Donde todo se viste de fiesta

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Ushetu, Tanzania, 26 de noviembre de 2017.

Fiesta de Cristo Rey.

Es impresionante volver. Es impresionante por muchas cosas… me admira lo rápido que pasa el tiempo aquí. Llegué hace dos semanas y han pasado tantas cosas. Quería contarles un poco más del regreso a la misión, luego de mis vacaciones y de la operación en la mandíbula. Viajé desde Dar es Salaam hasta Ushetu en vehículo. Es decir, pudimos hacer la compra de un auto usado para la misión, ya que ahora somos cuatro sacerdotes y dos casas religiosas (parroquia y noviciado). Y si bien rezábamos para que hayan más sacerdotes, era difícil repartirse para las Misas, al no tener movilidad. Compramos un vehículo modelo 1998, es decir que el próximo año le festejaremos los 20 años de vida de servicio… pero gracias a Dios está en muy buen estado y pensamos que podrá sernos muy útil. Entonces lo compramos en la capital y nos volvimos manejándolo con el P. Víctor hasta la misión.

Pero el viaje me llamó mucho la atención por el contraste con nuestra misión, en cuanto a paisajes se refiere. El viaje consta de 1.160 kilómetros, y podemos decir que viajamos casi 700 kilómetros de desierto… un gran desierto, con mucho calor, y sin embargo con casas y gente viviendo en esos lugares.

Me sorprendió mucho, sobre todo al ir llegando a la misión, a nuestra querida parroquia de Ushetu. El paisaje comenzó a cambiar notablemente unos 200 kilómetros antes, con más y más verde. He valorado mucho más el hermoso lugar donde me toca misionar, y mucho más en ésta época del año. Cuando me fui de vacaciones todavía estábamos en la época de sequía, y de un año de sequía muy grande. Y al regresar, ya han caído varias lluvias, y todo el paisaje cambia en un verde intenso, una vegetación frondosa, y vistas que parecen de otro lugar.

Pero lo grandioso siempre es volver. Al pasar el lugar donde comienza la parroquia, sentí una gran alegría, a pesar de ser muy tarde y después de un viaje tan largo. La gente de aquí sí que sabe recibir al que vuelve, y de tal manera que siempre se quiere regresar. El domingo pasado por la mañana celebré la Misa en la parroquia… y me produjo gran alegría. La gente sonreía desde los bancos. Cualquier cosa que decía era respondida con un aplauso y vigelegeles. Me sentí de nuevo en casa, en la misión, fue hermoso, y por momentos emocionante. Todos saludaban con mucha alegría… y pensaba en lo que era ése contraste del paisaje del camino, así como parecía un gran desierto el camino que me llevaba a la misión, era un vergel el que me esperaba, el de las almas. En la Misa pasaron todos a saludarme y a darme una ayuda a causa de mi operación.

Es una tradición, siempre ayudar al que ha tenido algún problema grave de salud. Pero todo era rodeado de mucha alegría, apretones de manos, y abrazos, sonrisas… y fotos fuera de la iglesia. Cuando les conté al final de la Misa cómo había sido la operación, que me habían puesto una prótesis de titanio, y que me sacaron hueso de la cadera para ponerme en la mandíbula… se reían. Es verdad, es algo impensado aquí, y parecía una broma. Sin embargo, todos hacían notar que estaban contentos con el regreso. Yo estaba más contento que ellos.

Y es impresionante para mí, porque al llegar ya somos cuatro sacerdotes del IVE en Tanzania. Una cosa increíble, y jamás vista. No puedo creer al pensar que hace tres años atrás me encontraba solo. Pero Dios bendice, y aquí estamos ya con el equipo completo. La gente se pone contenta con eso, sabe que es un don inmenso tener cuatros sacerdotes. Ahora somos la parroquia con más sacerdotes en toda la diócesis de Kahama. Hoy me decía un feligrés, hablando de esto: “Los últimos serán los primeros”, haciendo referencia que siempre Ushetu fue una de las parroquias más pobres y lejanas, y ahora somos la parroquia que más sacerdotes tiene.

Me han esperado muchas almas, pero también muchas actividades de fin de año que son hermosas, como los bautismos y las primeras comuniones. Es mucho trabajo, pero siempre con mucha alegría, con mucho consuelo. Sobre todo ahora, que siendo cuatro sacerdotes, la atención se multiplica, las cosas van mejor, y la gente se la ve mucho más contenta. Puedo ver a la parroquia funcionando y creciendo, como me parecía increíble pensarlo hace algún tiempo… pero ahora somos cuatro sacerdotes.

En esta breve semana de regreso, ha llovido muchísimo, y todo está mucho más verde y lindo que cuando llegué. Ayer fuimos tres sacerdotes y dos postulantes a dos centros para hacer las confesiones de los chicos de primera comunión. Tenemos siete centros donde se hace esta celebración, y ya hemos podido hacerlo en tres de ellos. Por eso fuimos con dos postulantes que les tomaban un breve examen, y luego los mandaban a la confesión. Y siendo tres sacerdotes, pudimos hacer muy bien el trabajo.

Yo recuerdo que el año pasado estaba solo, y sólo en Ilomelo confesé cerca de noventa niños… y fue un gran trabajo, junto con la charla para prepararlos, y luego las confesiones, por muchas horas. Esta vez fue todo más rápido. Pudimos confesar unos sesenta niños en el centro de Kangeme, y de allí seguimos hasta Ilomelo donde nos esperaban otros sesenta.

Lamentablemente en este tiempo de lluvias se les complica mucho asistir a los chicos… y de tres aldeas no vino nadie. Ya vamos a ver cómo hacemos, para que no se pierdan de hacer la primera comunión, porque han asistido al catecismo durante todo el año. Mientras viajábamos llovía, y se veía a los niños y la gente trabajando en el campo. Sabíamos que a muchos les sería difícil ir bajo la lluvia desde sus aldeas para hacer la confesión, y por eso mismo decidimos ir, sabiendo que muchos harían un gran sacrificio para llegar. Sería un gran desánimo para ellos que los padres no fueran. Así que ya sea por cinco o por sesenta, debemos ir. En Kangeme fue muy lindo ver llegar a unas niñas desde las aldea de Ngilimba, a unos cinco kilómetros, caminando bajo la lluvia, por el barro, pero como lo más normal. Llegaron a confesarse, y luego de  comer, volver caminando a su aldea.

Luego fuimos a Ilomelo, y allí nos esperaba otro grupo muy grande de niños. Lo mismo que en Kangeme, me impresionó el espíritu de sacrificio, para asistir, para ir a confesarse y prepararse a la primera comunión. En Ilomelo se redujo mucho la asistencia de los niños luego de la muerte del catequista Stanislawsi. Sin embargo, los que fueron, estaban muy bien preparados. Y el catequista Rafael, se ha esforzado mucho, a pesar de estar casi sólo con tres aldeas. Algunos jóvenes lo ayudan con una de ellas, pero esta semana estaban en exámenes del colegio secundario y no pudieron ir a la aldea de Bughela. Hay que seguir rezando mucho por todos ellos.

Volvíamos por la tarde muy satisfechos por el trabajo. Habíamos confesado un montón, y los chicos estaban muy felices de que se acerque el día de su primera comunión. Los sacerdotes gozamos de manera especial. Y a todo eso se sumaba el hermoso paisaje del tiempo de lluvias, todo verde y frondoso, y la gente que nos saludaba feliz desde el campo. Rezando el rosario y tomando unos mates en el vehículo, gozando del trabajo en equipo… y de una misión que crece, sólo nos quedaba disfrutar.

Las primeras comuniones de Ilomelo fueron hoy domingo 26, día de Cristo Rey, y además hicimos bautismos de jóvenes en Nyamilangano… más todo el trabajo normal del domingo. Hay mucho para contar de lo vivido hoy. Lo dejamos para la próxima porque esto se hace largo.

Una semana de mi regreso, y pienso cómo todo aquí se viste fiesta, cualquier cosa… regresar, recibir al misionero, ir a confesarse, que llueva, celebrar la misa… ¡todo!. Tanta alegría con tan pocas cosas… me impacta, sobre todo al estar recién “regresado”.

Seguiría escribiendo ahora mismo, si no fuera que ha sido un domingo intenso, de mucho trabajo, y me invita al descanso. Nos queda hablar de las primeras comuniones de Ilomelo y los bautismos de Kangeme.

Bueno, ¡adiós! Ahora sí, hasta la próxima.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.

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