la construcción de la futura capilla. Bendije el lugar, las piedras, y les exhorté a que trabajen todos juntos, para tener su iglesia. Dios los ha bendecido por su perseverancia en la oración, a pesar de no tener catequista. Pero que vean cómo los ha escuchado, enviando a estos jóvenes, y ahora teniendo una comunidad viva.

Luego de la Misa comimos todos juntos debajo del mismo árbol, y siguieron los juegos. Era increíble ver tantos niños y jóvenes. El ambiente ideal de un oratorio.

Gran clima de alegría y de familia. Los chicos jugando todos en la cancha con los postulantes. Los jóvenes a un costado esperando su turno. Las señoras sentadas debajo de la sombra con todos los bebés dando vueltas por allí… mirando los juegos, y cantando cantos de coro de iglesia. Los hombres mirando el partido de fútbol que realizaron los jóvenes. Nadie se quería ir.

Podrán entender que, mi enojo inicial, hacía mucho tiempo, ya antes de comenzar a confesar… se había retirado avergonzado… Luego de cantos, regalos de estampas, y bendición, comenzamos el regreso. Yo pensaba en cuán grande es el valor de la perseverancia en la oración, y como Dios no deja de escuchar a los pobres que se reúnen para pedir su protección. Por otro lado, uno ve la importancia de los misioneros… bastó que comenzaran a venir estos dos postulantes, para que esta alea tome tanta vida, la gente esté tan contenta, se comiencen a preparar para recibir los sacramentos… se habían juntado más de cien personas, ¡en un lugar tan apartado!

Comenzamos nuestro regreso hasta el vehículo, y otra vez se armó una fila india, pero con muchos niños, que nos acompañaron. Mientras caminábamos, empezaron a cantar con mucha alegría, y entre canto y canto los postulantes les hacían preguntas de catecismo, como el de las 93 preguntas. Los chicos respondían a los gritos… “¿Quién es Dios?… ¿Cuáles son los mandamientos de la ley de Dios?…”, etc. Esa escena no la olvido más… caminando en África, en fila india con un montón de jóvenes y niños… y gritando las verdades de la fe, en un lugar donde abundan los paganos. “Los labios de los humildes y pequeños, cantan Señor tus grandezas”.

Fue un día verdaderamente alentador. Hay mucho por hacer todavía, un gran desafío por delante. Dar sólidas bases a la fe de esta gente, y construirles una iglesia sólida… que perdure. En todo sentido.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.