Año Nuevo en Bukomela

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Ushetu, Tanzania, 16 de enero de 2019

El primer día del año lo comenzamos muy bien. Me dirigí hacia la aldea de Bukomela para la bendición de la iglesia que quedó muy linda. Muchos de ustedes ya estaban al tanto de estos trabajos, porque hicimos una campaña para juntar dinero y ayudarles a terminar la construcción. En los próximos días publicaremos también un pequeño video para mostrarles lo que se ha podido realizar con la ayuda de ustedes.

Me habían pedido que la inauguración fuera antes, pero con tantos trabajos apostólicos, tuvimos que posponerla hasta el 1º de enero de 2019. Una decisión providencial, ya que ha sido una gracia comenzar de esta manera un año que nos promete seguir en este camino. Ponemos en las manos de Dios todos nuestros proyectos.

He podido ver en esta aldea un gran espíritu de colaboración. Los mismos fieles fueron levantando una iglesia de grandes dimensiones, sin recibir ayuda de afuera. Ellos hacían los conocidos harambee, que es una fiesta en la que todos deben aportar y colaborar para algún objetivo. Invitan a alguien que debe ser el invitado especial, quien debe aportar un poco más que el resto, pero quien pide a todos los presentes que colaboren con él, para así poder hacer un buen papel de bienhechor. Esto motiva a que todos, absolutamente todos, ayuden. Comenzando por los niños, a quienes sus padres les dan una monedita para que pasen, y así desde niños les enseñan la buena costumbre de colaborar. Luego siguen pasando los jóvenes, las mujeres, los hombres, y continúan los invitados y los diversos grupos presentes. Todo esto lo hacen con gran alegría, con muchos cantos, bailes,  y aplausos. Este ejercicio dura varias horas, todos van pasando, se habla mucho, se hacen chistes… realmente disfrutan. Incluso llegan a invitar a pastores de iglesias protestantes, quienes también aportan y colaboran. Es increíble realmente, un gran ejemplo de solidaridad.

Así que esta gente, con aporte de familias, de “barrios” o grupos de familias católicas, y donaciones de particulares, construyeron una iglesia levantándola desde sus cimientos y paredes, hasta el techo. Realmente un esfuerzo enorme, pero como los años iban pasando, me pidieron que los ayudemos a terminar más rápido, porque la comunidad iba creciendo y ya no entraban en la antigua iglesia, muy pequeña y sobre todo angosta. A mí se me ocurrió que podían ser todos ustedes, mis amigos que leen estas crónicas, quienes les ayuden. No tenía a quién más recurrir. La ayuda ha ido llegando de muchos lugares… ¡les agradezco tanto! No alcanzamos a juntar todo lo que teníamos pensando, pero ciertamente que no ha sido poco. Y como siempre digo, aquí en Tanzania, con poco se hace mucho.

Sobre todo porque la gente colabora, y entonces el dinero rinde más. Les explico esto. Todos trabajan, desde las mujeres cocinando para los obreros, hasta los líderes y el catequista haciendo mezcla de cemento, llevando baldes, regando las paredes, etc. Un día de diciembre, no recuerdo ahora exactamente qué fecha, me acerqué a la aldea para ver cómo iban los trabajos. Yo regresaba de una Misa en un lugar más lejano, y entonces me desvié para llegar hasta Bukomela. Llegué sin previo aviso, y los encontré en pleno trabajo. Se alegraron mucho de que así fuera, los felicité, saqué fotos y seguí mi camino.

El primero de enero me quedé sorprendido, como seguramente quedarán ustedes al ver estas fotos. Habían pintado la iglesia, estaba impecable, y todo preparado para una gran fiesta. Como no se pudo recolectar todo el dinero que calculamos que se necesitaba, sólo han quedado por hacer los bancos. Pero por ahora se sientan en las antiguas bancas, y algunos traen sillas desde sus casas. Otros simplemente se sentaron en el piso, que ya es de cemento, y no de tierra como antes. De todas maneras tuvimos que esperar mucho, porque como era el primer día del año, todos llegaron tarde. Aproveché a confesar un buen rato, la gente rezó el rosario debajo del árbol de mangos, porque querían hacer la inauguración oficial, y nadie entraba en la iglesia hasta la bendición.

Cuando ya había un buen grupo de gente, procedimos a la oración de bendición, y luego ¡hasta hicimos corte de cintas! Bueno, de una piola con algunas telas atadas como adornos, pero realmente bueno que así lo hagan, para agradecer a Dios, y mostrar el esfuerzo de todos. Mientras el coro cantaba y entraba la gente, recorrí el edificio para rociar con agua bendita por dentro y por fuera. La iglesia se llama “Nuestra Señora del Rosario”.

Me dijeron que querían hacer un harambee ese día, aprovechando que había mucha gente. Yo me agarraba la cabeza, porque en verdad que habíamos esperado más de dos horas a que llegara la gente, y estábamos comenzando la misa casi a las doce del mediodía. Pero no podía yo obstaculizar sus entusiasmos, así que al terminar la Misa, nos dispusimos para otro harambee. El fin del mismo: poder construir unos baños, porque la capilla de la aldea no tiene. Aprovechando algunos materiales que habían quedado, poder hacerlos. Creo que se juntó lo suficiente para poder construirlos.

Me agradecieron mucho por la ayuda conseguida, pero cuando me tocó hablar a mí, les dije que yo ponía la cara solamente, porque había mucha gente que había colaborado donando dinero. Les dije que mucha de la gente que nos ayuda, ayuda con muchos sacrificios, y así entre tanta gente se pude hacer una obra hermosa. Así como hacen ellos mismos. Les dije que la mayoría de la gente que ayudó no los conoce, y tal vez nunca vengan a Tanzania, pero que son gente de buen corazón, que desean ayudar, y que su obra sea vista por Dios, que es quien nos va a retribuir con creces nuestras buenas obras, no sólo en esta vida, sino también, y sobre todo, en la otra.

Ellos quedaron muy contentos de saber esto que les contaba. Yo también me alegro, ya que me pongo a meditar en esos corazones que ayudan, que lo hacen con generosidad, y con desinterés. Eso brota sólo de la caridad. Les dije que recen por todos y cada uno de los que han ayudado. Yo sé que lo hacen, y lo seguirán haciendo. No conocen los nombres y rostros de ustedes, pero Dios sí lo conoce, y de esta manera “tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará” (Mt, 6,4). Yo me alegro al ver la gente alegre con su capilla pintada, con piso de cemento, con ventanas amplias y que tramiten mucha luz y aire… y siempre estaremos agradecidos.

¡Qué buena manera de comenzar el año en la aldea de Bukomela!

Les deseo un muy fructuoso 2019, con la bendición de Dios y Nuestra Madre del Rosario.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE