Escribiendo pequeñas historias

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Ushetu, Tanzania, 1 de mayo de 2017.

Decir que vamos escribiendo la historia en esta pequeña porción de la iglesia, puede sonar un poco presumido, pero es correcto, me parece. Son pequeñas cosas, pequeñísimas, pero sin embargo se pueden escribir en la historia de las capillas, y de las aldeas… o al menos a mí me gustaría recordarlas, o saberlas, si fuera un católico del día de mañana de estos lugares. Por ejemplo saber quién fue el misionero que llegó primero, o quién levantó la primera iglesia, o si esta iglesia es el primer o el segundo templo… etc, etc. Cosas que hacen a la historia de la fe, a esas semillas que fueron cayendo y luego crecen en grandes árboles, que producen fruto y que sirven de refugio a las aves del cielo, como dijo Cristo.

Cuántas veces en nuestras tierras de América, hemos conocido la historia de alguna iglesia, o de un santuario, o de una imagen… otras veces una imagen de la Virgen, milagrosa y venerada, ni siquiera sabemos cómo llegó a ese lugar, y se tejen conjeturas a partir de documentos o tradiciones muy antiguas.

Ayer pensaba en estas cosas, cuando tuvimos la gracia de llevar la imagen de la Virgen a una aldea. Es una imagen que aproveché a comprar cuando estuve en Egipto recuperándome de una operación. Allí fuimos a una santería copta, y pudimos conseguir una imágenes grandes de la Virgen María en un material muy resistente y liviano, de resina y fibra de vidrio. Artísticamente tienen sus carencias, pero están lindas, y despiertan devoción.

La primer imagen que llegó, la trajo el P. Jaime, y la llevamos a la aldea de Nyamilangano. Les conté en una crónica pasada acerca de eso, fue en el mes de diciembre pasado. Las iglesias en nuestra parroquia no tienen imágenes, y queremos que vayan adquiriendo las suyas, y podamos de esa manera ayudar a acrecentar la devoción de nuestros fieles.

Cuando estuve en El Cairo, aproveché a comprar cinco imágenes de buen tamaño, que hemos ido trayendo de a poco, y las iremos llevando a las capillas más grandes. Luego seguiremos esta campaña, tal vez adquiriendo las imágenes de porte proporcional a la iglesia. Cuando regresé de Egipto vine con una de estas imágenes, luego el P. Gabriel Romanelli cuando vino a visitarnos trajo otra, y la semana pasada el P. Jaime, regresando de sus vacaciones, también viajó con una imagen. Nos quedan dos que están esperando alguien que las traiga.

Como les decía, ayer organizamos la llegada de la imagen a la aldea de Mbika, que tiene como patrono a San Esteban. Nuestro deseo es que reciban a la Virgen con una verdadera fiesta, porque de verdad es algo histórico, que esa imagen llega “para quedarse”. Queremos que comiencen a tener la tradición de hacer procesiones, cosa que tampoco existe. Así que la primer procesión de la Virgen, en la historia de esa aldea, fue en el día de ayer.

La gente se congregó en la entrada del pueblo, y en verdad que era una multitud. Los niños llevaban ramos, para agitar, como alguna vez lo llevaron un domingo de Ramos para recibir a Cristo mismo. Estaba el coro, las hermanas, y mucha gente.

Comenzamos la procesión con mucha algarabía, y pasamos bien por el medio del pueblo, en la parte céntrica. Mucha gente miraba asombrada, algunos pocos se sonreían con cierto desprecio, otros seguían en sus oficios queriendo ignorar lo que sucedía, y los católicos que pasaban orgullosos delante de todos manifestando su fe. Se rezó el rosario, se cantó mucho, y llegamos a la iglesia, que se llenó totalmente de gente. Es una iglesia bastante grande. Mostraron una gran alegría cuando les dije que la Virgen había hecho un largo viaje, desde Egipto, para llegar hasta Mbika, “para quedarse, y no irse nunca más”. Pienso que los niños se acordarán siempre de este día, y los contarán a sus hijos y nietos en el futuro. También vieron por primera vez colocado el ícono de San Esteban, que se bendijo el Domingo de Ramos en la parroquia, en el centro misionero.

El Evangelio de ayer nos hablaba de ese fuego que ardía en los corazones de los apóstoles cuando escuchaban a Cristo camino a Emaús. Ese fuego que Él Mismo dijo que había venido a traer y que deseaba que estuviera ya ardiendo. Me llevó a pedirle a Nuestro Señor y a su Madre, que nosotros, misioneros, podamos mantenerlo encendido dentro de nuestros corazones, y podamos comunicarlo a todos. Ojalá que se enciendan en el amor de Cristo y su Madre Santísima… que lleguen a un tierno amor y devoción a nuestra Madre del Cielo; que al ver su imagen, que la recuerden, que la honren; y en procesiones y rosarios, crezca su devoción y la manifiesten delante de un pueblo pagano, que tanto necesita la luz de la fe.

¡Firmes en la brecha! ¡Viva la Virgen!

P. Diego Cano, IVE.