Con los monaguillos…

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Ushetu, Tanzania, 20 de diciembre de 2017.

Estamos recorriendo la recta final hacia la gran fiesta de Navidad. Espero poder escribirles un par de veces mas antes de terminar el año, pero todo dependerá de la cantidad de trabajo de estos días, que preveo será mucho.

Hoy quiero contarles de algunas de las actividades de la semana pasada, comenzando por el Campamento de Monaguillos. En realidad son muy pocos días como para llamarlo propiamente “campamento”, pero es lo que hemos podido hacer este año.

Estos campamentos de monaguillos los comenzamos el año pasado, ya que veíamos que no se organizaba a nivel diocesano, como fue en el año 2014. Aquél año el P. Salvatore organizó un encuentro de monaguillos de la diócesis, y los chicos estuvieron muy contentos, a pesar de que sólo podían ir cuatro representantes de cada parroquia. Nosotros elegimos cuatro, pero para llevarlos y traerlos, elegimos a los otros que se habían esforzado, y al menos obtenían el premio del paseo hasta Ushirombo, donde era el encuentro. Lamentablemente no se ha vuelto a organizar, y como los chicos esperaban durante el año poder participar, no queríamos desilusionarlos, y organizamos el encuentro parroquial. Así lo hicimos el año pasado, en el que participaron cerca de ochenta monaguillos, algunos venidos de las parroquias vecinas de Iboja y Bulungwa. Los monaguillos de Ushetu fueron cerca de sesenta y cinco.

Este año sólo participaron monaguillos de nuestra parroquia, ¡y llegaron a ser ciento ocho! Destaco que se vio un muy lindo grupo de chicos, muy buenos y con muy buen espíritu. El encargado del campamento fue el P. Víctor, ayudado por algunos postulantes. Reinó un verdadero clima de oración, estudio, competencias, y alegría… mucha alegría, de los que saben vivir en gracia de Dios.

Es muy consolador para nosotros ver estos frutos, ya que apenas llegamos a la parroquia habían muy pocos monaguillos, y los que estaban eran ya muy grandes. Eran “los de siempre”, y los chicos que querían ingresar al grupo no tenían lugar. Ahora vemos que el grupo se ha renovado, que muchos de los que comenzaron a venir en el 2013 siguen adelante… ya están más grandes, y algunas vocaciones han surgido entre ellos. Tenemos monaguillos todos los días en la Misa de las 7:00 am, y muchos de ellos llegan a las 6:00 am y se ponen a rezar ante el Santísimo expuesto en adoración. Durante la semana sólo ayudan seis, y el resto participa desde los bancos… generalmente tenemos unos diez chicos en Misa entre semana. Si pensamos que en estos días están de vacaciones, es realmente admirable que vengan tan temprano, como hoy día, que llegaron a pesar de la lluvia.

El final del encuentro de monaguillos fue muy alegre, con competencias, y entrega de premios. Los premios individuales más valiosos se los llevaron los monaguillos que se destacaron en las preguntas del catecismo. Les dimos el regalo de una pelota de fútbol a las aldeas de donde vinieron más monaguillos y de más lejos. Por ejemplo de la aldea de Ilomelo, a 35 km de distancia vinieron diez chicos… de Makunga, también a una distancia similar, vinieron seis, y ¡vinieron en bicicleta! Y no pensemos que cada uno en una bicicleta, sino compartiendo y turnándose para pedalear. Otros diez vinieron de Kangeme, a 20 km, y seis de ellos vinieron y regresaron a pie. Pensamos que a pesar del sacrificio de los 20 km, volvieron felices con el merecido premio de una pelota de fútbol para compartir con los monaguillos los días de fiesta.

Todos los chicos regresaron con sus regalos de rosarios y golosinas. Los campeones fueron beneficiados más que el resto, por supuesto… Y finalmente todos venían a dar la mano y agradecer. Es muy lindo para nosotros, los sacerdotes, ver las caras de estos chicos cuando los encontramos en las aldeas, porque ya no son desconocidos, y a la vez se acercan con gran confianza y una sonrisa en la cara… nos vamos haciendo amigos, y esa amistad y confianza, obra milagros en las almas de los jovencitos, como lo enseña san Juan Bosco.

Las promesas del Sagrado Corazón

Como en los días del campamento la vida parroquial seguía, se dio que tuve que ir al entierro de Modesta, la señora de quien les contaba en la crónica anterior. Tenemos muchas Misas de entierro, pero veo que hay algo para contarles, ya que ha sido un muy buen ejemplo para todos. Esta señora era miembro del grupo del Sagrado Corazón, y  tuvo la gracia de recibir todos los sacramentos con plena conciencia el día miércoles, luego falleció el jueves, y su funeral tuvo lugar el día viernes.

La Misa la comenzamos a las tres de la tarde, día y hora de la Divina Misericordia. Había mucha gente, pero sobre todo estaban los miembros del grupo, e incluso habían venido algunos desde la ciudad de Kahama, a dos horas de viaje, y de otras parroquias vecinas. Muchos de ellos debieron quedarse a dormir aquí, ya que al atardecer es muy difícil encontrar algún transporte para regresar a la ciudad. Pude ver un verdadero sacrificio en todos ellos, y a la vez un gran sentido de hermandad con los miembros del grupo… no es muy común ver esto en nuestras sociedades, muchas veces tan individualistas…

Pero sobre todo me da mucha alegría ver, una y otra vez, cómo se cumplen las promesas del Sagrado Corazón: “Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte… Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada… A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final”.

Todavía nos quedan más cosas para contarles de los días pasados… pero creo que es suficiente por ahora. Dios los bendiga a todos, y ¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.