Ese “instinto secreto” que los lleva a Cristo

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30 de junio de 2018

Antes de venir a la misión de Tanzania leí el libro “Si vas a ser misionero”, del P. Carrascal. Fue parte de mi preparación próxima para mi nueva misión. Era un viaje a lo “casi totalmente” desconocido, y necesitaba de la ayuda y del consejo de los misioneros con experiencia… consejos misioneros, no sólo en cuanto al trabajo apostólico, sino a la vida en sí misma, a lo cotidiano, consejos prácticos sobre la vida de oración, vida comunitaria, etc. Ese libro fue una gran ayuda para mí, y lo recomiendo. Muchas cosas que leí en aquellos días, las he ido viendo aplicadas en la realidad de la misión. Cosas que ya tienen décadas de haber sido escritas, y sin embargo tienen una gran actualidad y siguen dando fruto… porque son verdades, y la verdad no pasa; porque son realidades sobrenaturales, y tampoco pasan.

Una de las cosas que año a año recuerdo, es lo que afirma este autor acerca de la gran devoción de los pueblos de color al Sagrado Corazón: El hombre de color ora con un gran espíritu de fe y él es fiel a este deber que es para él también una exigencia… Un instinto secreto lo lleva hacia la persona de Nuestro Señor en sus dos grandes de­vociones: Eucaristía y Sagrado Corazón. Los primeros viernes parecen días festivos. Las confesiones y comuniones numerosísimas, sus fiestas revisten una pompa y solemnidad extraordinaria. Su piedad es además generosa. Se imponen grandes sacrificios para participar en estas solemnidades de fe y de amor, no sin gran ad­miración de los mismos paganos.”

Y es una verdad increíble. Pareciera que tienen un “instinto secreto” que los lleva hacia el Sagrado Corazón y la Eucaristía. Este grupo del Sagrado Corazón, ha crecido muchísimo desde que llegamos. Hace cinco años sólo existía en una aldea, y actualmente está en catorce de ellas. Son cerca de 250 miembros de este grupo en toda la parroquia. Y realmente se imponen obligaciones, sacrificios, que demuestran una gran devoción.

Las confesiones y comuniones de este grupo son numerosísimas, especialmente los primeros viernes de cada mes, en que se reúnen para poder participar de la Misa y los sacramentos. Cada viernes vienen todos los que viven aquí cerca de la iglesia parroquial, pero especialmente el primer viernes de mes vienen de muchas otras aldeas. También se quedan para hacer un día de retiro, con oración y ayuno. Simplemente toman un desayuno, y luego se privan de la comida, lo cual significa un gran sacrificio, ya que deben regresar a sus hogares, que muchas veces les queda a muchos kilómetros. Regresan caminando o en bicicleta a aldeas que están a 10, 15, y hasta 20 km. Es una gran verdad que se imponen grandes sacrificios para participar, y no sólo de las solemnidades, sino también cada mes.

Y digamos que sus fiestas revisten una pompa y solemnidad extraordinaria, y no sólo las fiestas sino que a veces cada viernes, parecería una fiesta. Claro que rezan y hacen ayuno, y gran sacrificio para llegar temprano a la iglesia. Como por ejemplo, a veces a las 5:30 de la mañana, cuando abrimos las puertas del templo ya hay gente sentada en la puerta esperando para entrar… ¡a qué hora habrán salido de sus casas para llegar tan temprano! Pero es verdad que se parece a un día de fiesta, porque ellos mismos se alegran de encontrarse, vienen vestidos con sus insignias y de color rojo preferentemente… y eso se convierte en una fiesta.

Pero la solemnidad del Sagrado Corazón, supera a la fiesta del encuentro de cada mes. Este año se prepararon con oración, llegaron el día anterior muchos de las aldeas más lejanas, y durmieron en las instalaciones de la parroquia. Se quedan cocinando y charlando hasta tarde, cantan y rezan. Al día siguiente tuvimos la Santa Misa de la Solemnidad, y la iglesia estaba en sus tres cuartas partes llena de gente, y casi todos miembros de esta cofradía. La iglesia parecía toda vestida de color rojo.

Durante la celebración se oficializaron ochenta nuevos miembros, niños, jóvenes, adultos y ancianos; hombres y mujeres. Hacen una promesa donde se comprometen a cumplir los reglamentos de esa cofradía, y luego reciben una insignia. En mis vacaciones en Argentina pudimos encargar en un orfebre estos distintivos, hechos y pintados a mano, uno por uno. Estaban muy contentos al recibir su insignia, que la cuidan mucho y la visten con verdadero orgullo.

Al terminar la Misa hicimos una breve procesión por el terreno de la misión.

Finalmente terminamos con el almuerzo y el fogón. No se acostumbra a hacer fogones o “show” luego de las comidas, sino que es una tradición muy nuestra. Ellos ya la han aprendido y asumido, y son ellos mismos los que lo organizan. Siempre son cantos del coro, y de los distintos grupos. Se suele terminar con todos bailando, y entonando cantos cristianos en un gran círculo. Me causa gran alegría ver eso, un verdadero clima de familia, alegre, gracioso, y sin formalismos. La gente se alegra de vernos con ellos, divirtiéndonos como una verdadera familia espiritual.

Claro que todo esto produce gran ad­miración de los mismos paganos, quienes los ven venir cada viernes, cada primer viernes, y en las grandes fiestas y solemnidades. Se dan cuenta que hay algo, que hay una “verdadera devoción”, sobre todo al ver grandes sacrificios, y mucha alegría.

Agrego, que esta admiración que producen con su ejemplo, no es sólo a los paganos de aquí, sino también sorprende a nuestro actual mundo “neopagano” de occidente.

No dejamos de admirarnos los mismos misioneros, al ver la atracción que produce el amor del Sagrado Corazón en sus almas.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE