Diary of a Missionary in Tanzania

Cómo llegar a Musoma

En Instituto Verbo Encarnado/Tanzania

Bueno, he llegado a “Epheta”, que es la casa de retiro de los capuchinos en Musoma, mas precisamente en Makoko. He venido a descansar una semana, luego de haber estado estos nueve meses solo en la misión, le pedí a mis superiores esta posibilidad, a la que el P. Johntin también accedió gustoso. Esta ya es la tercera vez que estoy aquí, y ya soy como de la casa. Estamos junto al lago Victoria, que es para disfrutar, y más que la vez pasada, que no tengo que ir a la escuela para estudiar swahili.

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El viaje fue como siempre, es decir, mortal. Pero ya hay que hacerse la idea antes de viajar, o incluso ya en el momento que uno planifica salir de viaje… Si es un viaje para ir a descansar uno se pregunta, ¿voy a descansar? Porque el viaje de ida y regreso te hace pensar bien si tienes ganas de salir.

El jueves me llevó el P. Johntin a Kahama, con nuestro viaje de hora y media por camino de tierra… que en este tiempo está muy destruido por las lluvias. En la ciudad tomé un colectivo chiquito que me llevara a Mwanza. Los asientos rígidos, y las rodillas tocando el asiento de adelante por la parte de plástico duro y que a las tres o cuatro horas te está matando. Todos apretaditos… y traspirados (composición de lugar… 35 grados… solcito, nada de AC). Al lado mío viajó primero un chino (me imagino que era eso, porque tenía los ojos finitos y leía en un teléfono con caracteres chinos). Intercambiamos el “hello”, “welcome”… y listo. Luego de tres horas de viaje se bajó (sin saludar, así nomás… no hicimos muchas migas), y se sentó un muchacho de aquí, pero logré cambiarme al pasillo así estiraba las piernas… entre la gente que viaja parada. Tres horas más de viaje, y en Mwanza se llega a una estación que se llama Nyegezi, y llegamos ya casi de noche. Allí me tomé la “dala-dala” (combi), donde todo sigue su curso normal… todos apretados como perejil en maseta. Me bajo en una parte donde hay un mercado, y como voy con mochila y ya cansado, me tomo una “piki-piki” (moto taxi) que me lleva hasta el hotel.

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Con un viajecito así no quería seguir de viaje al día siguiente, de paso que quería usar un tiempo para contestar las cartas que había recibido con una hermana que había venido de Argentina y se regresaba en estos días. Así que me quedé un día allí, dormí y salí a caminar por la zona, y aproveché a comprar algunas cosas. Destacado es que cuando fui a celebrar la misa en la capilla del hotel, había una hermana rezando, no quise molestar y me quedé rezando un rato, luego ya empecé a preparar las cosas y la hermana como vio que estaba por celebrar misa fue a llamar a sus otras hermanas… todas indianas, de la India, digo; dos religiosas y una vestida de laica, pero atuendos indianos. Así que tuvimos misa en el idioma común: swahili. A la noche una de ellas vino a charlar al lugar donde yo estaba sentado escribiendo cartas, y venía vestida no de religiosa, sino como suelen llevar los atuendos las mujeres indianas. Me explica que ella es religiosa, pero que cuando viajan tienen permiso de vestirse así, y que en la India ellas no usan hábito por el asunto de la persecución religiosa. Luego al rato de charlar llegaron las otras dos de hábito y una más vestida de laica. Llamativo, todas de la misma congregación, vestidas así de diferente. No tenía la cámara para que nos tomáramos una foto, que hubiera estado bueno para que las vieran.

Al día siguiente, fui a desayunar para comenzar mi nuevo tramo de viaje, y un hombre (un “mzungu”) me pide permiso para sentarse en mi mesa… claro que sí, eso es muy común por estas partes. En mi inglés “primitivo” nos comunicamos y resultó ser un alemán, protestante, y muy buena persona en lo que respecta a mi primera impresión. Hablamos bastante, intercambiamos datos, me dio su tarjeta, trabaja en la distribución de biblias en Tanzania, hace dos años que está, no habla swahili, está en un hogar de chicos en Bukoba, se llama Ralph (¡Rafael!, le decía yo en tono español, y se mataba risa). No le pregunté la edad pero parecía un pibe mas o menos como yo. Antes de despedirnos nos tomamos sendas fotos con sendas cámaras, y así podemos demostrar que argentinos y alemanes podemos convivir después del mundial de fútbol 2014. Pero no hablamos de fútbol, por las dudas.

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Luego de esto, partí hacia la otra estación de buses donde salen los buses para Musoma. Esta ciudad está a 220 km de Mwanza, mas o menos. La estación se llama Vuzuruga… y para ir, lo más rápido es “piki-piki”. Llegué, no le di la mochila a nadie (ya aprendí… después te piden plata), y me fui hacia el colectivo, pagué el boleto, me senté en el asiento nº1 (es decir que si chocábamos también tenía el nº1). Esperamos como cuarenta minutos (algo común, hasta que no se llena, no sale… y tienen cinco filas de asientos). Más apretados que en el avión… y no sé si verán que soy flaco y aprovechan pero al lado se sentó una señora que ocupaba más de un asiento, lo que yo dejaba libre y un poco más. Tuvo dificultades para abrocharse el cinturón de seguridad, pero ¡finalmente llegó!

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Ya todos bien apretados, digo acomodados, salimos, y al doblar la esquina de la estación, ¡se paró el bus! Todos empiezan a reclamar, se tiran tres tipos debajo y a los cinco minutos seguimos viaje, pero todos veíamos que eso no iba a ir bien. Hasta que a los diez minutos, se para de nuevo y todos se bajan vociferando, lo agarran al conductor de la camisa y lo querían bajar del colectivo. Se resiste, forcejeos, gritos, las doñas que gritan más que los hombres, un despiole terrible. Yo también me bajo con mis cosas, así muestro que estoy totalmente de acuerdo con ellos (no faltaba más… no quería que me bajen a la fuerza como al chofer). En medio de las discusiones veo que del colectivo también se baja una señora, “mzungu”, de unos sesenta años aproximadamente… y se me acerca a hablar y preguntar qué pasaba. Yo algo entendía del asunto y muy trabado comencé a tratar de explicarle. Luego que me pregunta de dónde soy, me dijo que mejor habláramos en español porque era una norteamericana que entendía español. Creo que era católica, porque tenía una medallita colgada de una soga plástica azul y estaba trabajando con una religiosa en un hogar de chicos albinos.

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Yo estaba entre que trataba de escucharla a ella, y saber qué pasaba con nuestro viaje, porque a todo esto las discusiones seguían, llegó la policía para poner orden. En ese momento tan oportuno vino un borracho a pedirnos plata a nosotros dos (extranjeros), el cual ante nuestra negativa comenzó a pedirnos los pasaportes, con la autoridad de un agente de migraciones… Luego, de deshacernos del borracho, con ayuda de algunos que estaban allí (dos hombres lo agarraron por los hombros y se lo llevaron), intercambiamos direcciones de mail con “Mama Joyce”, y me fui a ver qué pasaba con nuestro viaje. Entendí que venía otro colectivo, el cual efectivamente llegó a los 10 min. Todos arriba, y a seguir viaje. Ya sin novedades, salvo que por momentos viajábamos a 120 km por hora, y  otras veces a 130 y era adrenalina pura. Llegamos a Musoma, otra vez piki-piki, y ya estoy descansando. Espero poder disfrutar esta semana antes de emprender mi nueva aventura de regreso. Al llegar a la casa de retiros, estaban unas hermanas en la puerta de la casa, dos de ellas de Zambia, y una de Tanzania con quienes intercambiamos breves saludos.

En la misa de hoy estuvieron unas hermanas polacas que están estudiando en la escuela de swahili, y dos de nuestras hermanas también, que se han venido para hacer el curso breve. Hoy en el desayuno estuvimos charlando con un padre que es de Burkina Faso, Fr. Daniel, de los White Fathers, y el Hno Bernard, capuchino que vive en esta casa, oriundo de Suiza. Fr. Daniel me pasó su dirección en Mwanza para que vaya a parar a la parroquia de ellos cuando vaya por aquellos lados.

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Me sorprende mucho cómo al salir un poco de Kahama, se vive en un ambiente muy internacional, sobre todo entre religiosos y misioneros de lugares tan distintos. Es algo muy importante poder hablar algún otro idioma para poder relacionarse, y también poder hablar para conocer las experiencias de otros. Es muy común el buen trato y la relación entre religiosos, ahí nomás se entabla el diálogo en el idioma que se pueda… y es una alegría realmente, siempre se termina comprometiendo oraciones mutuas. En este viaje he podido ver y saludar gente de India, Alemania, EEUU, Zambia, Holanda, Burkina Faso, Polonia, Suiza, Perú, Camerún… si no me olvido de alguno por ahí.

Esto nos ayuda mucho a abrir nuestra visión de las cosas… de paso que también agradecemos todo lo recibido, haber nacido donde nacimos, y haber recibido la formación que hemos recibido, inmerecidamente. Pero más nos obliga a ser fieles a lo recibido y tratar de comunicarlo.

Bueno, espero que este mail les ayude a entretenerse y reírse un rato, de paso que si deciden venir a pasar unos días en Musoma, se pueden preparar sicológicamente para el viajecito.

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¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.

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