Domingo en Egipto

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King Mariut, Alejandría, Egipto, 1 de marzo de 2017.

Miercoles de cenizas.

Me resulta un gusto poder escribirles en un día como hoy, miercoles de ceniza, y nada menos que desde un lugar como Egipto. Lo digo así porque las celebraciones litúrgicas, las fiestas, se viven de manera especial en un país donde la mayoría es de religión musulmana.

King Mariut – Hogarcito de niños discapacitados atendido por padres del IVE en Alejandría – Egipto

Recuerdo siempre, cada miércoles de ceniza, lo que me contó un compañero mío de seminario, que actualmente es sacerdote, que el día de su conversión fue un día como hoy. Él era cadete de marina, estaba buscando a Dios, y asistió a la Misa de imposición de ceniza por primera vez. Al pasar en la fila y recibir en la frente las cenizas escuchó: “recuerda que eres polvo, y al polvo volverás”. Esas palabras lo cambiaron totalmente. Le hizo pensar en la muerte, y el destino del hombre… la vanidad de esta vida. Su búsqueda lo llevó finalmente a recibir los sacramentos, y tiempo después, ingresar al seminario. Hoy es sacerdote, religioso de nuestra congregación del Verbo Encarnado, y gran amigo.

Luego de esta pequeña digresión sobre el día de hoy, les cuento porqué es tan especial celebrar los misterios cristianos en Medio Oriente, particularmente en Egipto donde me encuentro estos días. Tal vez me entenderían si les dijera que en estos momentos se escucha la oración de los musulmanes por los minaretes… y se superponen produciendo un gran bullicio.

La semana pasada estuve alojado en el hogar de las hermanas en un barrio popular de El Cairo, El Zeitoum, donde abundan las mezquitas, y caminar por esas calles produciría cierto temor a los que no estén acostumbrados, como ha sido en mi caso.

Pero llegó el domingo. El Hogar queda rodeado de edificios que le dan sombra como grandes muros a los cuatro lados… muros de treinta o cuarenta metros… el cielo se puede ver si se dirige la vista al mediodía, y el sol da recién a las diez de la mañana en la casa. Departamentos a los cuatro lados, mucha gente, y pienso en que la mayoría de ellos no son cristianos. Pero allí en la casa se junta el pequeño grupo de hermanas, junto a las niñas discapacitadas, y otras niñas y jóvenes que viven en el Hogar.

Niñas discapacitadas del hogar junto a una voluntaria

Una pequeña capilla, y comienza la Santa Misa, los cantos en árabe… y me regocijo de saber que Dios sea alabado en esta lengua, en un lugar donde las voces de los cristianos son pocas. Es el “pequeño rebaño”, y qué pequeño si miro a algunas de las niñas que apenas rondan los 7 u 8 años… y los minusválidos, personas que no son tenidas en cuenta en el mundo, y menos en una sociedad como esta. Pero a la vez pienso cómo Dios quiso dejar que sean ellos los que lo alaben y anuncien, y “si ellos callaran, gritarán las piedras”.

Niñas del hogar de las hermanas en El Zeitoum

Tal vez no les llame la atención, pero les dije que era domingo. En nuestros países decir domingo, dice muchas cosas. Nos dice el día de descanso, feriado, cuando se junta la familia, se sale de paseo, etc. Pero es domingo en El Cairo. La vida sigue su rumbo normal, es día de trabajo, es como un día lunes o martes… hay colegios, negocios, bancos… el día que “parece” domingo aquí es el viernes, día de los musulmanes.

Calles de El Cairo

En el momento de comenzar la Misa dominical, en un lugar que sigue su ritmo normal de vida de trabajo. Me dio una gran alegría… y pensé “¡Éste es nuestro día!”. Pensaba en que Cristo se regocijaría mucho más que yo en escuchar esos cantos en árabe ese domingo… Cantos de alegría cristiana. Y me admiré de ver cómo viven los cristianos ese día, a pesar de que están en una sociedad musulmana.

Me lamenté de lo fácil que perdemos en nuestros países el sentido del día domingo. Es un día de descanso, sí, generalmente. Pero no es para nosotros el “día del Señor”, que eso quiere decir domingo. Y en un lugar donde sería tan fácil ir a Misa el domingo, muchos dejamos de hacerlo. ¿Qué sería de nosotros si tuviéramos tanta dificultad para asistir a Misa como los cristianos de Egipto, o de tantos lugares de Medio Oriente?

Hacia el año 303 el emperador Diocleciano prohibió a los cristianos, bajo pena de muerte, reunirse el día domingo para celebrar la Eucaristía y construir lugares para sus asambleas. En Abitinia, una pequeña población de la actual Túnez, 49 cristianos fueron sorprendidos un domingo mientras, reunidos en la casa de Octavio Félix, celebraban la Eucaristía desafiando así las prohibiciones imperiales. Luego de ser arrestados fueron llevados a para ser interrogados. Uno de ellos le respondió al procónsul que le preguntaba por qué habían transgredido la severa orden del emperador: “Por que sin el domingo no podemos vivir”; es decir, si no nos reunimos en las asambleas del domingo para celebrar la Eucaristía, no podemos vivir; nos faltarían las fuerzas necesarias para afrontar las dificultades diarias y no sucumbir. Y murieron mártires del domingo cristiano… muchos de ellos eran niños, otros jóvenes, laicos, y un sacerdote.

Una de las mártires de Abitinia, respondió: “Sí, he ido a la asamblea y he celebrado la cena del Señor con mis hermanos, porque soy cristiana”. Son mártires, como tantos cristianos perseguidos en nuestros días en esta tierra de misión.

P. Gabriel Romanelli – Provincial de la Provincia Nuestra Señora del Destierro (Túnez- Egito-Tanzania)

Gracias queridos misioneros del IVE y Servidoras por misionar en Egipto y en todo Medio Oriente. Esta pequeña crónica quiere ser un agradecimiento por la atención que me han brindado en este mes de mi operación y convelescencia aquí. Me he sentido realmente en casa, rodeado de mis hermanos y hermanas. Gracias al P. Provincial, a los sacerdotes, novicios y menores; gracias a las hermanas, a todas.

Son un verdadero ejemplo para nosotros, y me alegra tanto que sean nuestros padres y hermanas quienes ayuden a los cristianos de estas tierras, que tanto lo necesitan, y que se alabe a Cristo y su Madre en la lengua árabe.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.

 

Sagrada Familia huyendo a Egipto Nuestra Señora del Destierro