El Crisma fresco en mis manos

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Ushetu, Tanzania, 31 de diciembre de 2017.

El domingo posterior al campamento de monaguillos pude ir para las Primeras Comuniones del centro de Nyamilangano. Por el camino veíamos a los chicos que iban para la Misa, de las aldeas vecinas, algunos de los cuales iban a recibir a Jesús Eucaristía por primera vez. Fuimos con la Hermana Inmaculada, y una postulante que acompañaba. En la entrada del terreno de la capilla nos estaban esperando todos los chicos de primera comunión, con cantos de bienvenida, y vestidos todos de blanco. Y se los veía “brillar” como siempre.

También habían jóvenes del TYCS (los Jóvenes Católicos Estudiantes de Tanzania), del colegio secundario estatal, que se habían preparado para comulgar por primera vez. El total de comuniones de las seis aldeas y los chicos del TYCS fueron 124. Es el centro que va al frente hasta ahora en cantidad de primeras comuniones. El total en la parroquia ya hemos dado 566 primeras comuniones en siete celebraciones, y nos queda la última donde se congregarán de tres aldeas que no pudieron llegar a Kangeme a causa de las lluvias.

Una de las cosas que destaco en esta celebración, que fue muy hermosa, fue que una niña que venía de una iglesia protestante, derivada de la anglicana y que tienen bautismo válido, hizo su profesión de fe católica. También una señora adulta se bautizó he hizo la primera comunión, porque ella venía de una secta pentecostal.

En las primeras comuniones del centro de Ilomelo hicieron su profesión de fe e ingresaron a la iglesia católica romana dos mamás de niños de primera comunión, de las cuales una venía de la iglesia Luterana, y otra de la Anglicana.

Ellas se prepararon con catecismo por un año, y el día de la primera comunión de sus hijos, entraron plenamente a la Iglesia Católica. Nos decían que veían a sus hijos que participaban con tanta devoción del catecismo, y que venían a rezar, que las llevó a ellas a pedir entrar en la Iglesia Católica, porque querían rezar con sus hijos. Vamos viendo que por medio de muchos de estos niños y niñas se va dando la conversión de muchos, incluso de algunos paganos.

La Misa fue muy bien participada, y luego pasamos a los consabidos y esperados festejos. Comimos todos juntos afuera bajo unos toldos y la sombra de los árboles, después algunos cantos y versos de las Watoto wa Yesu y del coro, y finalmente la entrega de regalos. Se los veía felices con “tantos” regalos de caramelo, estampa, rosario, y el libro de la “Vida de Jesús” ilustrada.

La hermana Inmaculada, que hacía más de un año que no visitaba esta aldea, estaba sorprendida y me hacía el comentario de lo cambiado que veía todo, lo bien que participaban, la hermosa preparación, y hasta las vestimentas de los chicos de comunión… se va viendo el trabajo de un año a otro, la buena preparación, y cómo les gusta que cada sacramento se celebre con su importancia propia.

El catequista de Ngokolo me había pedido que le llevemos la comunión a una abuela que estaba enferma. Al llegar a la casa, la familia respondía con dificultad al saludo “Alabado sea Jesucristo!”, aunque todos eran “católicos”, parece que no muy practicantes. Es una aldea donde hay muchos paganos. Sin embargo de esa misma aldea también hay vocaciones de hermanas en algunas congregaciones de aquí de Tanzania.

La viejita estaba sentada afuera, en el piso, bajo una enramada de hojas de palmera. Hizo el esfuerzo de sentarse en un tronco en el tiempo que rezábamos, pero no pudo con el dolor, y volvió a sentarse en el piso. Es increíble la sencillez en la que viven. Allí rezamos… pero todo me tuvo que traducir el catequista al sukuma. La abuela, Martha, no hablaba casi nada de swahili, y menos de mi “raro” swahili. Le di la comunión y la unción, y también la confirmación. Luego de repartir rosarios a todos (eso sí que todos piden, no importa la religión a la que pertenezcan), seguimos viaje.

Aproveché a pasar y ver cómo habían quedado los trabajos en la iglesia. Esta aldea tenía una capilla muy chiquita, y estaban construyendo un edificio nuevo, bien grande.

Pero como sucede siempre, lo más difícil es la terminación. Ellos con sus propias fuerzas levantaron todas las paredes. Gracias a Dios en mis vacaciones pude conseguir ayuda para techar esta iglesia y estaban felices. Nos hizo esta donación un matrimonio de San Luis, en Argentina, a quienes estaremos siempre infinitamente agradecidos. La techaron rapidísimo… ahora siguen quedando más cosas, pero es un gran paso, la gente se entusiasma para seguir trabajando y ayudado para poder terminarla. Este año haremos la fiesta del Corpus Christi en esta aldea.

Finalmente comenzamos a regresar a la parroquia, porque el tiempo se iba yendo y se acercaba la noche. Pasamos hacia la aldea de Bukomela por un camino que las une por la montaña. Un paisaje hermoso en esta época de lluvias y cultivos.

Luego tomamos el camino que pasa por Shunu, y de allí retomar el camino principal. En ese tramo del camino, que pasa por campos de arroz y monte… se veían venir los grupos de los chicos de primera comunión caminando, se los veía destacar con sus vestidos y camisas blancas. Y vimos que venían algunos caminando muy despacio… ¡venían leyendo la Vida de Cristo ilustrada! Algunos caminaron más de doce kilómetros para regresar a sus casas.

En un momento vemos a una niña con su vestido blanco de primera comunión que se estaba regresando… es decir, caminando en dirección contraria al resto de los chicos. Me pareció extraño, y cuando pasamos con el auto vimos que iba llorando. Nos frenamos y le preguntamos qué pasaba. Nos dijo que se le había perdido la estampita que le habían dado de regalo, y se estaba regresando para buscarla. Providencialmente les había quedado una estampa a las hermanas… ¡sólo una! La cuenta exacta. Y se la dieron. Recobró su sonrisa de inmediato y le dijimos que corriera a juntarse con el grupo, que no era bueno que regresara sola, porque ya se hacía de noche, y esos lugares son peligrosos para un niño si anda solo, sobre todo por ser tan descampado hay peligro de ser atacado por una hiena.

Mientras recorríamos lo que faltaba de camino hacia la parroquia, recordé algo que me causó gracia y me alegró a la vez. No sé porqué se me vino esto a la cabeza… ciertamente que ha sido de Dios. Una vez, entre varios sacerdotes, no recuerdo dónde ni cuándo, habiendo religiosos y diocesanos, llegó un sacerdote recientemente ordenado, y uno de los más grandes le agarraba las manos y se las olía diciendo: “Está el olor del Crisma todavía”. Recordé que ésa mañana, en el bautismo que hice en la Misa de primeras comuniones, me quedaron los dedos impregnados por el Óleo de los Catecúmenos y el Santo Crisma. Luego cuando fuimos a ver a Martha, nuevamente impregnados mis dedos, esta vez con el Óleo de los Enfermos por la unción, y el Santo Crisma por la confirmación… mientras manejaba, recordé esa anécdota entre los sacerdotes, y cuando sentí el olor del crisma en mis manos, me alegré… Me alegré de poderlo oler así fresco luego de dieciséis años de sacerdocio, y nada menos que en África.

Me imagino que esta es la última crónica que escribo en este 2017… así que les deseo un ¡Muy Feliz Año Nuevo lleno de bendiciones de Dios!

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.