Bautismos en Namba Nane

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Ushetu, Tanzania, 26 de Marzo de 2018

Lunes Santo.

Ya entramos en la Semana Mayor de los cristianos, la Semana Santa, semana muy profunda desde el punto de vista espiritual. Una semana en la que todo cristiano desea aprovechar al máximo para reformar la vida, renovar propósitos, tomar nuevas fuerzas a partir de las ceremonias litúrgicas y la recepción de los sacramentos. Desde el punto de vista pastoral, por cierto que también es una semana de mucho trabajo, muy intensa para el sacerdote. Siento el deber de contarles cómo es nuestro trabajo en la misión en estos días. Ayer tuvimos un muy buen inicio con las ceremonias del Domingo de Ramos. Pudimos realizar cuatro procesiones de Ramos en diversos puntos de la misión. Esta Semana Santa será histórica, porque seremos cuatro sacerdotes, y por lo tanto la atención espiritual es mucho más importante.

De todos modos quiero dejar para las próximas crónicas contarles los detalles de los retiros de cuaresma que hemos hecho en distintos centros, la celebración de San José, el encuentro de jóvenes de la parroquia, y la fiesta del Domingo de Ramos. Ahora deseo compartir unas fotos simplemente, con un breve relato y alguna reflexión, sobre los bautismos que hice el domingo 25 de febrero en Namba Nane. Ahora que lo escribo me doy cuenta de lo rápido que pasa el tiempo… ya pasó un mes, y me había propuesto contarles esto en aquél entonces.

De ésa visita a Namba Nane puedo destacar varias cosas. Lo primero fue que al llegar a la aldea, estaban todos rezando dentro de la capilla las oraciones de la mañana y el rosario. Como fui luego de celebrar la primera Misa aquí en el centro parroquial, ya era cerca del mediodía, y por lo tanto comenzaba a hacer mucho calor. Me imaginé lo que sería esa capilla si comenzábamos la Misa a la una de la tarde, luego de las confesiones. Ya lo he probado otras veces.

Habían preparado un lugar debajo de los árboles para que hiciéramos el festejo del bautismo, porque diecisiete de ellos eran adolescentes, jóvenes y adultos catecúmenos, y es costumbre que festejemos en la aldea, como ya les he contado. Entonces les pregunté si no preferían que hiciéramos la Misa allí afuera, así no se sufría tanto el calor. De paso que la iglesia es pequeñísima, con ventanas muy chicas, muy oscura, poca ventilación, y angosta. Para los bautismos se hace complicado ordenar la fila. Esta vez se sumaban cinco bebés, haciendo un total de veintidós bautizandos, más sus papás, padrinos o madrinas, la fila saldría fuera de la iglesia.

Por cierto que accedieron, y en pocos minutos sacaron los bancos, y se preparó la Misa, mientras yo terminaba de confesar y alistarme. Me dio mucho gusto celebrar allí, y por eso les comparto estas líneas y fotos. Creo que no debo acostumbrarme a esto, porque dar esta cantidad de bautismos, y hacer la ceremonia debajo de los árboles porque la gente no entra en la capilla, es una bendición inmensa que nos muestra la bondad de Dios con los misioneros. Recordaba también que en esta capilla hice mi primer bautismo en África, en el año 2013. Cinco años después, se pueden ver tantos avances, sobre todo el que ahora me puedo comunicar con ellos, y eso me alegra mucho también. Veo cómo ha crecido el catecismo, en calidad y cantidad, y otra vez me alegra.

Lamentablemente, por otra parte, veo que la iglesia que ellos han comenzado a construir a un costado del viejo edificio, desde hace cuatro años que no van adelante. El problema es que ellos no se ponen de acuerdo para ayudar, colaborar, y así están como estancados. En realidad podrían seguir adelante, pero se ha introducido en el grupo de los más antiguos, algún espíritu de queja, de división. Y les cuento esto porque creo que también es una enseñanza para nosotros. Se ven dos grupos marcados, por un lado los niños y jóvenes que comienzan el catecismo, que han recibido los sacramentos, y que tienen mucha fuerza y ánimo. Muchos de ellos han ingresado a la Legión de María, y son muy entusiastas. Pero por otro lado están los que se han mal acostumbrado, que no desean secundar las indicaciones de los líderes, que desean vivir sin acercarse a la recepción de los sacramentos, sin regularizar su situación matrimonial, etc. Se ve en ellos algo de tristeza siempre. Es en definitiva el fruto del mal espíritu, que es espíritu de queja, de división, y de desánimo. Logra que no se cumplan los objetivos, que se estanque el espíritu, y que surja por eso mismo la tristeza. Yo ya les he dicho, que mientras no tengan el deseo de cambiar, seguirán así, y no pondrán ni un ladrillo más, no porque yo no los deje construir, sino porque ellos mismos no tienen deseo de ir hacia adelante. Las esperanzas las ponemos en los que desean trabajar, y es nuestro deseo que se pongan manos a la obra, porque verdad que una iglesia más grande es necesaria, ya que hay mucha gente en los alrededores.

Siguiendo con el relato de ese día, después de la Misa tuvo lugar el almuerzo, todos juntos debajo de los árboles, y un pequeño fogón donde cantaron los recién bautizados, el coro, y finalmente recibieron los regalos que les llevé. Nos despedimos rápido porque se acercaba una tormenta rugiente que amenazaba con ser un aguacero.

Que podamos mejorar su catecismo, la enseñanza, la predicación, la recepción de los sacramentos y que crezcan en la vida cristiana… eso es evangelizar.

Dios los bendiga.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego.