Capilla “Nuestra Señora de Guadalupe” de Makunga

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Ushetu, Tanzania, 20 de febrero de 2018

La historia de esta capilla es larga y muy interesante. Pero no la voy a contar toda con lujo de detalles, sino sólo el último capítulo solamente. Esta capilla pertenece al centro de Kangeme, y queda a 20 km de nuestra casa. Allí hay una gran comunidad, en número, y en calidad de gente. Si bien es apartado el lugar, y hay muchos paganos, algunos protestantes y musulmanes, el grupo de católicos es muy entusiasta, comenzando por los líderes.

Tuvimos algunos problemas hace un tiempo con ellos, comenzando con el catequista que estaba viviendo en concubinato, y no quería casarse, por lo tanto luego de haberle insistido varias veces, y haberle querido ayudar económicamente para que pueda hacerlo. Como pasaron todos los plazos que habíamos puesto, dejó de ser catequista. Finalmente después de más de un año, se casó, y los fieles mismos le ayudaron para hacer la fiesta en la capilla. Fue algo muy bueno.

Al tiempo también tuvimos algunas dificultades con el coro y los líderes, porque el que dirigía el coro estaba viviendo como pagano, en poligamia, con dos mujeres en su casa. También les avisamos que no podía ser eso. Sin embargo ellos le permitían tocar el órgano en las celebraciones, pero cuando iba el padre, se abstenía de hacerlo. Enterados de esto, tuvimos que ir a hablar con los líderes, y el coro, y etc., etc. Conclusión que pidieron perdón, rectificaron la situación, e hicieron penitencia… rezando una oración todos los líderes, cada vez que se reunían los domingos, durante todo un año.

Pero parece que todo esto redundó en mucho bien. “Todo coopera para el bien de los que aman a Dios”, como dice San Pablo (Rom 8,28). Porque parece que estas enseñanzas, correcciones, y nuestra preocupación para que vivan bien, les hacía ver que realmente deseábamos su bien. Y ahora lo reconocen totalmente. Es una comunidad fuerte, con mucha gente, muchos niños y jóvenes, con gran recepción de sacramentos, y como consecuencia, mucha alegría.

Demostración de esto fue que el día sábado 10 de febrero recibieron el bautismo cuarenta y tres catecúmenos (muchos adultos y jóvenes), y la primera comunión treinta y ocho (niños, adolescentes y adultos). Con esta Misa hemos terminado la celebración de primeras comuniones que corresponden al año 2017, y llegamos al bonito número de 604 primeras comuniones en nuestra parroquia en un año. A mí me gustaría verlos a todos juntos en una iglesia, como la Catedral de mi ciudad en San Luis, y creo que bien llenarían una buena parte del templo los “primeros comulgantes”.

Todo esto, como pueden ver, ya era una gran fiesta. Pero falta mucho más todavía para contarles. Y es que ellos tenían una iglesia muy pequeña y vieja. Muy calurosa, y siempre recuerdo que una de las Misas más acalorada que he celebrado ha tenido lugar allí, con un altar que al tocarlo se sentían los manteles tibios, como cuando están recién planchados. Los niños rodeando el altar, sin dejar lugar para que el sacerdote llegue al ambón. Y los marcos de las ventanas y postigos, cayéndose a pedazos por las termitas.

Los mismos fieles comenzaron a construir una iglesia, bien grande. Lamentablemente en una tormenta, una de las paredes se cayó por completo. Yo les pedí que no se desanimen, y traten de hacerla más fuerte. Así lo hicieron, y pusieron doble fila de ladrillos. Cuando fuimos con el obispo, la bendijo. Luego tuve la oportunidad de ir de vacaciones a mi patria y en aquellos días una familia conocida, muy generosamente, donó el dinero para techarla. No era una ayuda pequeña. Cuando llegué y les comuniqué la buena nueva a los líderes, inmediatamente se pusieron al trabajo, y en quince días ya estaba terminado el techo. Con el dinero que ellos habían juntado, hicieron el revoque de las paredes interiores y exteriores, el piso, y las puertas de hierro. Quedó hecha un lujo, es muy grande y espaciosa, y digna por tanto de recibir un gran regalo, que es lo que me queda por contarles.

Un lector de estas crónicas, de México, muy devoto de la Virgen de Guadalupe, nos envió de regalo una copia exacta de la tilma de Guadalupe, una verdadera reliquia que tocó la imagen original. Queríamos ponerla en algún lugar donde pudiera ser bien recibida y venerada. Tenía que ser una iglesia grande, y qué mejor, esta iglesia “nueva”. Les propuse que la nueva capilla pasara a tomar el nombre de “Nuestra Señora de Guadalupe” de Makunga. Aquí en la oficina de la misión, cuando les mostré la imagen a los líderes, aplaudían de felicidad. Por eso el día de las primeras comuniones y bautismos, bendición de la nueva iglesia, se recibía esta hermosa imagen de la Virgen, esta reliquia de Guadalupe.

Organizamos un encuentro en las afueras del pueblo, así nuestra Guadalupana tendría una entrada triunfal. Los niños corrieron a recibirla, aplaudían, y bailaron un rato delante de la imagen. Luego hicimos una larga procesión, donde destacaban y brillaban los niños de bautismo y comunión. Luego los líderes de la parroquia portando la imagen, seguidos del coro y todos los fieles. Pasamos por el centro del pueblo, donde la gente miraba sorprendida, y a la vez con una gran sonrisa, mirando algo que nunca vieron: una procesión de la Virgen. Puedo decir que es la primera de la historia en ese lugar.

Al llegar a la iglesia siguieron los cantos y bailes. Allí les dije cómo se llamaba la imagen, y les hice repetir varias veces: “Bikira Maria Mama wa Guadalupe, utuombee” (“Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros”). Les conté que quien había donado la imagen estaba ése día rezando y unido a nosotros desde México, que recemos por él. Aplaudieron todos nuevamente.

Luego hicimos un “corte de cintas”, que en realidad era un cordón de plástico, pero lo que importaba era el acto. Ingresó la imagen en primer lugar, luego todos los fieles cantando y aplaudiendo. Mientras siguieron cantando hice la bendición del templo por dentro y por fuera.

Acto seguido la Santa Misa, que con tantas cosas debía ser bastante larga. Creo que duró casi tres horas. Fue muy emocionante el momento del bautismo de tantos catecúmenos, pero mucho más todavía las primeras comuniones. Algunos chicos destacaban por su piedad, y las fotos son testigo de esto que les trato de relatar.

Por supuesto, todo siguió con mucha alegría, con la comida, el programa de bailes y recitados de los distintos grupos, y los regalos.

Fue un día muy intenso, y cuesta “procesar” en la mente tantas gracias recibidas. Pienso que sólo hace tres años y medio estábamos con aquellos problemas, con aquella capillita, y el diablo haciendo de las suyas, no queriendo que dejen el paganismo; y ahora miro diez días atrás y no lo puedo creer, con los sacramentos, los líderes, la nueva iglesia, y la imagen de la Virgen de Guadalupe que allí quedó, y que estoy seguro que los cuidará, como lo ha hecho en América con nosotros, y lo sigue haciendo, pero ahora extendiendo su amor maternal a estos hijos de Makunga, en Ushetu, Tanzania.

Les recordé las palabras de la Virgen a San Juan Diego, y les cuento que se sonreían al ver que yo tenía el mismo nombre que él, que aquí no es muy común, por lo tanto, una grata coincidencia para ellos.

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás, por ventura, en mi regazo?”

¡Viva la Virgen de Guadalupe!

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.