Apostolado en el sur de la misión

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Aldea de Nyasa, parroquia de Ushetu, Tanzania, 17 de octubre de 2019

En los días de apostolado en esta parte del sur de la misión, en la casa para misioneros en Nyasa, he podido ver mas de cerca lo que significa el despertar de un pueblo en la sabana africana. Nosotros, normalmente, nos levantamos antes que todos, antes que amanezca, para poder aprovechar a rezar, o leer, o escribir (como en este momento). Y normalmente podemos hacerlo por una razón muy simple: tenemos paneles solares y baterías, y eso significa que tenemos luz. Cuando hay ya un poco de claridad, se toca la “campana” (que es el aro de la rueda de un auto) y se abre la iglesia. La iglesia todavía no tiene luz como la casa, así que la gente que va llegando se queda en la puerta, donde aprovechan a saludarse y conversar. Es gente de campo y los saludos y la conversación sobre las cosas del campo y de la casa, es muy importante.

El rosario comienza con un grupito de personas, mientras “el pueblo despierta”. Tal vez para uno que no está acostumbrado, es algo muy agradable y que llama la atención. Me ha gustado mucho observar en estos días, la “gran calma y parsimonia” con la que todo se desarrolla en las primeras horas del día. El amanecer mismo parece que marca el ritmo. Tal vez los únicos que no siguen este ritmo son los pollos y gallinas, que salen corriendo de su cautiverio y refugio nocturno, con un gran deseo de “estirar las piernas”. Se abren los corrales de chivos, que comienzan a caminar por todo el pueblo seguidos de un pastor, normalmente un niño o una niña, que los va llevando, tranquilamente hacia algún lugar de pastoreo.

Fuera de las casas, y esto que describo es lo que se ve desde la puerta de la iglesia, se ven las señoras que barren los patios de tierra de las casas, levantando polvareda, con una escoba de mano, es decir hecha con un poco de ramas y yuyos. A la polvareda se suma el humo de las fogatas para comenzar a calentar un poco de agua para el té o potaje que se toma en la mañana. Los que se dirigen muy cancinamente también son los primeros grupos de niños y niñas que van a la escuela, caminando en pequeños grupos que aparecen por todas partes. La escuela primaria de este pequeño poblado tiene unos 1.000 alumnos.

Finalmente puedo contarles que se ve la “procesión” de personas llevando baldes y bidones para buscar agua en los pozos cercanos al pueblo, algunos de ellos a más de un kilómetro de distancia, casi dos.

La semana pasada, después del rosario y la misa, nos dirigimos en primer lugar a la aldea de Mwendakulima. Como estamos en el mes del rosario, hemos insistido mucho en que se junten a rezar temprano, antes de ir a las ocupaciones diarias, y se está juntando gente, no mucha, pero el grupo se junta, de unas veinte personas, que cada día reza el rosario a los pies de la Virgen de Fátima aquí en Nyasa. En aquella aldea nos estaba esperando un nutrido grupo de fieles, que nos esperaban con cantos.

Había muchos niños, que de inmediato se pusieron a jugar al fútbol y a otros juegos en el espacio que hay frente a la iglesia. La iglesia es pequeña, de barro, pero con techo de chapas. Sin embargo están construyendo una iglesia más grande, a unos cien metro de allí. Después de la misa fuimos todos a ver la construcción y el lugar de la nueva capilla. Yo no había ido nunca, y ellos querían que fuera para que también les ayude a buscar colaboración. Lamentablemente no han construido como corresponde, es decir han hecho un iglesia pegando los ladrillos con barro, e incluso he visto que hasta en los cimientos solo han usado barro para unir las piedras.

Estas construcciones, si no se hacen con cemento desde el principio, comienzan con problemas en muy poco tiempo, cediendo alguna pared, quebrándose por otro lado, las termitas que se meten dentro del muro… en fin, poco futuro, tal vez cinco años, y ya comienza a verse como un edificio en ruinas. Me dio pena ver sus caras al decirles que es mejor que construyan de nuevo… porque han hecho un gran esfuerzo para llegar hasta aquí. Me dan mil argumentos sobre la cantidad de columnas de ladrillos que han colocado, etc, pero no me convencen demasiado. Veremos qué se puede hacer. Es una comunidad bastante grande.

Luego de comer algo bajo la sombra de un árbol cerca de la capilla, pasamos a saludar a los niños de la escuela primaria de allí. Los maestros nos recibieron muy bien, y juntaron a todo el alumnado en el patio para que les dirigiéramos algunas palabras. Son casi 700 niños. Saludamos a todos, comprobando que la gran mayoría son paganos, que no tienen una religión más que las creencias animistas y supersticiosas de los brujos y espíritus. El grupo de católicos respondía con fuerza, se destacaban sobre el resto, pues habíamos estado esa mañana jugando con ellos y estaban totalmente sin temores ni vergüenza. El resto de los chicos me miraba atentamente, ya que no es muy común que un “mzungu” (blanco) venga a la escuela, mucho menos por estos pueblos perdidos en la sabana. Pudimos ver varias aulas sin terminar, sin techo, sin piso… y muchas otras en casi estado de destrucción por la acción de tantos niños con poco control en los momentos de recreo. Los chicos no tienen elementos con qué jugar en los recreos y normalmente se los puede ver subidos a las ventanas de las aulas, desde donde saludan miles de manos cuando pasamos con la camioneta cerca de las escuelas. Será por eso que cuando el hermano Michael sacó un juguete que sirve para hacer burbujas de jabón, mientras se presentaba, logró que se alborotara todo el orden de las filas de niños, que sólo responden al palo del maestro que está en frente para volver a ordenarse.

Al regresar a Nyasa por la tarde, se comenzaron a congregar los niños del lugar para jugar. Se vivía cada día de nuestra estadía aquí un “clima” de oratorio, de bullicio de niños y niñas jugando, gritando, y cantando. Antes de anochecer el hermano y el novicio que habían venido conmigo, les daban unas buenas noches y dirigían alguna oración y los despedían para que regresen a sus casas antes del anochecer.

Bulela
Bulela

Los demás días pudimos repetir esta rutina, pero visitamos las aldeas de Bulela, y Miluli en sendos días. En la primera de ellas, ya han comenzado a excavar los cimientos para una nueva capilla, que pueda ser más grande, pero sobre todo más durable. Esta capilla ha comenzado hace poco y en el año 2015 pudimos comprar el pedacito terreno para la iglesia de esta aldea.

Miluli
Miluli

El día sábado fuimos a Seleli, donde pudimos estar con el pequeño grupo de fieles, que a pesar de ser pocos, sin embargo estaban muy animados, cantaron tocando un bombito tradicional, y la gente vino a la pobre capilla, pero vestidos con sus ropas de fiesta. Hubo un muy buen clima de oración, y de alegría… a pesar de que solo venimos a esta aldea dos veces al año, como mucho.

Seleli
Seleli
Seleli

Esperamos poder venir más veces de aquí en más, gracias a esta casa para misioneros. En esta aldea también deben seguir adelante para poder terminar su capilla. Han construido con cemento, y recuerdo que una señora de Argentina me ayudó para poder poner el techo de chapas. Pero no han seguido adelante, sólo se ve que han puesto cemento en lo que sería el presbiterio, y han hecho un altar de material.

Busubi
Trillizas en Busubi
Las trillizas de Busubi
Busubi

Al ver la realidad de las capillas de esta zona sur de la misión, que son nueve, veo que en siete de ellas están en vías de construcción, ya sea comenzando desde cero en algunas, en otras en plena construcción de levantar paredes, techar, etc. Es mucho lo que todavía nos falta, no sólo en el plano material, sino sobre todo en el trabajo de evangelización de estas zonas, donde los cristianos son “un pequeño rebaño”.

Busubi

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.