Diary of a Missionary in Tanzania

El Nuncio Apostólico en la misión

En Instituto Verbo Encarnado/Tanzania

Ushetu, Tanzania, 21 de noviembre de 2014.

Tengo que darles explicación del porqué de esta ausencia de noticias, y verán que las actividades que voy a relatar son el motivo que me excusan.

En el mes de septiembre pasé por la casa del obispo para llevarle unos papeles al secretario, y ese día me encontré con Monseñor Minde que salía de una reunión con el consejo presbiteral. Venía con mucha alegría y euforia, me saluda, y acto seguido me comienza a contar en pocas palabras que vendría de visita a nuestra diócesis de Kahama el Nuncio Apostólico en Tanzania. Hasta allí todo muy bien, pero el motivo de comunicarme a mí esta noticia, era que habían decidido en la reunión que una de las parroquias a visitar era la nuestra, de Ushetu, y se realizarían nada menos que 500 confirmaciones, juntando niños de las cinco parroquias de la decanía. Desde el vamos que parecía algo grande, mucho trabajo, pero ciertamente que una gran noticia.

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A partir de la fecha de la noticia hasta la visita, que tuvo lugar el 15 de noviembre pasado, ha sido un suceder de trabajos que se iban aumentando a medida que pasaba el tiempo. “El movimiento tiende a acelerarse hacia el final”, como solemos decir siempre cuando llegamos al final del año en las casas de formación, como seminarios menores, mayores y noviciados. Puedo decir que esto no fue una excepción a la regla, y experimentamos algo de vértigo la semana pasada.

Ya en septiembre, cuando recibimos la noticia, apenas la comunicábamos a la gente de la parroquia, despertaba gran alegría el haber sido elegidos para este evento, siendo que el nuncio visitaría cuatro parroquias de las veintiuna que forman la diócesis. Era inevitable que detrás de la alegría surgiera un poco de preocupación, ya que noviembre es el tiempo de las lluvias. Aquí se espera con ansiedad que lleguen las lluvias y se reza para que llueva… pero entre la llegada del Nuncio y de la lluvia, había que darle prioridad al primero. Y eso era un verdadero problema, pero que no podía caber en nuestra previsión, sino sólo tratar de armar algún toldo para la misa, y algún techo para la cocina… y rezar. Porque aunque estuvieran todos los previsibles, cuando aquí llueve de verdad, no hay toldo que te pueda refugiar una multitud de 800 personas sin mojarse… y digamos menos de la cocina, pasada por agua y barro.

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Las hermanas trabajaron mucho, o mejor digo, muchísimo… por los preparativos, y en la misma fiesta. Hubo que pensar en dos días con toda la gente, ya que los niños que se confirmaban vendrían el día anterior a la ceremonia, porque las parroquias quedan lejos, y no podían arriesgarse a viajar el mismo día en plena época de lluvia, con el riesgo de no poder llegar a tiempo. Y como el obispo deseaba que se hiciera un examen a los confirmandos, debían llegar todos el día anterior por la mañana… todo esto implicaba pensar en la comida de dos días, lugares para dormir, baños y duchas, etc. La comida ciertamente que es muy simple, pero para tanta gente y dos días era realmente una prueba de fuego para las cocineras.

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Ya en el inicio de la semana, con un grupo de hombres comenzamos los trabajos de armado de un toldo frente a la casa vieja de la misión, lugar mas amplio para la misa. También se armaron los ya tradicionales baños y duchas “de campamento”, que para la gente de aquí es de uso cotidiano (van fotos para que se den una idea). Las hermanas trabajaron mucho en los preparativos de la comida, y también buscando la gente que ayude en el servicio, en la ornamentación, y en todo lo necesario.

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Yo les puedo contar algo del trabajo ministerial… porque fueron llegando los niños de las parroquias vecinas, y los de aquí también, en un número total de 415. Mientras un sacerdote les daba una charla reafirmando conocimientos y examinándolos, otros dos sacerdotes comenzamos la ímproba tarea de confesarlos. Y tengo que decirles que no dimos a basto ése día, por más que estuvimos casi cuatro horas seguidas sentados y sin pararnos escuchando confesiones. Como se hacía de noche, y el otro sacerdote debía regresar a su parroquia, decidimos dejar algunos para el día siguiente por la mañana. El día sábado luego de las oraciones comencé a confesar a los casi 80 niños que todavía no se confesaban… y mientras rezaba para que alguno de los otros párrocos llegara a darme una mano. Se imaginan que entre confesión y confesión miraba hacia la entrada de la misión, miraba mi reloj, y me parecía que los minutos volaban. Luego de casi dos horas, gracias a Dios llegaron dos sacerdotes que me permitieron salir a ver cómo estaban las cosas.

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Les miento si les digo que estaba tranquilo… era un nudo de nervios. Me puse a juntar a la gente, que andaba caminando muy tranquilamente por todos lados, pero yo me imaginaba que en cualquier momento llegaba la caravana con el nuncio y todos estaríamos por cualquier parte. Logramos ir arreándolos, grandes, jóvenes, niños… niños más pequeños, formamos dos filas en la entrada de la misión, con muchas banderas papales, el coro cantando, y a los cinco minutos se ve llegar el auto de la policía que abría camino, seguido de los demás coches. Todo fue siguiendo su curso normal, como se dice, sin poder detenerlo, y si algo faltaba, poner cara de “acá no pasa nada”.

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El Nuncio es el arzobispo Francisco Padilla, nativo de Filipinas, que estuvo de nuncio también en Papúa Nueva Guinea, conocía a nuestros misioneros muy bien, y hablaba español. Todas cosas que me dejaron mas tranquilo y solucionaron tantas otras. Un hombre muy sencillo, de trato muy simple que me trasmitió mas serenidad. Por supuesto, dejo de lado el contarles de los típicos olvidos nuestros... En términos generales, creo que salimos bien parados.

La misa transcurrió con mucha normalidad y alegría en todos. Quería destacar unas palabras que dijo el Nuncio sobre el final, en el momento de dar las gracias, que mas o menos fueron estas: “Me dijeron que veníamos a una de las parroquias mas alejadas de la diócesis, y de las más pobres. Pero veo que vosotros sois muy ricos. Sois ricos en la fe, sois ricos en la alegría con la que viven, en la vida religiosa que llevan. Pueden sentirse verdaderamente ricos”.

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Paso por alto detalles de la misa, sólo destaco que nos tocó un día radiante en medio del tiempo de lluvias, un regalo inmenso de Dios. Luego de la misa, y de una acción de gracias, nuestro obispo, Mons. Minde, lo invitó a hacer una breve visita por las instalaciones de la misión que atienden las hermanas, así que pasamos por el Jardín de Infantes, el Dispensario y la misma casa de las hermanas. En el almuerzo pudimos charlar mucho sobre su experiencia en Papúa, y el tema de la formación de las vocaciones nativas. Gracias a las conversaciones que he podido tener con los padres misioneros en sus pasadas por Argentina, pudimos conversar y extendernos sobre el asunto.

Luego del almuerzo partieron a una parroquia vecina a seguir con sus actividades. En los cinco días que el nuncio estuvo en la diócesis realizó más de 2.000 confirmaciones, y el último día una ordenación diaconal.

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Al terminar estos meses… y sobre todo estos últimos días, hemos podido respirar aliviados… creo que tenemos un “aprobado”. La gente más que contenta por una visita realmente histórica, del Nuncio en Tanzania que llegó hasta nuestra alejada parroquia de Ushetu. Estas visitas que a todos nos hacen bien, porque nos llevan a esforzarnos, a salir de nuestra quietud, a tratar de hacer las cosas bien… que es verdad que siempre hay que hacerlo, y por la gloria de Dios, pero la presencia de personas importantes de la iglesia también nos recuerdan esa presencia y autoridad de Dios. Son sus representantes, por cierto. El Nuncio nos trasmitió la bendición del Papa Francisco, quien tomó sus manos y las bendijo para que llevara su bendición a todo Tanzania.

Ahora nuevamente regresamos a la normalidad… bueno, es un decir. Considerándonos inmensamente “ricos”, y si bien en una de las parroquias mas alejadas, nunca alejados ni olvidados por Dios, que en su gran bondad nos colma de bendiciones como estas.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego.

6 Comments

  1. Soy un «pibe» de 94 años y todos los dias ruego a Dios que bendiga con salud y alegria, a los misioneros en general y a los del IVE en particular. Hugo

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