La foto de Teresia

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Quería contarles una anécdota de estos días pasados… pero prefiero contárselas en tiempo real, es decir, dejando lo que escribí entonces, tal cual como lo escribí a mi familia ese día…

Ushetu, Tanzania, 20 de mayo de 2017.

(…)

Tal vez ahora vengo medio shockeado porque vengo del hospital de la aldea de al lado, Mbika. Es el hospital más grande que tenemos cerca, pero no deja de ser un hospital de campo. Es una lágrima. Me vinieron a buscar en la siesta porque había un enfermo de gravedad. Me levanté medio perezosamente (lo digo con vergüenza), reaccioné con una ducha, y salimos al hospital en nuestra camioneta. En el viaje les pregunto a los que me habían venido a buscar de quién se trataba. Era una de las niñas de las que bailan en la misa… Watoto wa Yesu (Infancia de Jesús). Era Teresía, que debe tener unos 12 años. Se bautizó el año pasado. Fue un golpe saberlo, uno se prepara siempre para atender gente grande y ancianos.

Cuando llegué estaba despierta, pero no tenía consciencia… parecía como si le hubiera dado un derrame cerebral. Le di la unción, la confirmación, la indulgencia plenaria, absolución bajo condición… pero no pude darle la comunión, me dio pena. Pensé que se moría ahí mismo, así que le dije a la gente que recemos un rosario para acompañarla. En ese momento, le dio una especie de ataque, en que parecía que se moría, pero cuando comenzamos el rosario se quedó tranquila. Ella vive con su abuelita, sus padres viven lejos, y están viajando… tal vez espere a verlos para irse con Dios. Esta niña era un poco especial, no tenía idea de nada de la religión, vino de la casa de sus padres sin estar ni siquiera bautizada. La abuelita, que reza, la comenzó a traer, “Tedy” hizo el catecismo y empezó a bailar en el grupo de las niñas. Ella como veía que las demás se confesaban, también vino a confesarse varias veces, antes de bautizarse… nosotros los sacerdotes no la conocíamos, así que después le explicamos que no podía confesarse. Pero mostraba con eso un gran deseo de recibir los sacramentos.

A fin de año recibió el bautismo, estaba feliz. Se había preparado con un vestido blanco, y quería sacarse fotos de recuerdo. Por la tarde de ese día vino de nuevo a pedirme que le saque alguna foto, para imprimirla. Lamentablemente nunca pude imprimirlas, porque me robaron la memoria de la cámara y perdí la foto… hoy recordaba esto con tristeza mientras la miraba en medio de sus sufrimientos en esa pobre sala común del hospital. En esa sala están todos, niños y grandes, algunos agonizando y otros no tan graves… todo el mundo entra y sale. Suelen haber gallinas debajo de las camas, y un fuerte olor a murciélago. Me despedí de ella no sin tristeza, de una niña que puedo considerar una hija espiritual… la bauticé el año pasado… no le pude dar el gusto de ver su foto del día del bautismo ni de recibir a Cristo en la Eucaristía. Pero Dios me concedió poder estar rezando sentado en su cama aferrando su mano. Pienso que son de esas tantas almas que nos van a ayudar a llegar al cielo a nosotros, los sacerdotes, que nos ayuden a pagar nuestras faltas…

Bueno, como verás, me desahogo un poco. Son historias sacerdotales. Con estas cosas ponemos de vuelta los pies en la tierra. Vemos qué cosas son las mas importantes, y para qué nos hicimos curas y misioneros… y para qué vine a este lejano punto de África. Me siento muy contento, por sobre esta pequeña tristeza que siento… Me explico, ¿no?

Un abrazo, y ¡Firmes en la brecha!

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Ushetu, Tanzania, 5 de junio de 2017.

Los días siguientes fueron las hermanas a visitarla. En varias ocasiones fueron con algunas de las niñas de la Infancia de Jesús, rezaban, y las niñas lloraban al ver a su compañera en ese estado. Finalmente el viernes pasé por el hospital para verla, y ya le habían dado el alta. Pensé que podía ir a verla a la casa alguno de estos días… me decían que había mejorado. No se trataba de un derrame, sino que había sido una especie de infección, como un meningitis… que fue tratada con medicianas que dieron buen resultado. Gracias a Dios.

Al día siguiente, estaba justo en el terreno del Noviciado, porque habían llegado los de la empresa que harían el trabajo de colocar la nueva bomba en el pozo de agua, e instalar la cañería para llevar agua hasta la parroquia. En un momento escucho: “¡Padre!” La voz de una niña allí… “¡Alabado sea Jesucristo!” Cuando miro, no lo podía creer. Estaba allí Teresía. Me dio una alegría inmensa… “¡Por siempre sea alabado!” La saludé, nos alegramos ambos. La Providencia quiso que ése sábado pasara por allí con un familiar suyo que la lleva en motocicleta hacia la casa, y se quedaron sin combustible. Como nos vieron trabajando, se acercaron a pedirnos ayuda… Y allí nos encontramos con Teresía, una semana después, y ella casi completamente recuperada. Me alegré tanto, que le dije que quería sacarle una foto, para recuerdo. “¿Y mi foto del bautismo?”, me preguntó. Me alegró escucharlo… porque le pude explicar que me habían robado la cámara, así que ahora, cuando hiciera la primera comunión, le sacaba una foto, y se la daba sin falta.

Le pregunté si se acordaba de algo de cuando la fui a ver. Me dijo que no, que estaba muy mal y no se acuerda. Le conté que le había dado la confirmación, y me preguntó… “¿Y me dio la comunión?” Le dije que no, que para eso debía prepararse, así que ahora no podía dejar de hacer el catecismo. Allí esperamos a que trajeran un poco de combustible. Luego se despidieron y siguieron su viaje.

Esto me dejó sumamente contento y pensativo, y pensé en contárselos a ustedes. Hay muchas enseñanzas en esto… tal vez muchos ya las han comprendido. Pienso en lo frágil de la vida, y en ese llamado a la eternidad. Pienso en lo simple de la vida de estos niños, y que así debe ser la nuestra. Pienso en el gran poder y regalo que son los sacramentos, que es lo más valioso que nosotros podemos darles como misioneros. Pienso… en tantas cosas. Me quedo asombrado de lo que Dios puede hacer con una niña común y corriente de un lugar perdido en África…

Dios los bendiga y guarde.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.