Bendito cansancio

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Ushetu, Tanzania, 11 de febrero de 2018
Dia de la Virgen de Lourdes
 
Jesús se cansó. Y ésta sola frase nos alienta mucho, como cuando meditamos en que Cristo trabajó, sudó, caminó… Jesús sufrió. Jesús lloró. Y todo esto nos consuela y da fuerzas, porque todo lo que Él asumió lo redimió. Así proclamó con sus propias palabras frases que eran increíbles, como éstas: “felices los que lloran”, “felices los que sufren persecución por causa del evangelio”… palabras que para nosotros resultan conocidas, pero me imagino lo que debe haber sido escucharlas por primera vez.
Al decir que Jesús se cansó, pienso especialmente en esas largas caminatas bajo el caluroso sol de palestina, por caminos pedregosos y polvorientos. Pienso en esas jornadas larguísimas, de sólo predicar y atender gente… gente que pedía, muchos enfermos, y pobres en su mayoría. Todo el día trabajando, y con mucha caridad, enseñando. Tan cansado que se durmió en la barca, y no se despertaba con el zarandeo de las olas que se metían dentro, y amenazaban con hundirla. Ese premio tan agradable del cansancio, que es el descanso de una conciencia limpia. Hasta que el mismo Cristo invitó a sus discípulos a descansar, porque “no tenían tiempo ni para comer”.
Una introducción un poco larga y extraña, pero verán que no tanto. He meditado en esto especialmente la semana pasada, cuando salí dos días seguidos con el P. Carlos Ferrero, que estuvo de visita en la misión, para visitar varias aldeas. En la primer salida, el objetivo era mostrarle al padre un poco la parroquia, lo grande que es, y cómo vive la gente de las aldeas mas lejanas. No íbamos con programa de celebrar Misa en ninguna de ellas, sino simplemente pasar a saludar y ver. La “idea” era volver para el almuerzo, aunque un poco tarde. Salimos a las 9:00 am, pasamos por Mbika, cargamos combustible y le pusimos aire a una rueda, con la esperanza de que no fuera necesario cambiarla en el camino. Así fue, y damos gracias a Dios, porque de verdad que regresamos muy agotados.
Pasamos por la aldea de Namba Nane, y vimos la construcción de la nueva iglesia que ya ha quedado hace mucho tiempo detenida. Seguimos viaje y llegamos a Kangeme, donde pudimos ver la casa de los sacerdotes, que está muy avanzada, gracias a Dios. Ya le hemos usado un par de veces, últimamente para las Misas de Nochebuena. Es decir que si bien no tiene baños, ni agua, ni cielorraso, ya está habitable… pero hay que elegir los lugares donde no haya murciélagos que ensucien la cama.
De allí seguimos hacia el centro de Ubagwe, pasando por Itobora. Constatamos con cierta pena que parte de la pared lateral de la iglesia se había derrumbado. Lamentablemente esta capilla no la pudieron techar antes de las lluvias, y eso fue la causa del destrozo. Porque edifican las paredes pegando los ladrillos con barro, y luego sobre las ventanas ponen cemento y hierro, y terminan la última parte con cemento. Esto suele ser muy resistente si se pone el techo, de esta manera el agua no quita el barro en las tormentas fuertes.
Finalmente llegamos a Mazirayo donde nos esperaban para darnos un té. Yo había aceptado esta invitación, y les mandé un mensaje para anunciarnos, sin embargo, estamos en Ushetu, y el tiempo corre con otras leyes, de las cuales ninguna es el apuro. Visitamos la casa que allí estamos construyendo, para poder hacer visitas pastorales más largas a esa zona tan alejada. Ya tiene colocado el techo y van a comenzar a poner los marcos de ventanas y puertas. Luego de este recorrido, nos sentamos a esperar que trajeran el té, y esperamos ¡una hora y media! Yo pensaba que estarían cocinando, pero no, simplemente que esperaron a que llegáramos para comenzar a preparar las cosas. Por cierto que nunca sirven té sólo, sino que aquí vinieron acompañando los mandasi, que son una especie de buñuelos. Pienso que esto demoró a las cocineras. Como se imaginarán, nuestros planes iniciales quedaron destrozados. Tomamos el té a la una de la tarde. No pudimos seguir viaje hasta las aldeas de Salawe y Namba 11, las últimas de esos lares, porque se haría demasiado largo.
De todos modos, como tomamos fuerzas con ése té, me pareció bueno volver por otro camino, para mostrarle otras aldeas al P. Carlos, y para ver una capilla que han construido con una ayuda que pude traer de Argentina. Pero no fue una idea muy feliz, ya que el camino estaba completamente destruido en algunas partes. Dimos gracias a Dios por el té con mandasi. Yo recordaba este camino de los días de la visita pastoral del obispo, y que lo recorrí tres veces en un día, por eso me parecía que iba a ser breve el viaje. Pero en estos lugares, de un año al otro el paisaje puede cambiar totalmente, dependiendo de las lluvias. Nos encontramos con un río, que en la época de sequía no estaba. Usamos la doble tracción para poder pasar sin problemas. En otras partes el P. Carlos se bajaba para indicarme el camino y no meter ninguna rueda en algún campo de arroz, cosa que hubiera sido trágico. Yo estaba tranquilo al ir con el padre que ha sido misionero en Sudán del Sur y Kenia, para quien estos caminos son un juego de niños.
Llegamos finalmente a la aldea de Makunga y apreciamos el muy buen trabajo que han hecho los fieles. Realmente es una iglesia magnífica, que contrasta con la vieja capillita a un lado. Vamos a tener una gran inauguración el sábado 10 de febrero, cuando hagamos allí las últimas primeras comuniones que corresponden al año 2017, y creo que serán más de sesenta niños, y otros cincuenta y ocho bautismos de catecúmenos. Será un fiestón. Aquí le escapamos a cualquier otra invitación de té o lo que fuere y comenzamos a regresar. Las aldeas que siguieron: Ngilimba, Mhuge, Kipungi, Shiki, las vimos desde el auto. Pasamos por muchas rocas y grandes charcos de agua… finalmente llegamos a la casa, cerca de las 5:30 pm, ¡y almorzamos! Realmente cansados, y riéndonos de mi primer proyecto de regresar para el almuerzo en casa.
Al día siguiente salimos con un plan más pastoral. Dos Misas, con bautismos de catecúmenos. La primera en Izengwa, donde bautizamos a ocho personas, seis niños y dos señoras mayores. Allí confesé un buen rato antes de la Misa, luego se participó muy bien, y tuvimos un hermoso y sencillo festejo debajo de un gran árbol junto a la capilla.
Simplemente los neocristianos junto a los padres y los líderes, con la comida propia de fiesta: arroz, carne, porotos y soda. Me alegró ver mucha gente allí, muchos matrimonios, y en un momento me llamó la atención la gran cantidad de mamás con sus niños en brazos, madres jóvenes, con una gran alegría en sus rostros. Las junté a todas para sacarles una foto… creo que es una bella imagen de lo que es esta misión.
De allí seguimos a Nsunga, un poco más lejos, y en los límites de nuestra parroquia. Una capilla pequeña, en un lugar con muchos paganos, protestantes y musulmanes. Allí pude ver con alegría que han comenzado a construir una nueva capilla, porque la actual ya les queda chica. Una alegría para nosotros los misioneros, porque recuerdo hace casi cuatro años que recé la misa en una iglesia con el techo de paja que ya se caía. Luego la actual iglesia con techo de chapa, pero pequeña, con paredes de barro. Y ahora una más grande, de ladrillos cocidos, que espero poder ver edificada en pocos meses, si podemos ayudarlos con algo.
La lluvia amenazaba por todos lados, y nos sólo amenazó, sino que se largó torrencialmente. Entramos todos apretadísimos en la capillita. Se rezó el rosario hasta que terminó de llover, porque sino no se escucha absolutamente nada, pareciera que estuviéramos haciendo mímica moviendo los labios. No pude confesar más de dos personas antes de que se largara el agua.
Comenzamos la Misa y el calor dentro de la pequeña iglesia abarrotada de gente era muy pesado. Aquí bautizamos a otros ocho catecúmenos, todos niños y adolescentes. Nuevamente hubo festejo al terminar la ceremonia, almuerzo a las 5:00 pm.
Mucha gente participó de la ceremonia, y se notaba gran alegría en todos, quienes se quedaban en los alrededores en la iglesia, negándose volver tan rápido a sus casas. Comenzamos el regreso con el P. Carlos, y llegamos a las 6:30 pm a la casa, con mucho cansancio. Puedo decirles que me dolían las piernas de tanto estar parado en estas largas Misas. Con el padre Carlos nos tentamos de risa en la capilla cuando en el rezo de vísperas nos faltaban las fuerzas… hasta que decidimos rezarlas sentados.
Entenderán ahora el porqué de la introducción. Es una alegría el cansancio misionero. Es una alegría pensar que Cristo se cansó, y que por eso podemos decir “bendito cansancio”. Bendecido por Dios y premiado por Él con un buen descanso, un sueño que se apodera de nosotros inmediatamente. Qué bien que se duerme cuando hay cansancio… hay una alegría muy profunda, y mucha satisfacción.
Bendito cansancio que asumió y redimió el Verbo Encarnado. Y cada uno podrá pensar en sus propios cansancios, como el del padre que regresa del trabajo cada día, la de la madre que ha trajinado en casa, o también ha tenido que trabajar afuera, el del estudiante que se esfuerza por cumplir del mejor modo con sus obligaciones de estudiante, el del seminarista que cumple con su deber de estado, el de la religiosa que trabaja en tan diversos apostolados… Bendito cansancio, que nos une a Cristo y nos trae tantas satisfacciones.
¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE.

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