¡Adios Stanislawsi, nos vemos en el cielo!

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San Luis, Argentina, 28 de agosto de 2017

El fin de este diario es precisamente esto: contarles de lo cotidiano de la misión… y en lo cotidiano, pueden haber cosas alegres y tristes, cruces y consuelos. Pero no podemos decir que algo que sea duro o difícil, deje de ser una bendición de Dios, porque como sabemos, la cruz fecunda todo lo que toca.

Ya habíamos pasado muchas de las grandes actividades, y nos preparábamos para algunos días un poco más tranquilos y normales. Ya habíamos pasado las dos semanas de con los doce campamentos de niños, el encuentro del Sagrado Corazón, la visita pastoral del obispo, la misión popular, y la mudanza al nuevo noviciado e inauguración del mismo… Yo pensaba usar esos últimos días para preparar mi viaje de vacaciones a Argentina, y sin embargo el lunes 7 de agosto a la noche, ya casi por ir a dormir, recibo un lacónico mensaje en el teléfono que decía: “Falleció el catequista Stanislawsi”. Fue un baldazo de agua fría, a pesar de que sabíamos que estaba enfermo, nunca pensamos en ese desenlace, y menos así de rápido.

¿Qué había pasado? Tal vez muchos se pregunten, ya que varias veces les había hablado de este catequista, y era una persona joven, que gozaba de buena salud. Un par de semanas antes, precisamente el 18 de julio, comenzó a sentirse mal, a perder el equilibrio, y así fue que se cayó un par de veces con la moto cuando regresaba a su casa. Luego tuvo dificultades para caminar, para hablar, y perdía el conocimiento. Lo llevaron al pequeño hospital, y pensaban que se había golpeado la cabeza en alguna de sus caídas de la moto, y eso era la causa de su mal estado. Sin embargo, no se veían lesiones externas en su cabeza… eso me sorprendió cuando lo vi en el hospital. Me llamaron el 20 de julio, con urgencia, y en ese momento me enteré que estaba mal. Estábamos en plena misión popular en Kangeme, a 20 km de allí, pero gracias a Dios ese día me encontraba en la casa parroquial. Llegamos rápido, porque no sabíamos si lo llevarían a la ciudad de urgencia, para hacerle estudios más específicos.

Cuando entramos en el hospital de Mbika, en aquella sala que ya les he descrito en varias ocasiones, la familia estaba muy preocupada, me decían que no podía hablar y no reconocía a nadie. Lo saludé y me respondió. Le pregunté si sabía quién era yo, y rápida y claramente me dijo “Sí, el P. Diego”. Me pareció muy buena señal, y eso fue lo que me hizo pensar que no sería algo grave. Lo confesé y le di la unción de los enfermos. En todo momento se mantuvo quieto, y respondió todas las oraciones. Cuando terminamos comenzó a moverse en la cama, y no recuperó el habla otra vez. Se lo llevaron esa tarde a la ciudad de Kahama. Los estudios de rayos X no revelaron ninguna lesión en la cabeza. Pidieron que sea trasladado a la ciudad de Mwanza, para hacerle una resonancia magnética. Para esos días perdimos contacto con la familia, y como no teníamos noticias, pensábamos que estaba mejor. De hecho, dos días antes de la fatal noticia, me dijo el catequista Filipo que había recibido información de que Stanislawsi estaba mejor. Sin embargo, el 7 de julio se descompensó, y recién allí dieron con que tenía el azúcar muy alto… y esa tarde falleció.

Fue un golpe muy duro. Me imagino que los que son lectores de este diario desde hace tiempo, entenderán porqué. Stanislawsi era uno de los mejores catequistas que teníamos. Varias veces lo he elogiado en este espacio. Atendía una de las capillas con mayor concurrencia de gente, Ilomelo. Daba catecismo a 230 niños, ¡él solo! Una aldea que tenía un gran fervor, con gente muy alegre, devotos del Sagrado Corazón, y con un nuevo Presidium de la Legión de María… Fue él quien “resucitó” la aldea de Bughela, aquella en la que no había habido misa durante nueve años. Fue allí porque yo se lo pedí, nadie asistía a la capilla, y comenzó a visitar casa por casa. Allí surgió una nueva comunidad, tenía más de treinta catecúmenos, el año pasado hicimos muchos bautismos de adultos y niños. Se edificó una nueva capilla, en muy pocos meses, aquella que le pusimos como patrono al nuevo santo argentino, el Santo Cura Brochero. Estaba feliz de esto, recuerdo el día en que le entregué la imagen del santo. Stanislawsi hacía dos celebraciones de la palabra los domingos… hay mucho para decir de él. Era un hombre muy alegre, muy dócil, con un gran deseo de aprender. Recibía todas nuestras sugerencias, y se alegraba inmensamente de ver el progreso en sus fieles. Una persona de total confianza, sacrificado, y con mucho celo apostólico. Daba gusto encontrarse con él… y alegría.

Cuando estuvimos en su aldea en la visita pastoral, con Monseñor Minde, en las palabras finales le dije a monseñor que, si veía que esa aldea era tan devota, era gracias al catequista. El obispo lo reconoció, y habló con él después de la misa, le dijo que le iba a pagar los estudios en la escuela de catequistas. Tengo en mi memoria la imagen de Stanislawsi y su esposa, arrodillados delante de monseñor, allí afuera, donde almorzamos, recibiendo ambos la bendición… y con sus humildes y generosos regalos en las manos, una gallina y un pato. El obispo cuando recibió la noticia del fallecimiento, se recordó perfectamente de él (a pesar de que habíamos visto a muchos catequistas aquellos días de su visita), y quedó muy sorprendido por esto.

Hay mucho para decir y contar, creo que deberé dejar para otra ocasión los detalles. Pero no puedo dejar de lado ahora el recuerdo de la última vez que lo vi con salud… y fue un instante antes de que comenzara a caerse en la motocicleta. Estábamos en la misión de Kangeme, y Stanislawsi vino el primer día al acto misionero, participó de los actos, y estaba muy contento de ver todo ese trabajo. El segundo día también estuvo, y eso que no tenía ninguna obligación, ya que él pertenecía a otra aldea, y estaba a siete kilómetros de allí. Sin embargo, estaba entusiasmadísimo con la misión. El segundo día que iba se encontró con el P. Víctor que le preguntó si iba a ir toda la misión. “Por supuesto”, respondió, “no puede ser de otra manera”. Nos saludamos fuera de la iglesia al terminar el acto misionero. Esa tarde, regresando de la misión, fue que comenzó a caerse en la moto, camino a su casa. Cuando recordaba esos sus últimos días, se me venía a la mente las palabras de San Alfonso María de Ligorio, quien decía que los que mueren durante una santa misión popular, habiendo participado como es debido, o durante el año subsiguiente, hay gran probabilidad de que se salven.

Este catequista, que Dios quiso llevarse pronto, dejó una joven esposa y tres hijos pequeños. Pero sobre todo dejó un gran ejemplo para los demás catequistas. El entierro fue muy emocionante, con una gran cantidad de gente, y la participación de más de cincuenta catequistas. Estaba toda esa aldea que lo quería mucho… estaban todos esos niños que lloraban porque se había ido su maestro, el que les había enseñado a conocer y amar a Dios, y les había enseñado a rezar. Las niñas del colegio primario lloraban muchísimo.

Me llegué a admirar al ver las fotos de esa misa, porque había una niña que es discapacitada, que no habla nada, y parece que entiende muy poco. Sus padres son paganos, no vienen nunca, pero ella siempre está en la iglesia cuando vamos para las misas. Se llama “Holo”, y tal vez pronto la bauticemos, con el permiso de sus padres. A ella le encanta estar, sobre todo porque le gusta escuchar la música del coro. Quiero compartir con ustedes esa foto…. Se la ve sentada en las gradas del presbiterio, dando a entender que sabía bien lo que pasaba…

Puedo decirlo en pocas palabras: Stanislawsi era un gran catequista. En alguna crónica recuerdo haberles pedido que recen por él, para que Dios nos lo conserve por mucho tiempo. Y sin embargo, quiso llevarlo pronto. ¿Por qué ha querido que fuera así? La única respuesta viene de la fe. En el sermón de la misa recordé las palabras del libro de la Sabiduría 4,8-17, en que nos dice porqué Dios se apresura a sacar de este mundo al justo, que es joven en edad, pero anciano en virtudes, maduro para la vida eterna.

En una semana donde recibí la noticia de que dos catequistas habían dejado de serlo por no vivir según las leyes de la iglesia, recibo la noticia de que Stanislawsi, uno de los mejores, sino el mejor, nos había dejado. Pienso que ha sido una gran enseñanza para todos nosotros. Y a la vez, una bendición y una gracia, porque desde el cielo, donde pienso que debe estar ahora, nos ayudará. Espero que esto sea un gran ejemplo, y un nuevo comienzo para nuestros catequistas.

En su entierro, hubieron muchas lágrimas. Yo mismo me emocioné en varias ocasiones. Me emocionaba especialmente viendo cómo lo querían, y todo el bien que había hecho. Le agradecí a Dios por haberlo conocido, y haberlo tenido como amigo durante estos años. Compartí con él conversaciones y trabajo. Compartimos también momentos alegres y bromas. Él, que conoció el trabajo y la necesidad de misioneros y catequistas santos, nos ayudará desde arriba. Y que siga siempre intercediendo por las aldeas que atendía, Ilomelo y Bughela, que necesitan quien continúe su trabajo.

Termino con un canto que cantaron sus familiares cuando lo despedían… un canto que me emocionó, muy lindo, y que da mucha esperanza. En la sencillez de esta gente, canta una gran verdad:

(Estribillo)

Aleluya! Nos vemos!

Aleluya! Nos vemos! Aleluya!

Nos vemos en el cielo!

En lo del Padre,

Aleluya! Nos vemos!

(Estrofa I) Amigo no llores a tu amigo,

Que se adelantó,

Porque lo veremos en el cielo

En lo del Padre…

(Estrofa II) Madre no llores a tu hijo,

Que se adelantó,

Porque lo veremos en el cielo

En lo del Padre…

(Estrofa III) Esposa no llores a tu esposo…

(estrofa IV) Hijo no llores a tu padre…

(Estribillo)

Aleluya! Nos vemos!

Aleluya! Nos vemos! Aleluya!

Nos vemos en el cielo!

En lo del Padre,

Aleluya! Nos vemos!

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Que Dios los bendiga a todos.

¡Firmes en la brecha!

¡No llores a tu amigo, que se adelantó! ¡Aleluya!

Porque lo veremos en el cielo, en lo del Padre… ¡Aleluya!

P. Diego Cano, IVE

Su esposa e hijos rezando
Su abuela, su esposa y su madre