Huella de elefante

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Ushetu, kahama, Tanzania, 22 de mayo de 2018.

La aldea de Bupandwamhuri es relativamente nueva. Pero me refiero a que es nueva en cuanto que han comenzado a ser una capilla hace poco tiempo. Antes formaban parte de la aldea de Namba Nane, pero les quedaba muy lejos para ir a rezar allí. Ya les he referido algo de esta aldea en crónicas pasadas, pero para los nuevos lectores les cuento que éste nombre (no lo repito porque me imagino que no es muy fácil leerlo ni pronunciarlo), significa “Huella de elefante”, en kinyemwezi (otro nombre difícil). Por allí pasaban elefantes y en tiempos de lluvias dejaban grandes huecos con la impronta de sus patas.

Creo que esta aldea tiene dos, o como mucho, tres años de haber comenzado. Recuerdo cuando celebré la primera Misa allí, y luego de la misma fuimos a bendecir los cimientos y los ladrillos de barro con los que construirían su primer iglesia. Es realmente pequeña, y construida para que dure un tiempo breve nada más… está hecha con cimientos de ladrillos, con paredes ladrillos crudos, y techo de paja.

Sin embargo esta aldea va creciendo de a poco. Hay muchos paganos y musulmanes por esa zona. Como siempre, los que traen ánimo y mucha esperanza son los niños y jóvenes que han comenzado con seriedad su catecismo y el catecumenado. Algunas niñas de allí ya han hecho dos años de catequesis, han venido para campamentos en la parroquia, y van tomando bastante el espíritu de familia que nos caracteriza. De hecho fue muy hermoso llegar el sábado pasado, porque salieron esos niños y niñas a recibirme… y a pesar de que no sé sus nombres, pareciera que ya nos conocemos de mucho tiempo. Los hemos confesado un par de veces, los hemos visto en los campamentos, hemos compartido algunas fiestas de bautismos y primeras comuniones. Esto se nota mucho, sobre todo cuando me siento a confesar y son principalmente ellos los que vienen a confesarse, saben hacerlo, y les gusta mucho hacerlo.

Esta vez fui para hacer ocho bautismos de catecúmenos. Todos ellos eran niños de entre 9 y 15 años, siete niñas y un niño. Habían preparado el lugar para la Misa al aire libre, debajo de los árboles, porque la capilla es pequeñísima. También fueron invitados los miembros del coro de Namba Nane, y por eso mismo no habría lugar adentro. Me agradó mucho ver que había mucha más gente que otras veces. Si no me equivoco, es la cuarta vez que voy a ese lugar, y esta vez hubo mucha gente, y sobre todo hubo mucho orden y buena participación. Recuerdo que en la primera Misa allí venían algunos a ver qué estábamos haciendo, y se paraban a la distancia… otros venían a pastorear sus vacas al lado del lugar de la Misa. Esta vez hubo mucho orden, si consideramos que estábamos rezando la Misa afuera, con muchos motivos de distracción, como la gente que está cocinando, o los que pasan en motocicleta, en carreta, etc.

Comenzamos la Misa y llegados al momento del Gloria veo que una de las mujeres del coro, que tenía en frente a mi izquierda, hacía señas con la mano señalando algo en el piso. Pero no dejaba de bailar ni cantar. Cuando miro hacia donde señalaba veo una víbora gris de unos 70 cm que se dirigía hacia los niños. Los chicos me miraban y seguían aplaudiendo al ritmo del canto. Yo comienzo también a hacerles señas de que se vayan para atrás… Entonces es cuando ven el animal que iba en su dirección, y se armó un griterío, pero eso hizo que se abriera cancha para que llegue el catequista con una roca para neutralizarlo. Terminaron de liquidarlo las señoras que arrojaban sus pequeños bancos para asegurarse que no hubiera peligro. Yo miraba todo el operativo desde el altar, y me doy cuenta que a todo esto ni el organista dejó de tocar el órgano, ni el coro de cantar el Gloria. Me causó mucha gracia ver al catequista que se llevaba a la víbora, y todos los niños regresaban a sus lugares, y continuaban aplaudiendo al ritmo del Gloria como si nada hubiera pasado. Me tenté de risa al ver todo en orden al escuchar el “Amén” final del coro, casi triunfal. Todo siguió en orden, salvo que de vez en cuando mirábamos hacia los costados, casi instintivamente, para no tener otra sorpresa.

Al final de la Misa les dimos regalos a los niños que se bautizaron, y destaco sobre todo el regalo que pudimos hacerles de libros de catecismo para que sigan estudiando. Un grupo de señoras de habla hispana que viven en la capital de Tanzania, Dar es Salaam, hicieron una colecta y donaron 415 catecismos para nuestros niños. Estos catecismos los comenzaremos a repartir en los distintos centros de la parroquia. En esta crónica aprovecho a agradecerles a ellas por esta iniciativa y su generosidad. Sepan que estos niños rezarán por ustedes siempre… pensar que ellos puedan aprender las cosas de Dios y el camino para ir al cielo, estudiando el catecismo, no es cosa de poca monta.

Luego de la Misa nos preparamos para comer todos juntos como una gran familia. Entonces vino uno de los catequistas y me dijo que había visto que muchos niños tenían puestas cosas de paganos, amuletos de los brujos, etc. Que si tenía medallas de la Virgen le ofrecíamos que los que se sacaran esas cosas recibirían a cambio una medalla. Se recogió una buena cantidad de amuletos, y me dijeron que querían quemarlos.

Fue muy bueno, porque les recordé que eso se hacía en las misiones, y eso hacían los santos misioneros, recogiendo todos los elementos supersticiosos, y quemándolos al final de la misión. Renuncia al demonio y sus obras, y profesión de fe en Jesucristo. Es decir una verdadera renovación de las promesas del bautismo, que acabábamos de hacer durante la Misa de bautismo de catecúmenos.

Finalmente les cuento como anécdota que pasó por allí un musulmán, vestido con su túnica y sombrero, y saludó muy respetuosamente. Le dijeron que estaba el párroco, y quiso saludarme. Nos saludamos, y le dijeron que el padre había bendecido agua y sal. Inmediatamente pidió que le dieran algo en que llevar un poco, y con mucho entusiasmo e insistencia. Decía que le tiene devoción, y que sabe que tiene un gran poder. Yo pensaba en lo insólito de esta situación, pero por otro lado pienso que Dios tiene también sus caminos, pues algo verá en nuestra religión que tiene de serio y de poderoso.

Les pido que recen por la perseverancia de todos estos nuevos cristianos. El ambiente donde viven, en muchos casos, es pagano, sus familias no rezan, no creen, y todo depende de ellos y de la comunidad cristiana que los acoge y acompaña.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE